La Intendencia de Montevideo trabaja en la implementación de juegos inclusivos que emulen los ya existentes en Raanana (Israel)

26/Jun/2012

Copredi, CCIU

La Intendencia de Montevideo trabaja en la implementación de juegos inclusivos que emulen los ya existentes en Raanana (Israel)

Los niños tienen que jugar, es
una afirmación compartida por madres, padres y educadores. Los parques
infantiles, por lo tanto, tienen que estar pensados para recibir a infantes de
diferentes capacidades. Así lo hicieron en la ciudad israelí Raanana, lugar que recientemente visitó la intendenta montevideana Ana Olivera. La jerarca
municipal, junto a su equipo de asesores, está trabajando en la construcción de
un parque, en el zoológico de Villa Dolores, que ofrezca juegos que contemplen
a todos los pequeños. La gestora artística y cultural Ana Knobel (en la imagen), de 38 años de
edad y directora de la División Artes y Ciencias del Departamento de Cultura,
es parte de este proyecto.

A continuación un resumen de la
entrevista que Copredi (CCIU) mantuvo con la directora:

– ¿A qué se dedica la División
Artes y Ciencias del Departamento de Cultura de la intendencia?

– La misión de la
División Artes y Ciencias es acompañar el normal desarrollo de las
instituciones a su cargo, tanto en la administración de sus recursos, como en
la planificación de los servicios al ciudadano, en impulsar instancias de
actualización y mejora de dichos espacios. Paralelamente implementa la
articulación, gestión y apoyo de eventos artísticos relativos a su área de
acción, tales como la
organización del concurso literario Juan Carlos Onetti o la articulación del Proyecto “Barrio de
las Artes”, entre otros.

La División Artes y
Ciencias se ocupa de la administración de 18 espacios expositivos destinados a
la divulgación de las artes y la ciencia en un sentido amplio. Estos espacios
se gestionan en forma conjunta desde dos servicios: Divulgación Científica y Artes
y Letras.

Las unidades
correspondientes al Servicio de Divulgación Científica son el Museo Zoológico
Dámaso Antonio Larrañaga, el Zoológico Villa Dolores, el Planetario Ing. Agrim.
Germán Barbato, el Parque y Reserva Francisco Lecocq, el Parque Punta Espinillo,
el Jardín Botánico Ing. Atilio Lombardo y la Escuela de Jardinería.

Las correspondientes al Servicio de Artes y Letras son: el Museo
de Bellas Artes Juan Manuel Blanes, Museo de Historia del Arte, Cabildo de
Montevideo, Museo del Azulejo, Centro de Exposiciones Subte, Museo de Arte
Precolombino e Indígena, Complejo Cultural Muralla Abierta / Museo de las
Migraciones, Casa de la Cultura Daniel Fernández Crespo y anexo, Museo de la
Memoria, Museo del Carruaje Fernando García y el Archivo Histórico de
Montevideo.

– ¿Qué ideas recabó en Israel la intendenta Ana Olivera que puedan aplicarse
en el Zoológico de Villa Dolores?

– Para la intendenta el zoológico de Villa Dolores ha sido
siempre una prioridad dentro de su programa de gobierno y así me lo hizo saber
en la primera entrevista que tuvimos en vistas a mi designación como directora
de Artes y Ciencias.

En su último viaje a Israel la intendenta tuvo oportunidad
de conocer el parque
infantil inclusivo de Raanana, motivo por el cual es hoy parte del equipo
de trabajo que se viene desarrollando desde esta  división junto a la Secretaria de la
Discapacidad de la intendencia para instalar en el predio de Villa Dolores un
equipamiento de este tipo de juegos inclusivos para el disfrute de todos los
niños.
– Los cambios tecnológicos de este comienzo de siglo XXI, ¿han afectado al
Zoológico? ¿Y al Planetario Municipal?

– En el año 2011 se instaló en el predio del Zoológico una
Sala Multimedia que incorpora tecnología y sonido de última generación donde se
proyectan productos documentales didáctico-educativos.

En el espacio anexo al Planetario está instalada Ciencia
Viva, una exposición interactiva sobre ciencia y tecnología.
– Usted fue coordinadora del Centro Municipal de exposiciones del Subte cuando
allí se llevó a cabo la muestra del Proyecto Shoá. ¿Qué recuerda de aquel
momento?

– El primer recuerdo que viene a mi mente es la cantidad de
llamados telefónicos que se suscitaron en función del enorme interés que
despertó la exhibición, muchos de ellos solicitando la instalación de un
ascensor que permitiera el acceso a la sala que, debido a las escaleras
pronunciadas que tiene el espacio, resultaban inaccesibles para aquellos que producto
de su avanzada edad habían sobrevivido a los horrores que allí se describían
pero no podrían participar de la actividad por causa de las dificultades del
acceso. Es allí que comenzamos a trabajar en el proyecto que finalmente dotó de
accesibilidad a la sala instalando un ascensor.- Usted realizó su especialización académica en el área
de la gestión cultural ¿Qué es un gestor cultural? ¿Cuáles son sus funciones?

– Creo que
en Uruguay tanto como en otros países de Latinoamérica estamos siendo testigos
de un proceso donde el centro cultural, en la definición de los espacios
destinados a la recreación de las actividades artístico culturales en un
sentido amplio, ha comenzado a ocupar una dimensión complejizada,  que retoma lo que antes fueron los clubes de
barrio.

Esto se
debe a que antes esta función se contenía desde las colectividades que se
agrupaban en torno  de tradiciones e intereses comunes y a partir de éstos
se generaban una serie de actividades para el encuentro de los “paisanos”. De
alguna manera el centro cultural empieza a emerger cuando estas fuerzas se
empiezan a diluir en un supuesto magma de “la gente común”. Donde los
descendientes «de los bajados del barco» más los nativos locales nos
empezamos a integrar de una manera más homogénea, sin tanta referencialidad de
los lugares de origen.

Entonces,
esta fuerza que tiene que ver con lo local y lo colectivo en relación con la
identidad empieza a transformarse. Obviamente, también producto de la
globalización, donde los individuos empezamos a identificarnos con otros
intereses diferentes, geográficamente lejanos, pero virtualmente próximos. Es
así que, identidades locales e identidades globales se suman, aunque por
supuesto, no se trata de una identidad en lugar de otra, sino de la convivencia
de ambas simultáneamente.

Por otra
parte, se encuentran factores problematizados como el desempleo o el
empleo parcial del tiempo de ocio. Estos elementos de la contemporaneidad son
proyectados muchas veces en la figura del centro cultural. Creo que algunos
lustros atrás el aburrimiento gozaba de muchísimo más prestigio.

También
está el tema de la disminución del ámbito sindical; antes había otros espacios
de aglutinamiento de los intereses comunes y de las experiencias de encuentro,
como por ejemplo las actividades político-sindicales. Sin embargo, el
cambio de paradigmas empieza a generar 
una “sumatoria a la cuenta de la cultura”, le demanda a este campo que
se ocupe de una problemática social.

A partir de
esto se desprende que el espacio cultural hoy, sea prácticamente una
obligación, una necesidad, una cuenta pendiente. Cuando 15 o 20 años atrás no
parecía ser tan importante. A comienzos del siglo XXI empieza el fenómeno de la
profesionalización de los agentes culturales, entre ellos el gestor cultural.
El estado es impulsado por la necesidad que la gente tiene del
encuentro, de dar cuenta de la problemática social, de la diversión,
del aprovechamiento del tiempo de ocio.

Entrevista realizada por el Lic.
Martín Kalenberg