La brutalidad de las guardianas nazis en los campos de concentración

12/Jun/2015

Clarín

La brutalidad de las guardianas nazis en los campos de concentración

Para las prisioneras sobrevivientes de los
campos de concentración de Auschwitz, Bergen-Belsen y Ravensbrück, nombres como
Irma Grese, Maria Mandl y Dorothea Binz, entre muchos otros, no podrán ser jamás
olvidados, cuenta una completa historia publicada por la revista estadounidense
Time. Alguna de ellas desplegó más pánico y temor que incluso sus pares
varones.
“(Ellas) golpeaban a las prisioneras, quienes
eran casi tan delgadas como esqueletos, con un gran palo, les retenían los
alimentos y les pegaban. También las mantenían de pie durante horas”, cuenta un
escalofriante testimonio de lo que se vivía en esos campos de concentración.
De los 37.000 guardias que fueron parte activa
de las SS alemanas que castigaban, torturaban y mataban diariamente a prisioneras,
aproximadamente el 10 por ciento eran mujeres. Algunas de estas guardias,
incluyendo a Irma Grese, fueron condenados a muerte junto con sus colegas
varones bajo los cargos de asesinato y crímenes y atrocidades contra la
humanidad. Otros fueron condenados a penas de entre un año y cadena perpetua.
Pocos fueron absueltos. Su papel en el Tercer
Reich estaba muy lejos de la propaganda Kinder, Küche, Kirche (niños, cocina,
iglesia) incrustado en la filosofía nazi; ellos también eran engranajes de la
máquina de matar del Holocausto que llevó a la muerte a al menos 1,5 millones
de judíos.
Según Time, Irma Grese, conocida como la
“hermosa bestia” de Belsen, era, según las acusaciones presentadas en el juicio
de 1945, uno de los personajes “más siniestros y odiados” de los campos.
Algunos testigos decían que ella solía golpear a las prisioneras hasta que las
derrumbaba.
Pero ella no era la única. Cuenta Time que
Renee Lacroux, una prisionera francesa confinada en Ravensbrück, relató cómo
varias guardias mujeres mataban a las más débiles y maltrataban a otras
tirándolas al suelo y pisoteándolas. Al igual que los guardias masculinos, las
mujeres eran entrenadas para volverse más fuertes y castigar con severidad a
las prisioneras si era necesario. Muchas se acostumbraron a golpear y patear
prisioneras, en algunos casos hasta la muerte, con sus botas, palos, porras y,
en el caso de Irma Grese, con un látigo
hecho de celofán. Otras eran las encargadas de administrar los experimentos de
esterilizaciones letales y muchas estaban presentes en la selección de las
prisioneras que iban a ser enviadas a las cámaras de gas.
No obstante, no todas las guardias se
acostumbraron a la brutalidad. Hay algunos testimonios de sobrevivientes que
mencionan la presencia de guardias “humanas”. Una guardia llamada Krüger fue recordada por compartir comida con
las trabajadoras de Ravensbrück. Y probablemente ese no haya sido un caso
aislado, ya que las SS lanzaron una orden en la que les recordaban a las
supervisoras que no debían tener relaciones personales con las prisioneras.
La pregunta es cómo fue que estas mujeres
llegaron a convertirse en “sádicas” y “bestias”, según las describieron
sobrevivientes. El mismo medio describe que Elisabeth Völkenrath, supervisora
jefa de mujeres en Auschwitz y Bergen-Belsen, condenada a muerte en 1945, se
desempeñó como una empleada no calificada antes de convertirse es esa cruel
guardia.
Ruth Closius, también condenada a muerte por
su crueldad, había soñado con convertirse en
enfermera, pero como debió dejar la escuela antes de tiempo, se
convirtió en una vendedora en un comercio textil. Por su parte, la ya
mencionada Irma Grese trabajó en una granja de productos lácteos después
abandonar su hogar a los 15 años.
Muy pocas pertenecían al partido nazi, a
diferencia de sus pares varones que en su mayoría adoraban esa doctrina. Menos
del cinco por ciento de estas mujeres pertenecían al partido. Antes de
convertirse en las monstruosas guardias de campos de concentración nazi, casi
todas las mujeres llevaban vidas sencillas y comunes. El nazismo las cambió y
las sentenció de por vida.