La discriminación sigue paseando campante en pleno siglo XXI. Las
barbaries de la centuria pasada y de los últimos años no cesan. Por ello
enseñar, estudiar, transmitir y recordar la Shoá sigue siendo uno de los máximos deberes de
cada ser humano, entre ellos los judíos para quienes, según una moderna
interpretación, existe un mandamiento que les ordena recordar y no olvidar.
La profesora Rita Vinocur, directora del Museo de la Shoá y secretaria general del Centro
Recordatorio del Holocausto en Uruguay, sin lugar a dudas que cumple con este mandamiento
de inspiración bíblica. De 57 años de edad, e hija de la sobreviviente Ana
Vinocur (autora de varios libros sobre sus terrible años en los campos de la
muerte nazis) expresa que “todos podemos ser discriminados por alguna
razón” por lo cual la tarea consiste en “enfocarnos en la importancia del
respeto a la diversidad” y que cada uno, desde su lugar, “desarrolle dicho
respeto como primer e imprescindible paso para lograr metas superiores”.
Este es un resumen de la entrevista que Vinocur mantuvo con el portal web del CCIU:
– ¿Cuáles son las actividades
que desarrolla en el museo del Centro Recordatorio del Holocausto?
– En el Museo coordino las visitas y cuando es posible, las charlas
de los sobrevivientes. Soy guía didáctica: recibo al público que incluye
personalidades, turistas de varias partes del mundo y sobre todo grupos de
institutos de enseñanza pública y privada, de educación formal y no formal. He
trabajado en muy diferentes y variados proyectos del Centro, desde lo más
ejecutivo hasta la más sencilla tarea, con mucho amor por la institución, donde están
mis raíces, mi herencia y mi pasión.
Podría destacar algunos proyectos que me marcaron que trascienden la
propia vida: la posibilidad de ser entrevistadora de sobrevivientes para la Fundación Shoah del
director de cine Steven Spielberg, así como también dirigir el proyecto de
investigación de Yad Vashem (museo del Holocausto situado en Jerusalén): “Cada
persona tiene un nombre”. Pero siempre hay nuevos proyectos en danza que
entusiasman.
– ¿Hace cuántos años está
vinculada al Centro?
– Desde que tengo uso de la memoria estoy vinculada a la institución
y a sus sobrevivientes. Me crié entre ellos; eran los amigos de mis padres, Alberto Vinocur (Z”L –
de bendita memoria) y Ana
Benkel de Vinocur (Z”L) y mi tío Enrique Benkel (Z”L)
quienes activaron mucho en la organización. Cada historia no era una cifra o un
libro, era un persona que yo conocía y en muchos casos admiraba por su espíritu
indomable que los impulsó a sobrevivir. Todo ello se convirtió en un universo
que yo quería conocer, lo cual motivó la necesidad imperativa de trabajar en el
área.
– ¿Cuándo y por qué se
crearon el centro y el museo?
– El Centro Recordatorio del Holocausto –con personería jurídica- fue
creado en 1953 (antes tuvo otros nombres). Por un lado los sobrevivientes
sentían que sólo entre sí mismos podían comprenderse. Cuando relataban sus
experiencias, al principio de losaños ´50, la gente solía apartarse,
alejarse. Se sentían mejor cuando estaban juntos. Por otra
parte al poco tiempo surgió la
necesidad de preservar la memoria y contrarrestar a los negadores del
Holocausto. Así crearon el Museo del Holocausto dentro de la sede de la institución
que en ese momento se encontraba en Convención 1220. En 1987 se mudaron a la Kehilá (Comunidad Israelita del Uruguay) donde adquirieron
espacios, entre los cuales está el Museo de la Shoá que fue remodelado en 1992 por (el
sobreviviente del campo de Treblinka) Chil Rajchman (Z”L) en honor a su esposa
Lila Rajchman (Z”L).
Estamos proyectando un aggiornamiento del Museo lo cual es fundamental en la época en que vivimos.
– ¿Qué sintió al dictar una clase sobre el museo en el marco de un curso sobre
museos judíos en la
Universidad Católica?
– Sentí una
responsabilidad impresionante desde el momento en que recibí la invitación;
estaba representando a muchos sobrevivientes que dejaron el alma y la vida por la
institución y el museo. Varios por suerte están con vida y otros ya no están
más físicamente. Desde lo personal lo sentí
como un punto de inflexión en mi vida.
– ¿Cuál fue la respuesta del público? ¿Se mostró
sorprendida por la existencia de este museo?
– Fue muy reconfortante ver al aula repleta y el interés sostenido
del público durante la conferencia. Varios no lo conocían. Sería muy importante
tener la posibilidad de difundirlo más entre el público judío y sobre todo no
judío.
– ¿Qué actividades
desarrolla el centro y su museo durante el Día del Patrimonio?
¿Y en la Noche de los Museos?
– Las actividades que desarrolla el centro y el museo en estos
eventos son: visitas didácticas a horas determinadas, una charla —generalmente
dictada por la Prof. Sonia
Bandrymer— y la presencia de varios sobrevivientes que relatan sus experiencias
y responden a las preguntas de la concurrencia que cada año se vuelve más
nutrida.
– ¿Cómo considera que se debe transmitir
la Shoá en pleno
siglo XXI?
– No hay una única respuesta ni una única manera y seguramente luego
de responder se me ocurrirán varias otras maneras más que no habré mencionado.
Para empezar siento que debemos ampliar el espectro; jamás debería dejarse de
lado la singularidad y especificidad de la Shoá. Pero a partir de la Shoá, estudiar otros
genocidios y otras situaciones. Todos podemos ser discriminados por alguna
razón, por lo tanto enfocarnos también en la importancia del respeto a la
diversidad y que todos los que nos escuchan se sientan involucrados y protagonistas en el
enfoque de comenzar desde su lugar a desarrollar dicho respeto como primer e
imprescindible paso para lograr metas superiores. La memoria es una misión
eterna, no olvidar pero debe impregnarse de presente, de posibilidades para
cada uno de nosotros de mejorar la sociedad en la que vivimos.
– ¿Qué siente cuando un representante extranjero, como el embajador de Irán,
niega el Holocausto?
– Te voy a responder tal cual tú lo preguntás “qué sentís” porque no
puedo pensar, sino sentir; es una enorme impotencia sorda, visceral. Muchos
citamos a una sobreviviente: “y toda la familia que perdí en Europa, ¿dónde
está?”. En mi caso sólo se salvaron mi madre y mi tío pero también pienso en
todos los demás; tantos que perdieron a toda su familia quedando solos y tantas
familias de las que no quedó nadie. Y es demasiado tener que responder y soportar
que aquí en Uruguay, en nuestro querido Uruguay, se relativice la Shoá.
– ¿Cómo convive con el hecho de ser Rita Vinocur, una
activista por la memoria
del Holocausto, y a su vez la hija de Ana Vinocur, uno de los
sobrevivientes más notorios por su incansable actividad en pro del recuerdo de la Shoá?
– Con todo mi amor empecé en la tarea de apoyar a mi madre, quien era y sigue siendo una
fuerza de la
naturaleza. Para que todo su trabajo titánico se llevara a
cabo se necesitaba mucho apoyo de la familia; y estuvimos a su lado. Pero hace
mucho que se convirtió en una misión propia. Siento que desde el Centro Recordatorio delHolocaustotenemos la posibilidad de llevar a cabo
proyectos relevantes para nuestra comunidad y para la sociedad en general. Activar por
la memoria, con la mirada en el presente y el futuro, es una tarea vivificante
puesto que se colabora —de alguna manera— a vivir en un mundo mejor.