Por Lic. Rafael Winter (Rufo), de CCIU
“… lo que se vivió en esa noche del 9 al 10 de noviembre de 1938 en Alemania y Austria fue el infierno en la tierra… un terrible pogrom … un cataclismo”. Compartimos artículo del Lic. Rafael (Rufo) Winter y video testimonial de su padre, el Rab. Fritz Winter (Z’L), quien fue testigo “Yo fui testigo”
Un terrible pogrom…
Fue un cataclismo.
Si bien comparado con lo que habría de pasar años después puede parecer un hecho «menos grave», lo que se vivió en esa noche del 9 al 10 de noviembre de 1938 en Alemania y Austria fue el infierno en la tierra.
Como siempre, solamente quienes vivieron ese horror -obviamente la mayoría ya no está- pueden relatar en su verdadera dimensión lo que ocurrió aquella noche.
Recordemos muy brevemente que ocurrió
.Utilizando astutamente como pretexto que un joven judío desesperado, Herschel Grynspan, había matado al funcionario nazi Von Rath en la Embajada alemana de Paris, se desató una ola de violencia terrible, evidentemente planificada de antemano, contra los judíos en Alemania. Y en Austria.
Y parecía realmente, como lo había pronosticado el gran rabino y líder judeo-alemán Leo Baeck, que «mil años de judaísmo alemán habían llegado a su fin».
La democrática y bien intencionada -pero débil- República de Weimar había llegado a su fin en 1933.
Demás está decir que el ascenso del nazismo no presagiaba nada bueno para los judíos alemanes, más allá de que muchos no se dieron cuenta -o quizás no quisieron darse cuenta- de ello.
Comenzando con el boicot contra los negocios judíos en 1933, la quema de libros del mismo año, las infames leyes raciales de Nuremberg de 1935 y medidas antisemitas en aumento, el desastre podía preveerse. Pero, aun así, el cataclismo del 9 de noviembre fue por lejos peor de lo esperado.
La Noche de los Cristales rotos no fue «solamente» la destrucción de miles de tiendas y negocios de judíos y más aún cantidad de vidrios rotos. Lo fue, pero por sobre todo lo que más representa a esa noche siniestra fue la destrucción total o parcial de las sinagogas (centenares) de Alemania y Austria (Austria había sido ocupada por los nazis, el Anchluss, en marzo de 1938) con la consiguiente profanación y destrucción de los símbolos sagrados, rollos de la Tora incluidos.
Cerca de 30.000 judíos se estima que fueron recluidos en los ya existentes campos de concentración como Dachau y Buchenwald.
También hubo casi un centenar de judíos muertos y muchos torturados.
Pocos días después, cínicamente, los nazis alemanes obligaron a la comunidad judía alemana (lo que quedaba de ella) a pagar 1000 millones de marcos por la «responsabilidad de los daños ocasionados»…
El daño a los judíos alemanes no fue solamente físico, y/o material.
El daño fue moral.
Ya no había nada más que hacer para los judíos en Alemania.
Muchos ya habían emigrado. Los que aún no lo habían hecho, comenzaron a pensar seriamente en la posibilidad de emigrar. No era fácil a esa altura, no solo porque era difícil salir -igualmente aún se podía-sino porque a la mayoría de los países era muy difícil entrar. Debido a limitaciones o prohibiciones.
De todas formas, a partir de esta fatídica noche, miles y miles de judíos alemanes consiguieron, más allá de las dificultades, emigrar. Varios de los que lo hicieron, fueron artífices, pioneros, en la fundación de comunidades judías en Latinoamérica, incluyendo a nuestro Uruguay.
La Noche de los Cristales rotos no es «simplemente» un mojón más en el trágico camino hacia el Holocausto.
La Noche de los Cristales rotos es un hecho fundamental, decisivo en el periodo nazi que va desde 1933 a 1945. Por todo lo que sucedió en aquella noche. Por sus consecuencias.
Hechos que no debemos olvidar.
«Recuerda lo que te hizo Amalek…no olvides…»
Habiendo pasado 83 años, las llamas que quemaron las sinagogas aun no se han apagado del todo…