ISIS: la barbarie, en un mapa en plena descomposición

27/Ago/2014

Clarín, Marcelo Cantelmi

ISIS: la barbarie, en un mapa en plena descomposición

Las imágenes del
asesinato del periodista James Foley han circulado como un alud de espantos por
las redes sociales. Pero sería un error interpretar ese episodio como un acto
de propaganda más de la banda terrorista ISIS. Hay de eso por cierto, pero lo
central es observar que semejante atrocidad anticipa los términos y
características en que se librará esta guerra que viene. La “solución final”
que ejercita sin disimulos esta organización integrista, crecida a la sombra no
tan indiferente de Occidente en Irak y Siria, tendrá numerosos episodios como
este que golpearán la retaguardia de quienes intenten hacerles frente. Y no
será menor el daño que ese efecto causará.
Hay un trasfondo que no
debe ser ignorado. Esta barbarie sucede en momentos de extraordinaria
inestabilidad mundial. Cuando la crisis entre Israel y el universo palestino ha
alcanzado su mayor altura aun por encima de la última Intifada; con una montaña
de muertos en el Este ucraniano y la pelea en progreso de potencias emergentes
como Rusia para no ceder los espacios que en su visión la historia les permite
en este presente; con China decidida a convertir el Mar Oriental y el Mar del
Sur, frente a sus costas y de otra media docena de países, en un “mare nostrum”
a despecho de los costos bélicos que eventualmente supondrá. De eso ya da
señales la carrera armamentista en esa zona de altísimo nivel estratégico donde
se acumula la mayor capacidad militar del planeta.
También alimenta la
inestabilidad el enorme disloque que experimenta la democracia y el Estado por
una empinada concentración del ingreso que llena de frustración las capitales
del norte mundial. En eso mismo radica una de las explicaciones, ni la menor ni
la única, de la presencia de occidentales entre las filas del ISIS así como el
crecimiento exponencial que muestran las formas más abyectas de religión y
mesianismo en una región desbordada de jóvenes con el futuro cancelado.
El líder de Hezbollah, el
partido político libanés con brazo armado, Hasan Nasrallah, un aliado duro de
Irán y una voz autorizada más allá de lo polémico del personaje, sintetiza de
este modo de qué se trata el ISIS: “Es lo más complicado y peligroso que jamás
ha ocurrido. Forma parte de un proyecto para establecer un nuevo mapa en
Oriente Medio … controla un gran espacio y tiene bases en varios países
árabes. Quiere eliminar a todos: sunnitas, shiítas, cristianos, kurdos,
yazidíes y turcomanos. Este monstruo está creciendo y es cada vez más grande”.
Si Nasrallah habla como parte del poder regional iraní, desvela la coalición
entre EE.UU. y la potencia persa que revive la que en su momento anudaron, por
encima de la retórica, contra los taliban de Afganistán en 2001 o el dictador
Saddam Hussein en 2003.
Al revés de la vidriosa
Al Qaeda que no era una red y carecía de un cuartel localizable, el ISIS tiene
base territorial, control de ciudades y alto nivel militar. Es un detalle a
favor de sus enemigos. La guerra antiterrorista que lanzó EE.UU. contra Al
Qaeda se diluyó porque el blanco era un espectro. No será este el caso. Pero
las alianzas que ha provocado trastocan los ya conmovidos tableros de la
región. La operación que realiza EE.UU. en el Norte de Irak junto a los kurdos
aliados de Irán, pone en alerta al gobierno de Bagdad dócil pero reacio a que
esas milicias aprovechen estos vientos y se apoderen para siempre de un tercio
del país con alta riqueza petrolera. Teherán opera para aliviar esas tensiones
y las que persisten en Irak entre shiítas y sunnitas. Así lo coordinaron en un
encuentro reservado en Omán, un asesor del vicepresidente de EE.UU. y el
director de África de la cancillería iraní. Un reporte del grupo de
inteligencia privado Stratfor señala que, además, se acordó el despliegue de
comandos de la famosa brigada Al Quds iraní en la provincia de Diyala, mano a
mano con los “asesores” militares de EE.UU. El pragmatismo es tal que se ha
sumado al frente el PKK kurdo, un grupo considerado terrorista por Turquía y
sus aliados de la OTAN.
En ese encuadre cabe
preguntarse qué sustentabilidad tendrán esas alianzas en el futuro. Y hasta qué
punto las autocracias árabes o incluso Israel permitirán que la monstruosidad
del ISIS se convierta en una buena noticia para Irán y sus aliados, Siria o
Hezbollah. Si se dejó en su época avanzar a los nazis sobre Rusia aun cerrando
los ojos a las atrocidades que cometía el Reich contra el pueblo judío, cuál es
la razón hoy que haría que quienes fondean al ISIS le saquen la mano cuando
tiene un blanco claro en la teocracia iraní. La teoría general sería expulsar a
los terroristas desde Irak a Siria y que ahí hagan el trabajo sucio contra la
dictadura de Bashar al Assad. Así pareció sugerirlo este jueves el jefe del
Estado Mayor Conjunto de EE.UU. Martin Dempsey. “Assad es absolutamente parte
del problema”, dijo. Pero eso es cuanto menos una ingenuidad. Siria está hoy
encadenada a Irán y a su juego de alianzas. En última instancia, es el callejón
en el que EE.UU. no quiere entrar. La duda es si podrá evitarlo.
Este cronista conoció a
James Foley durante semanas en Bengazi, en el frente de la guerra civil de
Libia en 2011. Ese conflicto se libró sobre una extensa ruta que iba desde esa
ciudad, en la Cirenaica, hasta el Golfo de Sirte frente al Mediterráneo y aún
más allá rumbo a Trípoli. Nunca se sabía con exactitud dónde estaba el frente
que surgía de pronto cuando comenzaban los disparos y se escuchaba el grito
alarmado de Allah Akbar. En una jornada de recorrida, Foley y sus compañeros
cruzaron sin saberlo las líneas enemigas. Con él estaba su compatriota Clare
Morgana Gillis, el fotógrafo español Manuel Brabo y el cámara sudafricano Anton
el Hammel. Cuando advirtieron el error fueron acorralados por el fuego de
fusiles y metralla de la milicia de Muammar Khadafi. Se tiraron sobre la arena
y fue Foley quien logró frenar el ataque alzándose sobre sus piernas para
gritar “prensa” en medio de los disparos. Cuando los capturaron, Anton, que
cumplía su primera misión de guerra y ansiaba regresar a su país donde acababa
de nacer su hijo, tenía el vientre abierto por una andada de proyectiles y
quedó boqueando sobre la arena con las manos cubriéndose el estómago sin que
nadie lo auxiliara. Hasta el momento no se sabe siquiera dónde quedó su
cadáver. Cuando se machaca con conceptos como “periodismo militante” se
deberían tener en cuenta estos ejemplos del periodismo que milita en la única
dirección posible, la de jugarse todo para que no quede oculto aquello que el
poder, cualquiera que sea, pretende alejar de la luz pública. Vaya mi homenaje
a este nuevo compañero caído.