La bella rambla montevideana es aún más linda por estar acompañada en toda su extensión por el Río de la Plata. Quienes tienen la oportunidad de recorrerla disfrutan del esplendor que la inmensidad del mar les otorga. Para aquellos que no conocen el mar, cumplir con el sueño de verlo, sentirlo y acariciarlo puede ser una de las experiencias más maravillosas de sus vidas. Este fue el objetivo de varias integrantes del movimiento juvenil sionista Macabi Tzair quienes fueron ese “motor”, siempre necesario en toda iniciativa, para que niños floridenses cumplieran con el sueño de disfrutar del mar junto a sus colores, olores y sonidos durante el último mayo.“La idea del proyecto era realizar un intercambio con una escuela enmarcada en un contexto crítico; acercar realidades geográficas, sociales, económicas y enriquecernos todos con el intercambio”, señaló al portal web del CCIU la coordinadora de la actividad por Macabi Tzair, Andrea Aliskevich, de 22 años de edad, y estudiante de la Licenciatura en Recursos Humanos y Relaciones Laborales de la Universidad Católica del Uruguay.Este proyecto surgió en 2010 mientras Aliskevich desempeñaba el rol de líder de un grupo de jóvenes de entre 16 y 17 años. “Nos esforzamos en cumplir un programa educativo en el que se trataran temas como la identidad judía de los jóvenes, así como de encontrarnos con las diversas fuentes que ofrece nuestro judaísmo, fortalecer nuestros valores como personas, profundizar en temáticas actuales y trabajar sobre un grupo que en un futuro dirigirá la tnuá (movimiento)”, explicó. Asimismo manifestó que no se necesita “tener mucha plata ni grandes proyectos” para poder colaborar; sino que se requiere de “tiempo, ganas, creatividad y estar involucrados con una idea”. Fue con esa mentalidad que las jóvenes pensaron en realizar la actividad con alguna institución perteneciente a un departamento que no conocieran, y que estuviera lo suficientemente cercano a Montevideo. La elección recayó en Florida.Posteriormente Aliskevich viajó al céntrico departamento. Allí tuvo la oportunidad de conocer escuelas rurales que la “llenaron de emoción”, escuelas de contexto crítico, así como organizaciones no gubernamentales. Asimismo, según sus propias palabras, pudo “disfrutar del aire que se respira en el interior del país”.Un mediodía visitó la escuela pública número 33, un centro educativo en “contexto crítico” con maestros “24 horas”, donde vio el respeto y la alegría de los niños, el cuidado hacia los materiales y el medio ambiente, y el comportamiento del barrio hacia la escuela. “Ahí se detuvo la búsqueda por completo; sabía que en cuanto se la describiera al grupo, ellas iban a querer empezar con el proyecto”, recordó.Cuando empezaron a informarse sobre la realidad de los escolares, las jóvenes descubrieron que la mayoría de los niños nunca había salido de Florida y que era un sueño para ellos conocer el mar. Según Aliskevich “fue conmovedor entender que esto (ver el mar), que muchas veces nosotros no valoramos y admiramos por ser cotidiano, era para ellos una inquietud tan importante, y que —para nuestra sorpresa— no aludía esta vez a los intereses que acostumbramos oír de los niños”.Las activistas entendieron como una obligación traer a los chicos a Montevideo. La coordinadora aclaró que aunque conocer el mar “no sea un motivo de supervivencia creímos que preocuparse por los niños es ocuparse también de sus intereses, sus vínculos, sus deseos, ganas de divertirse, conocer y crecer”.Las muchachas tenían razón. “Frenó el ómnibus y los niños bajaron corriendo hacia la playa, tocaron la arena y se la guardaron en los bolsillos; incluso algunos la juntaron en bolsitas que habían traído especialmente para eso. Tanto era el asombro que escapaba de sus sentidos; querían mirar el agua, la arena, cruzar al parque (Rodó) y jugar”, destacó la joven con emoción. La actividad en la playa trató el tema de “perseguir los sueños e intentar concretarlos, de no dejarnos paralizar por las olas y de disfrutar de las oportunidades de la vida”, concluyó.Las participantesPor orden alfabético, según sus apellidos, participaron de la actividad: Clarisa Bielawski, Cindy Cohn, Eliane Chebi, Andrea Curiel, Nicolette Czarnievicz, Paula Lieberman, Sol Markowicz, Ilana Morus, Dominique Parnás, Daniela Pfeffer, Florencia Ríos, Melanie Tetman, Melanie Miller, Verónica Szpinak, Michelle Vagi, Sofía Waizman y Cindy Zorn. Los apoyosAliskevich agradeció a la filial Derej de la institución B´nai B´rith y a las empresas Mc Donald´s, Cosmic Bowling y Macromercado, así como a todas las personas que los “animaron, aconsejaron, apoyaron y estuvieron” con ellos en esta “hermosa experiencia que estamos viviendo”. Así lo vivieronPor Cindy Zorn, Daniela Pfeffer, Eliane Chebi y Andrea Curiel.“Cuando nos propusieron el año pasado hacer un proyecto que dejara nuestra huella como grupo y que esto además significara un cambio, por menor que fuera, en la vida de otras personas, no imaginamos nunca que fuera algo posible. La idea que nuestra líder nos había traído nos parecía una muy loca, algo totalmente fuera de nuestra rutina y alcance. Empezamos por averiguar las diferentes opciones y finalmente optamos por la que nos pareció que llegaba más lejos y brindaba a su vez el mayor beneficio: llevar a niños de una escuela de contexto crítico a conocer el mar. Con un objetivo ya fijado, actividades planeadas y el financiamiento otorgado (lo cual no fue nada fácil), pusimos manos a la obra. El 4 de diciembre del año pasado, recorrimos los primeros pasos de este desafío (sí, sin duda significó para nosotras un desafío). Jamás olvidaremos nuestro primer encuentro con los chicos de la escuela número 33 de Florida, donde nos vimos muy sorprendidas por sus historias de vida y realidades, su alegría, educación, cordialidad y buena disposición ante todo. Allí pasamos todo el día conociéndolos, jugando, presentándonos a nosotras y a nuestro proyecto. Al terminar el día, todas estábamos claramente mucho más motivadas y deseosas de volverlos a ver. Sin duda lo mejor estaba por venir. Ese 5 de mayo del 2011 definitivamente cambió nuestras vidas además de las de ellos. Desde el momento en que vimos a los chicos correr por la playa, guardándose al pasar arena en los bolsillos y admirando la fuerza de las olas, comprendimos la magnitud de nuestras acciones. El día que pasamos fue memorable, en unas horas condensamos todo lo que queríamos hacer: Parque Rodó, pista de patinaje, bowling, estadio (Centenario), rambla y playa. Pero nada nos marcó más que las palabras del maestro de los chicos, quien nos contó sus experiencias de trabajo voluntario similar al nuestro. ´Capaz ustedes piensan que su trabajo de hoy fue en vano; que éste fue un día más para los niños y cuando vuelvan a sus casas nada va a haber cambiado. Hasta el día de hoy mujeres de cincuenta años, ex alumnas mías, se me acercan a agradecerme por aquel día que las llevé a la colonia de vacaciones, del que todavía se acuerdan como uno de los días más importantes en sus vidas. Lo mismo sucede con lo que hicieron ustedes hoy. Quizás para estos niños hoy haya sido la única oportunidad que tengan en sus vidas de ver el mar o incluso de patinar y todo lo demás que hicimos, y quizás sea la primera y última vez que les dan tanta atención. De verdad con esto cambiaron sus vidas y estamos sumamente agradecidos. Espero que así como ésta pueda escuchar muchas historias más`. Ahora es cuando podemos decir que esto recién empieza; todavía queda un cierre por hacer y esperamos que el proyecto esté abierto a nuevos encuentros. Incuestionablemente esta experiencia nos cambió la cabeza. Nos ayudó a conocer otras realidades y valorar la nuestra. Incluso con grandes problemas se puede mantener la alegría de vivir y la cabeza en alto; esa fue la mayor enseñanza que nos dejaron estos chicos, que con su corta edad demostraron una sabiduría más allá de lo imaginable. Por último queremos agradecerle a la B´nai B´rith, a Mc Donald’s, al Cosmic Bowling, al Parque Rodó, al Estadio Centenario y al Macromercado por su apoyo, sin el cual nada de esto habría sido posible”.Las imágenes publicadas en este artículo fueron tomadas por Nicolás Lejtreger
Jóvenes del movimiento Macabi Tzair ayudaron a niños floridenses a cumplir uno de sus sueños: conocer el mar
16/Jun/2011
CCIU, Martín Kalenberg