El cómo los distintos gobiernos del mundo traten a sus presos, nos dice mucho sobre sus principios y valores. Pero en especial, si de presos políticos y de conciencia se trata, y en plena expansión de la pandemia de Coronavirus, debemos observar muy especialmente qué sucede en sus cárceles y lugares de reclusión.
Para ello, deberíamos contar con información transparente y veraz brindada por sus autoridades, y ello por cuanto las circunstancias actuales pueden tentar a los gobiernos más autoritarios a limitar o violar el ejercicio de los derechos humanos de su población, so pretexto de combatir la pandemia. Algunos ejemplos ya se avizoran en nuestro planeta. Muchos gobiernos autoritarios y/o populistas encuentran la ocasión propicia para fortalecer sus cuestionadas políticas. Entre ellos, encontramos que teocracias como la iraní, han sido denunciadas por Amnistía Internacional, entre otras organizaciones, por mantener detenidos a presos políticos o de conciencia sin brindarles las más mínimas garantías en materia de salubridad e higiene, en medio de esta pandemia.
EL CASO DE NAZANIN ZAGHARI.
Un caso concreto, aunque no el único, es el de Nazanin Zaghari-Ratcliffe, una trabajadora social de doble nacionalidad iraní británica (Ratcliffe es el apellido de su esposo británico, con quien tiene una pequeña hija de 2 años), y que actualmente trabaja para la Fundación Thomson Reuters –filial de la agencia de noticias canadiense, gerenciando programas de apoyo para activistas de los derechos humanos de los persas. Anteriormente había trabajado para la BBC británica, en programas de apoyo a periodistas de lengua persa, dentro y fuera de Irán, lo cual motivó las acusaciones en su contra.
Nazanin Zaghari había viajado a Irán el 17 de marzo de 2016 junto a su pequeña bebé Gabriella, en ocasión del año nuevo iraní, para visitar a su familia. Pero el 3 de abril del mismo año, mientras esperaba con su pequeña para abordar el vuelo de regreso al Reino Unido, miembros de la Guardia Revolucionaria iraní las arrestaron en el aeropuerto. SI bien posteriormente fue liberada, Nazanin debió permanecer en Irán a disposición de la Fiscalía local, al tiempo que permitieron a su hija reencontrarse con el padre. Pero al tiempo, fue nuevamente encarcelada, y en septiembre de 2016 declarada culpable de dirigir «… un curso de periodismo en línea persa de la BBC World Service destinado a reclutar y capacitar a personas para difundir propaganda contra Irán”, y realizar actividades “subversivas”. La prensa oficialista iraní “informó” sobre su presunta participación en las organizaciones de derechos humanos “Mujeres que viven bajo leyes musulmanas” e “Hivos” como motivo de su arresto.
Fue condenada a cinco años de prisión «por conspirar para derrocar al régimen iraní».
En prisión, se encontró con numerosas mujeres catalogadas por diversos organismos como presas políticas o, como en este caso, de conciencia. El término preso de conciencia fue acuñado por Amnistía Internacional a principios de la década de 1960, y definido como «cualquier persona a la que se le impide físicamente (por prisión u otras causas) expresar (en cualquier forma de palabras o símbolos) cualquier opinión que mantiene honestamente y que no defiende ni justifica la violencia personal». Con esta definición se pretendía diferenciarlos de los presos políticos. Durante su confinamiento, y separada de su pequeña hija, su salud comenzó a deteriorarse, sufrió ataques de pánico, y más recientemente, cuando aparece la pandemia del CORONAVIRUS19, se sospechaba que la cárcel podría estar contaminada y que Nazarin podría haberse contagiado, ya que sufría los síntomas típicos. Sin embargo, se le continuaba negando el derecho a recibir asistencia médica, lo que motivó que, tanto su familia, como organismos defensores de derechos humanos (v.g. la campaña “Free Nazanin”), así como el gobierno británico, plantearan enérgicos reclamos. “Su salud se ha resentido ya de los malos tratos sufridos en la prisión, donde se le negó anteriormente atención médica esencial. Por numerosos casos previos, sabemos que las autoridades iraníes utilizan a veces la negación de atención médica como forma adicional de castigo contra los presos y presas de conciencia, así que el temor por Nazanin es aún mayor’, expresó Kate Allen, Directora de Amnistía Internacional Reino Unido (según el sitio web oficial de dicha organización).
LA SALIDA TRANSITORIA CON USO DE TOBILLERA.
Finalmente, el 17 de marzo del corriente, las autoridades judiciales iraníes le permitieron a Nazani una especie de “salida transitoria” hasta el día 4 de Abril de 2020, pero a condición de que use lo que conocemos como una “tobillera”. En un comunicado publicado por su familia, Nazani Zaghari-Ratcliffe dijo: “Estoy muy feliz de estar fuera. Incluso con la etiqueta del tobillo (o tobillera), estoy muy feliz. Estar fuera es mucho mejor que estar dentro, si supieras qué demonios es este lugar. Es mental. Esperemos que sea el comienzo de volver a casa”(1). Luego, se extendió su salida transitoria hasta el día 18 de abril próximo.
Su esposo, Richard Ratcliffe, le dijo al periódico británico The Guardian, que acogió con cautela el permiso temporal hasta el 4 de abril, cuatro años y un día desde su primer encarcelamiento, pero dijo que aún desconocía cuáles eran sus perspectivas a largo plazo. “Estoy bastante seguro de que tenía coronavirus y estuvo enferma durante dos semanas, pero se recuperó. La última semana, la conversación se enfatizó mucho sobre si ella saldría. Al final, sintieron que solo estaban jugando un juego ” (2). El uso de una tobillera significa que no puede visitar tiendas, ni ninguna de las casas de sus familiares, a excepción de la de sus padres donde se hospeda, ni, obviamente la embajada británica. Además, no puede alejarse más de 300 mts. de la casa de sus padres en Teherán.
De todos modos, a Nazani Zaghari-Ratcliffe es a la única prisionera a la que se le obligó a usar tobillera durante estas salidas, en que fueron autorizadas más de un tercio del pabellón de mujeres. Es que, obligado por la pandemia, a la que primero el gobierno le restó importancia hasta que varios dirigentes del gobierno enfermaron e incluso murieron, la teocracia iraní se vio obligada a liberar temporalmente y mediante el pago de fianza, a unos 85.000 prisioneros en las últimas semanas de marzo. Aunque también es cierto que el gobierno persa encontró la excusa de conmemorar el Nouruz (el Año Nuevo Iraní), que cayó el 20 de marzo pasado. Los analistas políticos también argumentan que el régimen quería aumentar su legitimidad tras el derribo de un avión de pasajeros ucraniano en el que murieron las 176 personas que iban a bordo.
LA PANDEMIA Y LOS DERECHOS CIVILES.
Si bien nadie sabe cuál será el saldo final que el mundo pagará por esta pandemia del Coronavirus19, sí es ésta, una buena oportunidad para repasar las actitudes de los distintos gobiernos. Y, como decíamos al principio, tratar de augurar qué ocurrirá el día después en cuanto a los distintos sistemas políticos en el mundo. Si es que los gobiernos más autoritarios profundizarán sus prácticas antidemocráticas, violando derechos humanos de sus poblaciones, o si ocurrirá lo contrario.
En Irán, al menos, el panorama no es alentador. Por ahora no hay intención de modificar el Código Penal Islámico, que tipifica como delito actos que en general , en sociedades democráticas, no lo son, como la participación en protestas pacíficas, o el que las mujeres mantengan relaciones extramatrimoniales, conduzcan sin velo, asistan a fiestas mixtas y beban alcohol. Hay demasiadas mujeres que bogan por sus derechos civiles y que han sido reprimidas. Y aún hoy continúan vigentes en dicho Código Penal, y para toda la población, castigos corporales como la ceguera y amputación, como castigo por incurrir en el delito de hurto.
En síntesis, al drama de la pandemia, se le agrega la situación de represión y confiscación de derechos humanos, un panorama nada alentador para “el día después”, mientras la teocracia iraní siga haciendo de las suyas.
(1)Sitio web de Amnisitía Internacional.
(2)Al Arabiya en Inglés, del 18 de marzo de 2020, y The Independent, del 29 de marzo de 2020).
Irán, el coronavirus y los Derechos Humanos
03/Abr/2020
Por Dr. Jaime Apoj, para CCIU