Hay una porción de la
opinión pública uruguaya, por lo menos una masa que luce medianamente homogénea
en las redes sociales, que piensa que el Estado de Israel lanza misiles a Gaza
por deporte. Mejor dicho, hay uruguayos que creen que Israel actúa cegado por
un renovado colonialismo o con una decidida intención de matar a civiles
palestinos.
Estos uruguayos, que he
leído durante días expresándose iracundos en las redes sociales, suponen que
los políticos israelíes exponen a sus soldados –literalmente todos los hijos
del pueblo– a la muerte por ambición o poder. Estos uruguayos creen
fundamentalmente que la tragedia de estos días forma parte del conflicto entre
Israel y el pueblo palestino. Permítanme que les cuente una visión un poco
diferente.
El conflicto en curso es
entre Israel y una agrupación inspirada en una interpretación radical del credo
islámico, que no es el pueblo palestino y que difícilmente alguna vez lo pueda
representar. Hamas nació en los últimos meses de 1987 y los primeros de 1988 en
el contexto de la primera intifada palestina, como un ramal de los Hermanos
Musulmanes de Egipto de donde emergieron, durante los años 1960, las fuentes
ideológicas que instigaron la yihad islámica, tal y como la interpretaron, por
ejemplo, los fundadores de Al Qaeda.
La creación de Hamas tuvo
uno y solamente un objetivo: la destrucción del Estado de Israel y la
construcción de un Estado de acuerdo a la ley islámica. Desde entonces, Hamas
ha cometido actos de terrorismo contra la población israelí. Primero, y
mientras pudo, atacando con suicidas en el corazón de Israel. Luego, desde el
fin de la segunda intifada, lanzando misiles hacia cualquier objetivo
alcanzable. Sin importar la forma, Hamas siempre se amparó en un supuesto
mandato divino para matar población civil. Su método ha sido el terror. Y su
método siempre justifica el fin, que no es precisamente el bienestar de su
pueblo ni la construcción de un estado que viva en paz con sus vecinos.
Menos aún le interesan a
Hamas los muertos inocentes e injustificables que resultan de las operaciones
militares israelíes. Nunca le interesaron. A la prueba está la evidente y
constante decisión de librar su guerra inmiscuido entre la población civil
palestina.
¿Qué debería hacer Israel
o cualquier otro país con una organización terrorista instalada en un
territorio contiguo al suyo y cuya razón de ser es borrarlo del mapa?
Al parecer, varios de
ustedes opinan que debería quedarse de brazos cruzados. Pero imagino que la
población civil israelí tiene el mismo derecho a protección que tenían los 191
que murieron aquel 11 de marzo de 2004 en los trenes de Cercanías en Madrid, o
los más de 3.000 que murieron en las torres gemelas, o los que sufrieron el
ataque con gas sarín en el subte de Tokio en 1995, entre las tantas víctimas
inocentes que ha dejado este tipo de actos en el último siglo.
Lo dije antes y lo
repito, esta es una guerra entre un Estado soberano y un grupo terrorista que
alcanzó el poder político en 2006 solamente por un “voto protesta”. Un voto
palestino que, cansado de décadas de vivir en condiciones infrahumanas en Gaza,
no veía ninguna solución a la vista con los sucesores de Arafat. Pero para
desgracia de aquellos palestinos que quieren vivir en paz, Hamas tampoco les ha
dado las respuestas que ellos requieren. Y, quizás, por este camino llegamos a
una cuestión de fondo con la que muchos de ustedes están preocupados: ¿por qué
los palestinos no tienen un Estado?
Yo sé que algunos de
ustedes creen que es responsabilidad auténtica de Israel. Pero el asunto es
bastante más complejo de lo que parece.
El pueblo palestino no
tiene un Estado porque durante las pocas décadas del mandato británico
(1922-1948) nunca se sublevaron ante sus colonizadores. Porque jamás supieron
cómo construir institucionalidad. Porque nunca se organizaron ni protestaron
ante sus líderes acomodaticios con el poder de turno. El pueblo palestino no
tiene una tierra porque en 1937, cuando el enviado británico Lord Peel propuso
por primera vez una partición del territorio entre una mayoría árabe y una
minoría judía, se negaron rotundamente. Porque se volvieron a negar de igual
manera 10 años después, cuando Naciones Unidas decretó la división del
territorio. Porque durante 1948 no combatieron por su independencia y relegaron
su soberanía a un grupo de Estados árabes (Egipto, Líbano, Siria, Jordania,
Irak y Arabia Saudita) que atacaron Israel pensando solamente en sus intereses
y sin importarle en lo más mínimo la suerte de sus “hermanos” palestinos,
traicionándolos dentro y fuera del campo de batalla.
El pueblo palestino no
tiene un Estado porque después de 1948, y durante 20 años, Egipto se apoderó de
Gaza y el rey Hussein de Cisjordania. Y porque recién después de 1967 Arafat
los sacó del ostracismo al que habían estado condenados durante dos décadas (y
los volvió a poner en el ostracismo de la miseria, eligiendo siempre el camino
de la guerra). El pueblo palestino no tiene un Estado porque durante esa
primera guerra definitoria del destino de la región algunos vendieron sus
tierras, otros huyeron y la gran mayoría fue expulsada. Y porque Israel nunca
más los dejó volver. Y porque a lo largo de su triste historia sus
representantes jamás velaron por sus intereses.
El pueblo palestino es
víctima y responsable de su propia situación histórica. Una situación que tiene
variables y razones –apenas esbocé algunas aquí–, entre ellas la
responsabilidad israelí, pero de manera alguna única o exclusiva.
Los hombres que han
conducido los destinos del Estado de Israel también se han equivocado. Varias
de las acciones que Israel ha cometido en el pasado son indefendibles. No tengo
duda que la ocupación de territorios por colonos israelíes es una de ellas. Y
las acciones y dichos de fundamentalistas judíos e israelíes –que también los
hay, por supuesto– es otro. O acaso los que han buscado incansablemente
mantener el status quo. Claro que se han equivocado.
Pero yo soy de los que
entiende por qué cada uno de los primeros ministros de Israel siente que
pasarán muchos años para que llegue el día en el que uno de ellos tome una
decisión que ponga en peligro a su población. Quizás ustedes no lo puedan
entender. Quizás no quieran entenderlo. Pero quizás, y ojalá lo haya logrado
con estas palabras, se acerquen a este tema con menos linealidad y más
complejidad.
(*) Periodista.
Estudiante del máster de Relaciones Internacionales de King’s College de
Londres.
Israel, Hamas, los palestinos y los uruguayos
28/Jul/2014
El Observador, Martín Natalevich