Iraníes están divididos entre el amor y el miedo

25/Jun/2012

El País, Uruguay, Que Pasa, Nicholas D. Kristof

Iraníes están divididos entre el amor y el miedo

Qué Pasa

Mis 2.735 kilómetros a lo largo de Irán empezaron con un vertiginoso himno a Estados Unidos, reforzando mi opinión de que, a nivel del pueblo, esta puede ser la nación más pro estadounidense en Medio Oriente.
23-6-2012
Mis 2.735 kilómetros a lo largo de Irán empezaron con un vertiginoso himno a Estados Unidos, reforzando mi opinión de que, a nivel del pueblo, esta puede ser la nación más pro estadounidense en Medio Oriente.
«¡Amamos a Estados Unidos!» dijo con entusiasmo un ex comando militar, actualmente vendedor de ropa, en mi primera noche en el centro espiritual de Mashhad. Estaba tan eufórico que pensé que iría a abrazarme, y si bien reconoció que su negocio estaba sufriendo enormemente a raíz de las sanciones occidentales, responsabiliza a sus propios dirigentes.
«No puedo culpar a Estados Unidos», dijo. «Amo demasiado a Estados Unidos».
Esa difícilmente sea una opinión universal. Encontré muchos iraníes -particularmente en el campo- que apoyan con firmeza a las autoridades iraníes y resienten lo que ven como la intimidación del gobierno estadounidense. Pero, aunque los iraníes para nada constituyen un bloque monolítico, una característica era ubicua: su calidez cuando descubrían que yo era estadounidense.
El gobierno iraní me dio una visa de periodista, lo cual es muy inusual, así como permiso para conducir sin escolta a través del país por una ruta aprobada por el gobierno desde Mashhad, en el este, hasta Tabriz, en el oeste, y de vuelta a Teherán. Sobre la marcha, entrevisté gente al azar y, hasta donde puede ver, nadie me siguió.
En comparación con mi última visita, en 2004, la gente parece más desconforme, principalmente debido a las dificultades ocasionadas parcialmente por sanciones occidentales. Esas sanciones están causando amargo dolor, pero incluso así, todo parece indicar que un sorprendente número de iraníes señala mayormente a sus propios líderes por los pesares.
Otra diferencia con mi última visita: la gente está más asustada. Los iraníes se sienten suficientemente libres para refunfuñar de sus dirigentes, incluso cuando alguien puede oírlos, pero desde la represión de 2009 se ha marcado un límite: cualquier cosa que se aproxime al activismo, incluidas las críticas en público. Un bloguero está cumpliendo una condena de 15 años en prisión, al tiempo que iraníes han sido encarcelados solo por conceder entrevistas a periódicos extranjeros.
Un empresario fue mordaz con respecto al gobierno cuando hablamos casualmente. «Tenemos una economía terrible, todo debido a nuestro presidente», dijo. Sin embargo, una vez que sacamos un cuaderno y una cámara, empezó a elogiar al gobierno.
Es sumamente difícil sondear la opinión pública en un país autoritario, pero es claro que hay muchos partidarios del gobierno, particularmente entre agricultores y trabajadores menos educados.
«El pueblo iraní está feliz con sus dirigentes», me aseguró Monad Omidvar, jornalero de 38 años de edad, mientras jugaba canicas con sus amigos junto al camino cerca de Mashhad. Cursó hasta el noveno grado, y su única fuente de noticias son los medios del gobierno.
Cuando inquirí sobre activistas de los derechos humanos y miembros de la fe bahái que están en prisión, meneó la cabeza con escepticismo. «No creo que gente inocente vaya a la cárcel en nuestro país», dijo. «Deben haber hecho algo».
Sin embargo, fueron más comunes las personas como el empresario con Adidas y Ray-Ban que dijo con sorna: «La revolución iraní fue un error». O el separatista en Tabriz que ha perdido la fe en Irán y quiere que el noroeste del país se una a Azerbaiyán. O el hombre en una parada de descanso a la vera del camino que criticó mordazmente a Estados Unidos por intimidar a Irán, pero agregó: «a nuestros líderes se les han zafado las tuercas». O la mujer que ha abandonado los rezos y los ayunos religiosos, explicando: «El mayor factor que ha vuelto al pueblo en contra del islam es este gobierno».
De hecho, las expresiones de amor hacia Estados Unidos reflejan, en parte, la aceptación intuitiva de muchos iraníes de cualquier cosa que condenen los medios de comunicación del estado.
Irán transmite un aire de autoritarismo similar al de otros países que he cubierto antes de que se vinieran abajo. Supongo que la desaparición del sistema es cuestión de tiempo. a menos que haya una guerra entre Irán y Occidente, quizá desatada por ataques israelíes en contra de sitios nucleares de Irán. Eso provocaría una repercusión nacionalista y rescataría a los ayatolás.
NICHOLAS D. KRISTOF
Analista
Kristof tiene dos columnas semanales desde 2001 en The New York Times, diario para el que trabaja desde 1984. En 1990 (junto a su esposa, Sheryl WuDunn) ganó un Pulitzer por su cobertura de los sucesos de la plaza Tiananmen en China. Ganó otro Pulitzer en 2006 por sus columnas. Ha publicado varios libros. Esta columna la escribió en Mashhad, una escala de su viaje por Irán.