La fuerte advertencia de una investigadora argentina en su libro: «El antisemitismo es una de las semillas de la barbarie totalitaria”

05/Jun/2024

Visavis (Fuente: Crónica Global)

Visavis (Fuente: Crónica Global)

Un nuevo fantasma recorre el mundo: el antisemitismo. ¿Es nuevo? No, ha ocurrido en muchas ocasiones a lo largo de la Historia. Con el foco puesto en Israel y en los bombardeos en Gaza, los equívocos proliferan sobre el conflicto y sobre los judíos, en general. La profesora Cecilia Denot irrumpe en el debate con un libro importante, El canario en la mina, mitos modernos (y no tanto) sobre Israel y los judíos (libros del Zorzal).

Su voz es clarividente, pero también molestará. No le importa a Denot señalar cuestiones espinosas. Hay un peligro para ella, el “antisemitismo”, que “es una de las semillas de la barbarie totalitaria”. Cuando aparece, no es solo una luz roja para los judíos, sino para la civilización, para las democracias, porque es el primer síntoma, a su juicio, de lo que puede llegar en breve.

¿Exagerado? Hay una corriente antisemita, y que coincide ahora con el conflicto entre Israel y Palestina. Lo que Denot pone sobre la mesa dejará a muchos lectores con la duda, pero esta profesora de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde tiene una cátedra y un grupo de investigación sobre Medio Oriente, es persistente a partir de una consideración: “La inmensa mayoría de los judíos del mundo son sionistas”. Eso invalida el argumento que se suele esgrimir, el de amar al pueblo judío, mientras al mismo tiempo se señala que el sionismo ha sido un error, y que los sionistas están equivocados. ¿Por qué?

Sionismo, una «historia inspiradora»

Es una consideración que entra en el meollo de un conflicto histórico. Muchos ciudadanos educados, que se sienten cosmopolitas, y que valoran todo lo que han aportado y aportan los judíos en el mundo, entienden que el hecho de que los judíos tuvieran un estado, en Israel, una tierra histórica, podría haber sido un inmenso error. Hay dos cuestiones, por tanto: el antisemitismo, que tiene una naturaleza “conspirativa”, con la idea de que detrás de todos los problemas siempre habrá una mano judía, que mueve las piezas del tablero mundial, y el antisionismo, que negaría la posibilidad de que el pueblo judío deba tener un estado propio, o, por lo menos, que lo tenga en las tierras de lo que hoy es Israel.

“La inmensa mayoría de los judíos del mundo son sionistas. Por lo tanto, decir que no se está en contra de los judíos, sino sólo de los sionistas, es afirmar que se rechaza a casi todos los judíos. Que haya judíos antisionistas no cambia esta realidad, y utilizar por conveniencia política a esa minoría de oposición para callar a la mayoría es antisemitismo”, insiste Denot.

El libro de Denot busca clarificar las cosas, con una posición firme. No se trata de acusar a nadie de ser de izquierda o de derechas, ni de identificar una posición sobre Israel a partir de una adscripción ideológica. Las palabras de esta investigadora argentina son contundentes:

“La historia del sionismo es una historia inspiradora y no significa más que el derecho judío a la autodeterminación en su tierra histórica. Es simplemente estar a favor de la existencia de Israel como Estado judío. Se puede ser sionista y a la vez ser de izquierda, criticar el control israelí de Cisjordania y defender el derecho de los palestinos a tener su propio Estado. Criticar al gobierno de Israel y a políticas israelíes concretas no es antisionismo y, por consiguiente, tampoco antisemitismo. La inmensa mayoría de los judíos de la diáspora y los israelíes hacen esto todo el tiempo sin que eso afecte su sionismo”.

Esa posición es clave, porque de no entender esa cuestión o de mezclarla bajo otros intereses, se derivan grandes discusiones y una enorme incomunicación, querida o no. Cecilia Denot insiste en ello.

En todo caso, Cecilia Denot quiere romper tópicos. Hay una sociedad israelí, democrática, que critica a su gobierno cuando lo considera, que se manifiesta en la calle. Y que debe defender –ella lo hace—el propio concepto que supone el sionismo: disponer de un estado propio. Negarlo, –e insiste en que de forma paralela se puede defender un estado para Palestina—es querer la destrucción de un país. “Antisionismo no es criticar a Israel, al gobierno de Israel o a una política israelí, sino negar el derecho de Israel a existir como Estado judío, ya sea directamente llamando a borrarlo del mapa o indirectamente pidiendo un Estado binacional, el ‘retorno’ de cinco millones de árabes a Israel, etc. El antisionismo consiste lisa y llanamente en eso, en pedir eliminar a un país entero”.

Pero, ¿se pide eso, realmente? Esa es la cuestión que centra el libro de Denot, al intentar quitar la máscara que, a su juicio, adoptan antisemitas. “Lo característico de esta forma de antisemitismo es que en general, para conseguir apoyo hacia ese objetivo que presentado de manera transparente resultaría en principio impopular, utiliza distintas tácticas de demonización y deslegitimación, como acusaciones de apartheid, genocidio, limpieza étnica, pinkwashing, llamados a boicots, entre otras cosas. El objetivo es disfrazar el antisemitismo de justifica social y normaliza entre un público más amplio la idea de que Israel es el mal absoluto y por lo tanto que su desaparición es algo deseable”.

¿Hay un grupo de presión en favor de Israel en Estados Unidos? Sí, como hay otros muchos grupos de presión en favor de otros estados, o de intereses económicos concretos. Lo que sucede es que Israel es “estratégico” para Estados Unidos. Y también que la mayoría de ciudadanos norteamericanos están más cerca de Israel que de Palestina y del mundo árabe. Es lo que explica con muchos datos y reflexiones Cecilia Denot en su libro. Y que lleva a una reflexión profunda sobre uno de los conflictos más duraderos y polarizadores del mundo.