Irán: bahá’ís de Irán perseguidos hasta la muerte

01/Mar/2012

Info Medio, Rafael Cerrato

Irán: bahá’ís de Irán perseguidos hasta la muerte

MARTES 28 DE FEBRERO DE 2012
Hace dieciocho años, a los bahá’ís en la ciudad iraní de Sanandaj se les asignó una parcela de una hectárea de terreno árido en la orilla de un camino para usarse como cementerio.
Este pendiente rocoso, desprovisto de vegetación, no era un terreno de primera, pero después del primer entierro en ese sitio en el otoño de 1993, los bahá’ís del lugar se reunieron para ajardinarlo, extraer las rocas y mejorar el suelo. Plantaron y regaron a mano 250 cipreses y árboles de abeto, aportados por la Oficina de Agricultura. Instalaron energía eléctrica y levantaron un pequeño cuarto a usarse para preparar los cuerpos para el entierro.
Siempre se obtuvieron los permisos necesarios. Cuando los bahá’ís querían cavar un pozo, solicitaban y obtenían permiso de parte del Consejo Regional de Agua. En las fechas de caducidad, los permisos fueron renovados correctamente.
Impresionada por la transformación del sitio, la Oficina de Recursos Naturales sugirió a los bahá’ís que considerasen la posibilidad de plantar árboles en un terreno público adyacente al cementerio, ampliando así la zona verde. Como resultado, los residentes de Sanandaj, en gran parte sunitas, llegaron a respetar el lugar como símbolo de la presencia pacífica de la comunidad bahá’í en su ciudad.
Por Rafael Cerrato
Pero ahora, la belleza de la zona y su verdor parecen haber instigado un cambio en la actitud oficial. Ahora las autoridades quieren recuperar el cementerio, insistiendo en la demanda del estado de reclamar ese terreno, a pesar de haber otorgado a los bahá’ís los títulos de rigor. A fin de este mes habrá una audiencia en la corte para tratar una orden de confiscación del lugar y de destrucción de sus edificaciones y sepulturas.
En otro ejemplo de vandalismo en los cementerios de propiedad bahá’í en Irán, lápidas en la zona de Najafabad quedaron amontonados por la acción de una máquina excavadora.
Estos acosos recientes contra los bahá’ís en Sanandaj no presagian nada bueno. En la madrugada del 19 de diciembre, agentes del Ministerio de Inteligencia llevaron a cabo redadas de doce residencias bahá’ís en la ciudad. Confiscaron libros, folletos y fotografías bahá’ís, además de discos compactos, cassettes de audio, ordenadores, teléfonos celulares, discos de computadora y documentos personales.
«A la luz de este recrudecimiento de persecuciones contra la comunidad bahá’í de Sanandaj, parece que el destino del cementerio ya ha sido decidido por orden del Ministerio de Inteligencia», dijo Diane Ala’í, representante de la comunidad bahá’í ante la Organización de las Naciones Unidas en Ginebra.
En un anuncio dado a conocer el 17 de enero, la Organización de Derechos Humanos de Kurdistán exhortó a las autoridades a observar «tolerancia y admisión de otras creencias». Describió la «nueva ola de presión y restricciones contra la comunidad bahá’í» como «actos inhumanos e ilegales [. . .] en violación de los tratados y convenciones de derechos civiles y políticos».
Bajo el régimen actual de Irán, el caso de Sanandaj no es único. Desde 2007, han habido más de 30 incidentes de vandalismo, incendios u otros problemas relacionados con cementerios propiedad de los bahá’ís, o esfuerzos de su parte de enterrar a sus muertos.
«No contentos con sólo perseguir a los seres vivientes, las autoridades iraníes tratan de perturbar la paz incluso de quienes han fallecido», dijo Ala’í. «Este es el más reciente de una larga serie de ataques a cementerios bahá’ís y sus ritos funerarios. Todos están en total violación de las normas internacionales de derechos humanos y del concepto del respeto a los muertos de cualquier persona decente».
Algunos ejemplos recientes:
Un cementerio de reciente adquisición en Sangsar, provincia de Semnan, concedido a los bahá’ís locales por parte del municipio, fue objeto de vandalismo por parte de intrusos desconocidos en marzo de 2011 quienes cubrieron las tumbas de tierra, arrancaron los árboles de raíz y destruyeron dos chozas.
– En julio de 2010, tumbas en el cementerio bahá’í de Jiroft, provincia de Kerman, fueron destruidas por intrusos desconocidos mediante el uso de empujatierras.
– A finales de mayo de 2010, el cementerio bahá’í de Mashhad fue destrozado en horas de la noche con un cargador frontal y otra maquinaria pesada. Las murallas del cementerio, la funeraria, y el recinto donde se recitaban oraciones fue seriamente dañado.
Otros incidentes incluyen esfuerzos por parte de las autoridades para obstruir los ritos funerarios bahá’ís.
En Tabriz, por ejemplo, a los bahá’ís durante años se les había permitido el acceso al cementerio público de la ciudad. Pero en agosto del año pasado, a los familiares de una señora bahaí recientemente fallecida se les dijo que tendría que tener un entierro según los ritos musulmanes. Ante este hecho, tuvieron que enterrarla en un cementerio bahá’í en otra ciudad. Un incidente similar ocurrió en octubre pasado cuando los restos de un hombre bahá’í fueron llevados de Tabriz a otro cementerio bahá’í a unos 100 kilómetros de distancia donde fue enterrado sin avisarle a la familia.
«En los foros internacionales las autoridades iraníes siempre dicen que no se les trata a los bahá’ís de manera diferente a los demás y sólo se les «castiga» cuando hacen algo ilegal», dijo Diane Ala’í. «Precisamente, ¿qué han hecho estos muertos para merecer semejante trato?»
«El embellecimiento del cementerio de Sanandaj y sus alrededores es prueba de la contribución sincera y positiva que desean hacer los bahá’ís iraníes a su país. Lo que es igualmente evidente es que a las autoridades les es imposible de aceptarlo».
Como se puede apreciar en Irán a los Bahá’ís no sólo se les persigue en vida. Incluso después de muertos se les sigue persiguiendo.
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