El terrible episodio que le ocurrió a un periodista español en la capital egipcia
6-2-2011
Shumu Shamayim! Esta conocida frase del profeta Jeremías, 2:12 (Espantaos, cielos, y horrorizaros) me vino a la memoria luego de leer un asombroso y totalmente increíble artículo en La Vanguardia del viernes, de la pluma de Tomás Alcoverro, el corresponsal de ese importante diario catalán en Beirut. Ese hombre de prensa que siempre encuentra el medio de criticar a todo lo que sea israelí y, a la par, admirar y enaltecer cualquier cosa que tenga algo que ver con lo árabe, ha quedado muy malparado en un percance sufrido en la capital egipcia. El título del artículo ya lo decía todo “La hora más oscura de El Cairo”.
El periodista no ha escatimado adjetivos para describir su horrorosa experiencia, que afortunadamente no le resultó fatal. En ese mismo diario se ha podido leer que un cronista de la TV sueca fue apuñalado por la espalda, y se encuentra en estado grave en un hospital cairota. Otros periodistas, inclusive varios israelíes, han salido malparados de la furia de los enaltecidos ciudadanos de esa capital.
Así es que el señor Alcoverro reconoce que fue objeto de un brutal ataque, cuando se dirigía a la plaza Tahrir para “escribir una crónica sobre su vecindado y sobre su historia”. Y lo describe en los siguientes términos: “Cuando observaba las goyescas escenas de adolescentes que con hondas disparaban sus hondas en dirección al Museo Egipcio… un hombre corpulento me cogió por el cuello, arrastrándome con rabia hasta el cuartelillo, arrebatándome el pasaporte y el cuaderno de notas, y apoderándose de mis gafas para romperlas”. Entonces el cronista catalán habrá sufrido uno de sus mayores sustos y no menos desengaño, cuando “un grupo de gente miserable comenzó a rodearme, golpeándome la cabeza y la espalda, tratando de vaciar mis bolsillos al grito de ¡israelí, israelí!” Se puede uno imaginar lo que habrá pensado ese incansable paladín de la causa árabe, al ser insultado de tal modo. Al fin, un capitán del Ejército le soltó devolviéndole pasaportes y dinero, e incluso se avino a prestarle un soldado de escolta para regresar al hotel, al que el señor Alcoverro le dio una propina, como parece ser el caso usual en esas tierras.
La odisea del señor Tomás ha sido tal, que incluso a mí me dio lástima. El hecho que ese individuo no nos resulte simpático, no implica que debe ser tratado de ese modo. Pero desde luego, que el periodista está muy resentido. Y con razón. Dice que “el salvajismo, el tribalismo africano ha desintegrado en estos días caóticos la sociedad egipcia, empujándola a la más brutal edad de las piedras”. También escribe que otros colegas suyos han sido objeto de “agresiones callejeras” y que “mi compañero de tantas guerras Joan Roura, de TV3, también fue atacado por esos energúmenos”.
He considerado oportuno escribir estas líneas para señalar un aspecto del proceso de “democratización” del pueblo egipcio. Si tomamos en cuenta lo ocurrido, es evidente que no se ha iniciado con pie derecho, como diríamos en hebreo. Pero lo más grave de ese lamentable episodio fue que sus atacantes tomaron al veterano periodista por un malvado israelí. Qué barbaridad, menudo insulto. No, en verdad, ese amante de la cultura árabe no se merece semejante ultraje.
Moshé Yanai
La amarga experiencia de un filoárabe
07/Feb/2011
El Reloj, Moshe Yanai