La amenaza sigue: más comandos suicidas
Terrorismo, 9 años después. Al Qaeda no parece capaz de nuevos ataques como los del 11-S, pero entrena terroristas Si bien no hay rastros de Bin Laden, éste inspira a jóvenes en el odio a Occidente
NUEVA YORK | NEWSWEEK
Nueve años después de los atentados contra Nueva York y Washington, Al Qaeda no parece capaz de lanzar otro golpe destructor de esa magnitud, pero la red de Osama bin Laden sigue entrenando terroristas para ataques con explosivos.
A fines de enero, Osama bin Laden difundió una grabación en la que elogiaba al nigeriano que intentó volar en pedazos un vuelo con destino a la ciudad de Detroit, en la Navidad de 2009. «El mensaje trasmitido a ustedes del heroico guerrero Umar Farouk Abdulmutallab fue la confirmación de los mensajes anteriores enviados por los héroes del 11 de septiembre», indicó.
Mientras la grabación fue una prueba de que el jefe de Al Qaeda está vivo, también suscitó el interrogante de si ahora es solo un militante sin relevancia que busca asociarse hasta con ataques fallidos originados en grupos que él no controla. Después de todo, la organización que estuvo detrás del frustrado atentado con explosivos fue Al Qaeda en la Península Arábiga, con comando central en Yemen, a miles de kilómetros de distancia de la supuesta base de Bin Laden en la frontera entre Afganistán y Pakistán. La falta de relevancia de Bin Laden pareció confirmarse aun más en junio, cuando el director de la CIA, Leon Panetta dijo al noticiero de la cadena televisiva ABC que la presencia de Al Qaeda en Afganistán ahora «es relativamente pequeña… Creo que hablamos de entre 50 y 100 hombres».
Para algunos, estas pequeñas cifras sugieren que la organización de Bin Laden se está esfumando, y que la guerra contra ella ha sido, en gran medida, ganada por Occidente. Pero, el hecho es que Al Qaeda siempre ha sido una organización pequeña. De acuerdo con lo que señala el FBI, tenía solo 200 miembros juramentados en el momento en que lanzó los ataques del 11-S, y el grupo siempre se ha visto a sí mismo principalmente como una vanguardia ideológica y militar que busca ejercer influencia y entrenar a otros grupos de la guerra santa islámica o jihad.
La ideología y táctica de Al Qaeda se ha diseminado a una serie de grupos militantes en el Sur de Asia, algunos de los cuales son relativamente grandes: se estima que sólo el Talibán afgano tiene unos 25.000 hombres. A medida que proliferaron las ideas de Al Qaeda, los jefes comenzaron a planificar en serio ataques a objetivos en Occidente. De acuerdo con lo que indican los fiscales de España, el fallecido jefe del Talibán paquistaní, Baitullah Mehsud, envió a un equipo de pretendidos bombarderos suicidas a atacar el sistema de transporte público de la ciudad de Barcelona, en enero de 2008. Por suerte, los supuestos complotados fueron detenidos antes de que el plan se llevara a la práctica.
Un año después, Mehsud amenazó directamente a Estados Unidos, al anunciar: «En poco tiempo lanzaremos un ataque en Washington que provocará asombro a todos en el mundo». En aquel momento, se le desdeñó como palabras huecas, pero el Talibán paquistaní comenzó a entrenar a un recluta estadounidense, Faisal Shahzad, para un ataque de esas características. En el invierno del Norte de 2009-2010, Shahzad viajó a Pakistán, donde recibió entrenamiento en la fabricación de bombas.
Después de retornar a Connecticut, construyó una bomba, que luego colocó en una camionera y la detonó en Times Square, en Nueva York el 1° de mayo. La bomba resultó un fiasco y Shahzad fue detenido dos días después cuando intentaba partir del aeropuerto JFK de Nueva York, con destino a Dubai.
En los últimos años, Al Qaeda Central también abrió una serie de franquicias en Medio Oriente y el Norte de África, que ahora actúan al estilo Al Qaeda, pese a que tienen escaso o ningún contacto con Bin Laden. En septiembre de 2009, el grupo insurgente islamista de Somalia, Al Shabab (La Juventud) juró su fidelidad al jefe de Al Qaeda. En la actualidad, Al Shabab controla una franja del territorio central de Somalia. Lo más preocupante es que el grupo también ha mostrado capacidad para llevar a cabo operaciones fuera de Somalia: atacó con bombas a dos grupos se hinchas que miraban la Copa del Mundo por televisión en Uganda, el 11 de julio de 2010, y provocó la muerte de más de 70 personas.
Al Qaeda en la Penínsua Arabiga (AQPA) ha mostrado tener aun mayor alcance. Fue el grupo responsable del fracasado intento de Abdulmutallab de hacer explotar la bomba que tenía oculta bajo su ropa, en el vuelo 253 de la aerolínea Northwest, cuando se aprestaba a descender en Detroit. Jerarcas de contraterrorismo indicaron que creen que el fabricante de la bomba que usó Abdulmutallab todavía está libre y que lo más probable es que intente de nuevo derribar un avión comercial con una bomba oculta que sea invisible a los detectores de metales.
CAMBIO. Este nivel de amenaza probablemente persista por varios años. Al Qaeda puede no tener la capacidad de lanzar un ataque suficientemente letal que reoriente totalmente la política exterior de Estados Unidos, como lo lograron los ataques del 11-S. Pero, se ha registrado un giro clave alrededor del momento en que Barack Obama asumió como Presidente de Estados Unidos: la americanización de la jefatura de Al Qaeda y de los grupos alineados. Anwar al-Awlaki, un clérigo yemení-estadounidense que creció en Nuevo Mexico, en la actualidad juega un papel operativo importante en AQAP y tuvo alguna participación en la incorporación del fallido bombardero del vuelo a Detroit, de acuerdo con lo que señalan autoridades de contraterrorismo. Adnan Shukrijumah, un saudita-estadounidense que creció en Brooklyn y Florida, se desempeña ahora como director de operaciones externas de Al Qaeda. En 2009, Shukrijumah supuestamente encomendó a Najibulah Zazi y otros dos estadounidenses que lanzaran ataques contra objetivos en Estados Unidos. Omar Hammani, oriundo de Alabama y convertido al Islam, es un propagandista y comandante militar clave de Al Shabab, mientras David Headley, nacido en Chicago, jugó un papel central en la elección de los objetivos para los ataques cometidos en 2008 en Mumbai, India, que mataron a más de 160 personas.
Al Qaeda y grupos de pensamiento similar han atraído a docenas de ciudadanos y residentes de Estados Unidos como combatientes. Según las estimaciones de Andrew Lebovich de la New America Foundation, en 2009, por lo menos 43 ciudadanos estadounidenses o residentes alineados con grupos militantes sunitas o de su ideología fueron acusados de crímenes terroristas en Estados Unidos y otros países, lo que constituye el número más elevado en cualquier año desde el 11-S. En lo que ha transcurrido de 2010, por lo menos 18 han sido acusados o procesados por esas actividades.
FUERZAS. Las posibilidades operativas de Al Qaeda fueron evaluadas por autoridades estadounidenses. A mediados de año, el secretario de la Presidencia, Rahm Emanuel, sostuvo que alrededor de la mitad de esa red terrorista había sido eliminada en los últimos 18 meses, aunque sin precisar cifras.
Por su parte, en una entrevista con Newsweek, a comienzos de julio, el director del Centro Nacional de Contraterrorismo, Michael Leiter, estimó, que en Afganistán hay un pequeño grupo de terroristas que oscila entre 50 y 100, aunque en Pakistán hay un número superior que situó en más de 300.
Consideró que Estados Unidos había tenido éxito en su estrategia de no ir tras cada uno de los integrantes de rango inferior, sino que buscó diezmar la estructura de liderazgo. «Creo que la muerte del número 3 de Al Qaeda, Saeed al-Masri es significativa, pero no dudo en admitir que esta no será una guerra que se ganará contando las bajas», indicó Leiter. «Contar los cuerpos y eliminar al liderazgo es parte de la tarea, pero hay muchos otros elementos involucrados que incluyen desde los controles en la aviación hasta intentar contrarrestar la ideología que está diseminando esto».
Somalia es uno de los países que Estados Unidos mira con preocupación, debido a que podría convertirse en un lugar de refugio, como Afganistán, para grupos terroristas. El gobierno provisional no tiene un verdadero control del país.
ENIGMA. Bin Laden sigue siendo importante como el ícono que guía y atrae a esas personas a la jihad. Sin embargo, las agencias de inteligencia de Estados Unidos no han tenido ninguna información que les permita actuar sobre su ubicación desde que desapareció a mediados de diciembre de 2001, después de la batalla de Tora Bora.
Hipótesis con fundamento lo sitúan en o alrededor de las regiones tribales de Pakistán, pero estas son solo conjeturas informadas (aunque bastante caras, por cierto, teniendo en cuenta que las agencias de inteligencia de Estados Unidos han gastado medio billón de dólares desde los ataques del 11-S).
Mientras Bin Laden en sí puede haber desaparecido como un fantasma, la información de inteligencia sobre otros jefes militantes en las zonas tribales paquistaníes ha mejorado de manera notoria en los últimos dos años. En 2007, hubo solo tres ataques con aviones sin piloto teledirigidos en la zona.
En 2008, fueron 34. El gobierno de Obama ya autorizó más de 100. Esos aviones teledirigidos han matado a por lo menos una docena de jefes de nivel medio y alto de Al Qaeda o los Talibán.
Un resultado aparente son las escasas grabaciones propagandísticas que están emitiendo los jefes de Al Qaeda. La cantidad de grabaciones que difundió en 2010 el número 2 de Al Qaeda, Ayman al-Zawahiri, fue la menor en siete años.
Bin Laden también ha permanecido relativamente silencioso, debido a que, al paracer, está más preocupado por mantenerse con vida que por mantener relevancia. De cualquier manera, a medida que avanza en años -miembros de su familia dicen que cumplió 53 en febrero último- puede sentir cierta satisfacción porque su mensaje sigue resonando con muchos hombres desafectos, desde Estados Unidos hasta Pakistán.
La amenaza sigue: más comandos suicidas
13/Sep/2010
El País