2-3-2012
UNA IMPORTANTE REEDICIÓN
Ana Fornaro
EN UNA MANSIÓN de Kiev, a principios del siglo XX, una Irène niña recorría los cuartos en busca de libros que la sacaran del sopor de la vida de la alta burguesía. Los Némirovsky eran una de las familias judías más acaudaladas de Rusia, e Irène la única hija de un banquero y una madre que dedicó su vida a renegar de su rol. Quien se convertiría en una de las autoras más importantes del siglo XX empezó a escribir durante su adolescencia de manera feroz, obsesiva, casi por supervivencia, y terminó su vida de la misma forma en 1942, cuando sólo tenía 39 años y fue deportada a Auschwitz, donde fue asesinada.
Luego de recorrer diversos países de Europa, los Némirovsky, que huyeron de la revolución bolchevique, se instalaron en París, donde vivieron a lo grande. Irène era muy joven, hablaba fluidamente siete idiomas y Francia cayó rendida a sus pies. Ya había publicado varios cuentos humorísticos con seudónimos, pero fue una novela que envió de manera anónima a la editorial Grasset, David Golder (1929), la que la consagró como escritora. El editor mandó a buscar, desesperado, al autor de aquella novela sobre un banquero judío, que estaba narrada con la fineza y la agudeza de un escritor ruso del siglo XIX.
Sus años de juventud estuvieron marcados por las fiestas, la celebridad y el respeto por sus obras, tanto por escritores judíos como por antisemitas. El nazismo aún parecía lejano y las novelas de la joven autora, muy críticas -casi caricaturescas- respecto a la cultura judía, fueron recibidas estupendamente. El repudio hacia su madre -quien oscilaba entre la tiranía y la indiferencia- se tradujo en obras como El vino de la soledad (1935) y El baile (1930). Irène finalmente sentó cabeza y se casó con Michel Epstein, otro banquero judío, con quien tendría dos hijas. Denise y Élisabeth casi no conocieron a su madre pero la descubrirían medio siglo después, al reconstruir unos manuscritos que transportaron durante toda su infancia mientras escapaban de los nazis.
Cuando en 2004 su hija Élisabeth, que se había convertido en editora, decidió publicar esos manuscritos, el éxito fue inmediato. Los escritos se convertirían en una de las novelas fundamentales sobre la toma de París por los nazis y la posterior ocupación. Suite francesa fue la primera obra póstuma merecedora de un premio Goncourt. Con ella llegaron múltiples reediciones e innumerables traducciones, que revivieron una obra brillante, comparada a la literatura de Turguéniev y Dostoievski.
ENCUENTROS IMPOSIBLES. La reedición de la traducción española de Los perros y los lobos, última novela publicada en vida de la autora, es una prueba más del «fenómeno Némirovsky» y una buena puerta de entrada a su literatura.
Su obra gira en torno a dos ejes fundamentales: el judaísmo y la cultura rusa. Pero lejos de ser una celebración nostálgica de su origen, es una visión crítica y bastante desencantada de una época y una historia que le pesaba y que no sentía como propia. Los perros y los lobos narra la vida de una familia judía ucraniana de clase media atravesada por dos amores imposibles: el de los protagonistas y el de los judíos con Francia.
Ada Sinner, unos de los personajes femeninos más potentes de toda la literatura de Némirovsky, es la hija de un comerciante judío que crecerá entre los pogroms y la conciencia de clase y de género. Una niña apasionada por la pintura y por su primo lejano, Harry Sinner, que, a pesar de compartir el apellido, resulta tan inaccesible como la parte alta de su ciudad natal. La primera parte de la novela ocurre en Kiev y es un retrato de las costumbres, vicios y desdichas de la comunidad judía bajo el reinado de Nicolás II. Las descripciones de los personajes, mediatizadas por diversas voces, pasan de lo patético a lo dramático y suelen tener un halo de ironía que refuerza aún más la crítica.
La genialidad de Los perros y los lobos consiste en la capacidad para combinar una radiografía de la idiosincrasia judía con la descripción, en la segunda parte de la novela, de la cultura francesa y su siempre problemática asimilación del Otro. En este sentido, Némirovsky, que escribía en francés y adoptó como suya esa cultura, fue implacable. La escritora, a quien le fue negada la nacionalidad francesa a pesar de ser una autora célebre, era consciente de la situación precaria de los judíos en Europa, de su necesidad de paliar con dinero el repudio social y de la desesperación de los inmigrantes pobres por su doble condición de parias. Los judíos en Francia «hablaban una lengua extranjera y pasaban junto a uno a toda prisa y con los ojos bajos, como si le tuvieran miedo, eran ¡bah!, eran extranjeros, seres errantes, sin raíces, inmigrantes sospechosos». La lucidez descriptiva y una inteligencia que le permite trabajar a los personajes con una profundidad admirable, hacen de Los perros y los lobos una novela que tiene la consistencia de un verdadero clásico.
¿UNA JUDÍA ANTISEMITA? Así como es celebrada y considerada una de las autoras más importantes del siglo XX, Irène Némirovsky ha sido duramente criticada por el retrato que hace del judaísmo. Acusada de la apropiación de los lugares comunes y prejuicios que se tenían (y se siguen teniendo) en torno a la cultura judía, el estupor se incrementó al saber que se convirtió al cristianismo en 1940. Para esa fecha la escritora ya no podía trabajar ni publicar con su propio nombre y fue obligada, a pesar de su conversión, a llevar la estrella amarilla.
El despertar de la escritora a la realidad fue lento. Sólo una vez que empezó a vivir en carne propia la amenaza nazi se dio cuenta del daño que podía causar al ensañarse tanto con su cultura de cuna. De hecho, en 1935 señaló que cuando escribió sus obras más críticas, el clima político y social era diferente. Aunque tarde, declaró: «Es absolutamente certero que si hubiera estado Hitler, no habría escrito David Golder de la misma forma».
De alguna manera se estaba adelantando a lo que le pasaría. En julio de 1942, antes de ser deportada y asesinada, le escribió a su editor: «Querido amigo… piense en mí. He escrito mucho. Supongo que serán obras póstumas, pero ayuda a pasar el tiempo». Nada pudo salvarla. Ni sus vínculos con los editores antisemitas, ni las cartas de su marido al embajador alemán, donde subrayaba que su esposa nunca había hablado con afecto de los judíos, ni su conversión al cristianismo. Era judía y punto.
Los intentos desesperados de salvar a su mujer sólo lograron que Michel Epstein fuera también deportado y asesinado, dejando huérfanas a dos niñas que vivirían para contar la historia de su madre. Aunque el proceso fue largo, sus hijas lograron sacudir los fantasmas del período del horror y lograron darle, a través de la publicación de sus manuscritos, el merecido lugar que hoy ocupa Némirovsky en la literatura universal.
LOS PERROS Y LOS LOBOS, de Irène Némirovsky. Salamandra, 2011. Barcelona, 224 págs. Distribuye Gussi.
En español
Varios libros de Irène Nemirovsky aparecieron en Salamandra: David Golder, El Baile, El caso Kurilov, Los perros y los lobos, Suite francesa, El ardor de la sangre, El vino de la soledad, El maestro de almas, Nieve en otoño.
Fogatas fue editado por Muchnik Editores. A su vez, Fabril Editora publicó en 1961 La vida de Chéjov, de la que hay una edición posterior de Libros del Mirasol. Su libro infantil Un niño prodigio fue dado a conocer en castellano por Alfaguara.
Irène y los lobos
02/Mar/2012
El País Cultural, Ana Fornaro