Anish Kapoor (1954, Bombai) es uno de los escultores contemporáneos más interesantes, reconocidos e influyentes en el mundo del arte que aspira a crear formas y estructuras que, más allá de sus atributos, revelen una «verdad mística».
Kapoor creció en una familia hindú, su madre era judía inmigrante de Bagdad, su abuelo era cantor en la sinagoga de Pune en una época en que la comunidad de Bombai era numerosa, compuesta, sobre todo, por Judíos procedentes de Badgad. Su niñez transcurrió en la India, vivió su adolescencia en Israel y luego, en los años 70, se instaló en Londres en donde estudió arte en Hornsey College of Art y Chelsea School of Art and Design.
Alguna vez Kapoor declaró que en el centro de su trabajo se encuentran el «miedo al olvido» (the fear of oblivion), «el vacío» y la representación de «lo trivial». Así es que le importa lograr que lo inmaterial no desaparezca, que se convierta en un objeto, aunque al hablar de la historia de la escultura o de cualquier otra historia, opta por considerarla como el relato del pasado de lo no material. El trato con lo no-material está muy relacionado con la confusión, una visión que, si bien nos proporciona conocimiento, también genera incertidumbre: el cuerpo, el espacio, el lugar, el tiempo existen en permanente cambio. Entiende que la verdad mística del arte es posible en tanto es, a su vez, inconstante, insegura e inmaterial.
Sus primeras obras están hechas con granito, cal, mármol, yeso y pigmento en polvo. Es interesante la utilización que Kapoor hace del pigmento; con él cubre tanto las composiciones como el piso de alrededor en que se encuentran instaladas, orientadas por sus raíces y recuerdos, por los fuertes colores de polvos y condimentos de los mercados y templos de la India.
Elabora sus obras posteriores con materiales sólidos, en los que realiza aperturas y cavidades, aludiendo a dualidades como tierra-cielo, material-espíritu, claridad-oscuridad, visible-invisible, consciente-inconsciente, mujer-hombre y cuerpo-mente, abarcando a partir de esas oposiciones una totalidad ocupada por sus ideas místicas.
Las esculturas de Kapoor extienden los parámetros formales del minimalismo y se dirigen a un mundo psicológico y estridente, interior y exterior, espiritual y muy concreto a la vez. Impresionan los intensos colores, las refinadas superficies y asombrosos efectos ópticos, que sorprenden al observador, provocando distintas sensaciones. Sus obras más recientes producen reflejos imprevistos que atraen e involucran al público, inscribiéndolo en el medio en que se encuentra, aunque el solo tamaño y la simple belleza de sus obras intimidan.
El uso de cera roja también es parte del repertorio de sus frecuentes materiales, sugiriendo tal vez sangre, carne, la evidencia de lo corporal como una violencia natural. A lo largo de su trayectoria Kapoor participó en numerosos proyectos, los cuales «no son ni pura escultura ni pura arquitectura» (Kapoor) pero que pueden, sin duda, ser categorizados como un arte que busca el espacio con claros propósitos en los que las formas y usos de la arquitectura y de la ingenieria son evidentes.
Su obra lleva a cabo las complejidades arquitectónicas de una iniciativa que llega más allá de las manos y los alcances del artista. Sus proyectos, como por ejemplo Cloud Gate (2004), Kissing Bridge (2005-2006) y Sea Mirror (2006), proponen formas masivas, inmensas y sublimes. Aunque sus dimensiones son gigantescas, Kapoor dice que no importa la desmesura en sí sino hasta qué punto la magnitud se vuelve significativa. Lo inmenso también forma parte de lo inmaterial y del no tan lejano «problema» del tiempo, y de la imposibilidad de resolverlo.
El propio artista comparó sus obras con las pinturas de Caspar David Friedrich en las que aparecen figuras detenidas al borde de un precipicio y, de espaldas, contemplan el paisaje infinito, como perdidas en el tiempo. Los personajes de Friedrich, fijos allí en el espacio eterno, se encuentran como el espectador de esas desmesuras de Koopor, detenido, desorientado ante sus esculturas y el misterio que crean sus espacios.
Pero esas experiencias pueden ser consideradas como rituales de observación, en los que el lugar del contemplador se encuentra determinado de antemano. El reflejo en Cloud Gate (2004), Sky Mirror (2006), C-Curve (2007), entre otros, dice algo acerca de la visión, de la iluminación o hasta de la oscuridad.
Sky Mirror esta ubicado en la entrada del Rockefeller Center en la Fifth Avenue de Nueva York, desde donde ofrece a un público que pasa, en transformación y movimiento, cerca de una arquitectura distinta, transformada, una sorpresa resplandeciente de luces y sombras en juego.
El óvalo, forma infinita y perfecta, es un espejo hecho de acero y está instalado sobre una plataforma un poco más alta que la altura de la propia calle. La escultura está inclinada hacia arriba, mostrando en su superficie el reflejo de un rascacielo neoyorkino al revés, fijo dentro del cielo cambiante que lo rodea.
Este objeto óptico cambia de continuo, a lo largo del día y de la noche; es un objeto ejemplar que Kapoor describe, contradictoriamente, como «no objeto». El espejo, a pesar de su monumentalidad, sugiere la idea de una ventana o, casi nulo, no existe sino con las imágenes que en él se reflejan, desvaneciéndose, camuflado con el afuera. Trae el cielo a nuestra altura, lo infinito baja a «tierra firme», un descenso por el que deja de ser cielo y en el que la tierra deja de ser firme.
Por su actualidad, por el acontecimiento en el que participa, es importante remarcar la escultura Untitled (2010) que Kapoor creó especialmente para la renovación del Museo Israel de Jerusalem, que podrá ser visitado a partir de su reapertura a fines de Julio 2010. La escultura se encuentra en un lugar destacado en la parte más alta del campus; está hecha de acero pulido y presenta la forma de un reloj de arena de aproximadamente cinco metros. Allí ubicada, la estructura, en parte se asemeja a la arquitectura monumental del Santuario del Libro en la entrada del Museo. Alude también a las dualidades de Jerusalem, a su eternidad y a sus instantes; el espejo arqueado crea un reflejo invertido del cielo-natural de Jerusalem y el paisaje-construido del Museo. Aquí también podemos hablar de “un mundo al revés” y de las relaciones de este mundo invertido con el tiempo; provocan juntos, interacción, compromiso, creación. El contraste entre las formas de un espacio terrenal y un espacio celestial evoca el espíritu místico de Jerusalem, el lugar donde convergen los tiempos, las culturas, la historia del pasado no material, de un objeto contra el olvido.
Kapoor se define en transición, por un estado que le permite introducir en sus obras el tiempo y el espacio, una situación que desarrolla o provoca impresiones y sensaciones diferentes. La observación, el espectador que pasa o se detiene es parte del proceso de creación de la obra con que el artista cuenta. Entabla con el objeto un proceso de interrogación que comienza, en primer lugar, con la inesperada experiencia visual. ¿Cómo es posible que el vacío conceptual se vuelva visible? ¿Cómo puede ser nombrado el vacío perceptual? ¿En dónde empieza y termina el mundo material, orgánico, físico? Algo aparece y desaparece ¿o simplemente no existe? Las formas de Kapoor crean un impacto visceral e inmediato, pertenecen simultáneamente al reino de la presencia y ausencia, realidad e ilusión, solidez e intangibilidad, y entre esos opuestos todo pasa.
Multimedia
Entrevista a Anish Kapoor en su exposición individual en London Royal Academy (Setiembre – Diciembre 2009)
La exposición individual de Anish Kapoor en London Royal Academy (Setiembre – Diciembre 2009)
Anish Kapoor en su estudio
Pagina web del artista
(*) Uruguaya, de 24 años. Licenciada en Arte por la Universidad de Tel Aviv.