La difícil situación de los palestinos es el
elefante en la habitación del que nadie quiere hablar porque todo el mundo ya
está bajo mucha presión para satisfacer las necesidades de los refugiados
procedentes de Siria. Pero a ningún refugiado que huya de la violencia en
Siria, ya sea sirio o palestino, se le debería denegar la entrada y forzarle a
regresar contra su voluntad.
Nadim Houry, subdirector para Oriente Medio
(Ammán) – Jordania no permite la entrada en el
país a refugiados palestinos que huyen de Siria y en otros casos, los deporta
por la fuerza, lo que supone una clara violación de sus obligaciones
internacionales, señaló Human Rights Watch en un informe publicado hoy.
Jordania ha prohibido oficialmente la entrada a palestinos de Siria desde enero
de 2013 y ha deportado por la fuerza a más de 100 que lograron entrar en el
país desde mediados de 2012, entre ellos mujeres y niños.
El informe de 44 páginas, “Not Welcome:
Jordan’s Treatment of Palestinians Escaping Syria” (“No son bienvenidos: El
trato de Jordania a los palestinos que huyen de Siria”), está basado en
entrevistas con más de 30 personas afectadas por la política de no admisión. Human
Rights Watch también documentó cómo Jordania le ha retirado la ciudadanía
jordana a algunos palestinos que llevaban muchos años viviendo en Siria y que
han sido detenidos o deportados a Siria sin documentos de identidad. La
inflexibilidad en el trato por parte de Jordania hacia los palestinos que huyen
de Siria contrasta con su forma de recibir a los ciudadanos sirios, 607.000 de
los cuales han sido aceptados en el país desde que comenzara el conflicto
sirio. Antes de que estallara el levantamiento de marzo de 2011, Siria albergó
al menos a 520.000 refugiados palestinos.
“La difícil situación de los palestinos es el
elefante en la habitación del que nadie quiere hablar porque todo el mundo ya
está bajo mucha presión para satisfacer las necesidades de los refugiados
procedentes de Siria”, dijo Nadim Houry, subdirector para Oriente Medio. “Pero
a ningún refugiado que huya de la violencia en Siria, ya sea sirio o palestino,
se le debería denegar la entrada y forzarle a regresar contra su voluntad”.
La mayor parte de los países vecinos de Siria
también ha impuesto restricciones a la entrada de palestinos provenientes de Siria, dejando a
miles de ellos estancados y en grave peligro. El gobierno jordano debería
revocar urgentemente su bloqueo a la entrada de refugiados palestinos y acabar
con sus deportaciones, recomendó Human Rights Watch.
Desde mediados de 2012, las fuerzas de
seguridad jordanas han denegado la entrada de palestinos que buscan entrar a
Jordania desde las fronteras con Siria y, en enero de 2013, el gobierno anunció
su política oficial de no admisión. Las fuerzas de seguridad también detienen y
deportan a los palestinos que entran por rutas fronterizas no oficiales
utilizando documentos de identidad sirios falsificados, o que entran ilegalmente
mediante la ayuda de redes de contrabando. Oficialmente, Jordania permite la
entrada de los palestinos de Siria que adoptaron la nacionalidad jordana, pero
en la práctica ha rechazado a aquellos cuya documentación jordana había
expirado. En algunos casos, llegaron a despojarles arbitrariamente de su
ciudadanía jordana y a continuación los devolvieron por la fuerza a Siria.
Desde principios de 2013, los servicios de
seguridad jordanos han detenido y devuelto
por la fuerza a Siria a más de 100 palestinos, según el Syria Needs
Analysis Project (SNAP), una organización no gubernamental dedicada al
monitoreo. En su Informe Anual de Respuesta a la Crisis Siria de febrero de
2013, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente
Próximo (UNRWA) dijo que había documentado numerosos casos de palestinos que
habían sido devueltos a Siria desde Jordania, entre ellos mujeres y niños.
Human Rights Watch documentó la deportación
forzosa por parte de Jordania de siete palestinos de Siria en 2013 y 2014, y el
traslado de otros cuatro a Cyber City, un centro de detención para refugiados
palestinos y sirios en el norte de Jordania. En los casos de deportación, las
autoridades jordanas expulsaron y separaron a hombres palestinos de sus
familias, en algunos casos, dejando a las familias sin su principal fuente de
ingresos.
Sana, una anciana palestina, describió cómo
las autoridades jordanas deportaron apresuradamente a su yerno Mohammed y su
hermano a finales de 2013, después de que Mohammed fuera descubierto trabajando
de manera ilegal, vendiendo verduras en un carrito en Irbid. Ella dijo que los
dos hermanos habían llegado a Jordania con sus esposas sirias, utilizando
libros de familia sirios falsificados, y que se habían registrado con el ACNUR,
la agencia de refugiados de la ONU, bajo nombres falsos.
Sana, ciudadana jordana, acudió a la comisaría
de policía después de enterarse del arresto de su yerno dos días después. “Me dijeron que volviera al día siguiente”,
dijo. “Me dijeron que encontrarían una solución para nosotros. Mohammed me
llamó una hora más tarde desde Siria”.
Las deportaciones violan la obligación
internacional de Jordania de no devolución, la prohibición establecida en el
derecho internacional de devolver a refugiados y solicitantes de asilo a
lugares donde su vida o libertad corran peligro, o de devolver a una persona
que corre el riesgo de ser torturada.
Fayez Tarawneh, Jefe de la Corte Real y ex
primer ministro, defendió la política de no admisión en una reunión con Human
Rights Watch en mayo de 2013, argumentando que un gran influjo de palestinos
desde Siria alteraría el equilibrio demográfico del reino y causaría
inestabilidad. Se estima que al menos la mitad de la población de Jordania es
de origen palestino. Tarawneh dijo que, si se les permitía refugiarse en
Jordania, dudaba que Jordania pudiera legalmente deportar a los palestinos –un
grupo sin estado— a Siria una vez que el conflicto terminara.
A pesar de la política de no admisión de
Jordania, hasta julio de 2014, más de 14.000 palestinos de Siria habían buscado
el apoyo de UNRWA en Jordania, desde que comenzara el conflicto sirio. Sólo
1.300 de ellos habían entrado en Jordania legalmente antes de que las
autoridades comenzaran las expulsiones de palestinos en la frontera. La mayoría
provenía de campos de refugiados palestinos y pueblos del sur de Siria o del
campo de refugiados palestinos de Yarmuk, en los suburbios del sur de Damasco,
áreas que han sido el escenario de intensos combates.
Como resultado de la política del gobierno
jordano, muchos palestinos de Siria carecen de documentos de residencia
adecuados en Jordania, lo que los hace vulnerables a la explotación, el arresto
y la deportación. Indocumentados palestinos de Siria no se atreven a acudir al
gobierno de Jordania en busca de protección o reparación contra la explotación
y otros abusos. No pueden vivir legalmente en los campos oficiales de
refugiados establecidos para los sirios, pero tampoco pueden trabajar
legalmente para ganar dinero y alquilar una vivienda fuera de los campamentos.
Los países donantes y las organizaciones
locales e internacionales de ayuda no han abordado adecuadamente las
preocupaciones humanitarias a las que se enfrentan los palestinos, y pocos
prestan algún tipo de ayuda humanitaria. La sección sobre Jordania del Plan de
Respuesta Regional de Siria 2014 excluye a los palestinos. El Equipo de Trabajo
Interinstitucional (IATF, por sus siglas en inglés), el mecanismo de
coordinación local para las organizaciones de cooperación centradas en la
respuesta a los refugiados de Siria en Jordania presidida por el ACNUR, no
aborda temas relativos a los palestinos de Siria.
Los donantes internacionales y las organizaciones
de cooperación deberían colaborar para asegurarse de que los palestinos de
Siria reciban ayuda humanitaria, apoyo y protección al mismo nivel que los
ciudadanos sirios en Jordania, dijo Human Rights Watch.
Los donantes internacionales también deberían
reforzar la asistencia a Jordania y las agencias humanitarias que trabajan en
la crisis de Siria. La oficina del ACNUR en Jordania, que coordina la respuesta
a los refugiados, ha recaudado sólo el 36 por ciento del billón de dólares que
era su meta presupuestaria para 2014. El déficit de financiación del ACNUR en
Líbano es aún mayor, con un 71 por ciento de su presupuesto de 2014 aún sin
financiación.
Con excepción de Turquía, todos los vecinos de
Siria han impuesto restricciones onerosas sobre la entrada de los palestinos
que huyen de Siria. Todos los países vecinos deberían respetar los derechos de
los refugiados palestinos a buscar seguridad y asilo fuera de Siria mientras
sigan enfrentándose allí a la inseguridad y la persecución.
Países fuera de la región deberían prestar
asistencia financiera a los países que aceptan refugiados palestinos
procedentes de Siria y deberían considerar aceptar refugiados palestinos
vulnerables para un re-asentamiento humanitario temporal. Los refugiados palestinos
no deberían tener que renunciar a su derecho a retornar luego de aceptar una
oferta de re-asentamiento temporal en un tercer país.
“Jordania y Líbano no deberían ser los únicos
países que tengan que afrontar la crisis de refugiados de Siria sin el apoyo
adecuado”, señaló Houry. “Los donantes internacionales deberían aumentar la
ayuda a todos los países que albergan refugiados sirios y animarles a eliminar
las restricciones de entrada a los palestinos”.