Informe de la DAIA sobre antisemitismo en Argentina: preocupa el crecimiento de grupos neonazis

16/Sep/2022

Infobae- por Hugo Martin

Infobae- por Hugo Martin

Según la organización que agrupa a las entidades judías argentinas, las 490 denuncias por antisemitismo que se hicieron en 2021 mantienen el número del año anterior, pero se incrementó la violencia. El rol de las redes sociales y la web. Qué dicen las víctimas de estos mensajes. La banalización de la Shoá. Lo que sucede en el mundo

Menciones a la Shoá como “El Holocuento”. Venta de artículos en una plataforma online que reivindican el régimen nazi. Mensajes en el grupo de Telegram de Médicos por la Verdad que dice “debes conocer la verdad sobre los crímenes de la elite judeosionista satánica”. Venta por internet de un juego de mesa llamado “Secret Hitler”. Un comentario en Facebook sobre los judíos: “cuidado que no te falte nada, tienen la manito muy larga”. Una cruz esvástica pintada sobre la Avenida Pavón al 3800. Panfletos en la ciudad de Viedma con la imagen de Hitler y consignas de la Alemania nazi firmados por “Alerta Nacional”. Es apenas una pequeña muestra de las 490 denuncias de este tenor -y peores-, que recibió la DAIA durante el año pasado. En base a las mismas y a otras consideraciones, la organización que agrupa a 140 instituciones judías de nuestro país publicó su Informe sobre Antisemitismo en la Argentina 2021, un trabajo que el Centro de Estudios Sociales de la DAIA realiza desde hace 23 años en el marco de la Misión de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto.

Según indica Jorge Knoblovits, presidente de la DAIA, “el modo de pensar racista todavía sigue arraigado en la sociedad, a veces de forma sutil, otras de manera deliberada y explícita. Logró inmiscuirse en un supuesto ‘sentido común’ que debemos despertar y revisar sin descanso”.

El primero punto que destaca Knoblovits es que “la retórica antijudía se halla mayormente, según nuestras estadísticas, en las redes sociales”. Y advierte una tendencia que se esparce hacia todos los ámbitos de la actuación pública: “Este fenómeno crece año a año, contribuyendo a la circulación de discursos de odio que se viralizan exponencialmente. Debemos trabajar para insistir en un debate urgente acerca del rol de las redes sociales y de las empresas que ofrecen sus soportes”.

A Knoblovits le preocupa, además, que “si bien el número general de denuncias se mantiene relativamente estable respecto de otros períodos anuales, en esta oportunidad identificamos mayor violencia y, por ende, más casos judicializados. Los comportamientos durante y después de los momentos más críticos y destructivos que ocasionó la pandemia del COVID se vieron muy afectados en la convivencia, la aceptación de las diferencias y en la capacidad de ser inclusivos. Es probable que haya influido significativamente en actitudes de más ofuscamiento hacia los determinados como ‘otros’”.

Por su parte, Víctor Garelik, Director Ejecutivo de la DAIA, señala que “el espacio virtual es el lugar “predilecto” para que circulen mensajes de odio antisemita y la proliferación de material que hace apología del nazismo, el negacionismo y el racismo”.

Este jueves 15 de septiembre, a las 10 horas, el Informe Anual sobre Antisemitismo en la Argentina será presentado en el Aula Magna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA), en el marco del Congreso “Pasado y presente de la judeofobia” que la entidad organiza junto al Observatorio sobre la Lucha contra el Antisemitismo.

Vale recordar, antes de repasar las estadísticas a las que arribó la DAIA, la definición de antisemitismo a la que arribó la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto el 26 de mayo de 2016: “El antisemitismo es una cierta percepción de los judíos que puede expresarse como el odio a los judíos. Las manifestaciones físicas y retóricas del antisemitismo se dirigen a las personas judías o no judías y/o a sus bienes, a las instituciones de las comunidades judías y a sus lugares de culto”.

Las cifras del odio

El informe aporta una mirada cuantitativa y cualitativa del flagelo, alimentado desde la Mesa de Denuncias que posee la organización. En el mismo, la DAIA indica que durante el año 2021 recibió un total de 490 denuncias por hechos de antisemitismo, apenas un 3% menos que en el 2020, cuando se registraron 504. Sin embargo, explican que desde hace dos años, los hechos denunciados revisten mayor gravedad. Según la distribución mensual de los episodios, el mayor número sucedió en mayo, cuando transcurrió el conflicto “Guardianes del Muro” entre Israel y Hamás. Explican desde DAIA que los hechos que suceden en Medio Oriente tienen repercusión sobre el antisemitismo en nuestro país. También hubo un pico en septiembre, cuando DAIA intervino para que el músico Ricardo Iorio, que había tenido expresiones antisemitas, no pudiera cantar el himno nacional antes del partido entre Argentina y Bolivia por las eliminatorias sudamericanas.

Por otra parte, el espacio web continúa siendo preponderante: el 76% de las denuncias se dan en este ámbito, mientras que el 24% suceden en espacios geográficos. En el primer grupo, el 53% de las manifestaciones antisemitas tienen lugar en las redes sociales, seguidas por los sitios web con el 40% (tienen un marcado descenso) y los de mensajería -whatsapp- con el 6%. Mientras que en el segundo grupo, la Ciudad de Buenos Aires agrupa el 71% de las denuncias, mientras el Gran Buenos Aires tiene el 6%, el resto de la Provincia el 7%, Río Negro el 4% y el resto del país el 12%. Según el informe, eso no significa mayores índices de antisemitismo, sino “una mayor inclinación a realizar denuncias por parte de sus residentes”.

En cuanto al espacio web se remarca un incremento de denuncias de antisemitismo en las redes sociales y una disminución en aquellas que se producen en los sitios web: “Según datos brindados por la empresa WeAre Social, Argentina cuenta con más de 34 millones de usuarios que invierten un promedio de 3 horas y 11 minutos al día en el uso de ellas”.

Dice el informe que los sitios web vinculados con medios de comunicación digitales son aquellos que registran la mayor cantidad de denuncias por hechos de antisemitismo. Y resalta que “Infobae, que hasta hace dos años obtenía los porcentajes más elevados de manifestaciones judeofóbicas, debido al espacio que brindaba a noticias vinculadas a la comunidad judía, adoptó desde hace un tiempo la política de cerrar los comentarios de aquellas noticias que por su sensibilidad suelen generar expresiones violentas, lo que tuvo un efecto positivo en la disminución de las expresiones discriminatorias dentro de su plataforma”.

En las redes sociales, el mayor porcentaje de denuncias se lo lleva Facebook, la red más elegida en nuestro país, con el 49%, cuando en 2020 tenía el 27%. Twitter, que alcanza al 31%, en el informe anterior alcanzaba al 38%. Instagram figura con el 17% y tiene un crecimiento exponencial: en 2019 los mensajes antisemitas eran solo el 2% y el 2020 el 11%. En los servicios de mensajería prevalece Whatsapp con el 76% seguido de Telegram, que sin embargo está en crecimiento. Según el informe, éste último tiene políticas comunitarias “más laxas”.

Sobre los distintos tipos de discurso antisemita, el 27% se emitieron en relación a las políticas de Israel en Medio Oriente, como negar el derecho a la existencia de ese Estado o cuestionar el derecho a la defensa de ese país. El 22% se refiere a simbología nazi. Aquí, el informe agrupa las expresiones donde se reivindica al nazismo a través de la pintada de una cruz esvástica, el símbolo de las SS, la idolatría de sus figuras o su ideología o referencias a la “sangre impura”, etc. Luego, con el 24%, se agrupan las expresiones xenófobas. El trabajo de DAIA puntualiza en este ítem las que denomina agresiones “tradicionales a judíos sin mayor explicación”, por su otredad, como -especifica- decir “judío de m…”.

En relación al espacio y medio elegido para manifestar las expresiones antisemitas y la judeofobia, la abrumadora mayoría son hechas a través de comentarios escritos (un 70%), muy lejos se ubican las pintadas (14%). Asimismo, el espacio donde se emitieron esos discursos fue el cibernético en un 70%. Por su parte, el espacio público, que durante el aislamiento por el COVID había descendido al 6%, con la vuelta a la presencialidad y el tránsito por los lugares comunes lo elevó al 18%.

DAIA informó también que los casos judicializados aumentaron un 100% debido a la violencia de las expresiones que recibieron en las denuncias. También indican un recrudecimiento preocupante de “agresiones físicas e insultos antisemitas a vecinos, intimidaciones y amenazas a representantes de la comunidad judía y mayor visibilidad de agrupaciones neonazis en distintas zonas del país”. En el 88% por ciento de los casos judicializados se incurrió en faltas al artículo 3 de la ley 23.592 Antidiscriminatoria.

La palabra de las víctimas

En el informe presentado este año se hicieron entrevistas anónimas con diferentes denunciantes. Según la mirada de las víctimas de estos hechos, “surge que aquellos que experimentaron situaciones con mayor nivel de violencia mantenían un vínculo previo con el victimario, a quienes les reconocían actitudes agresivas previas a la antisemita: ‘Esta persona tiene problemas con otra gente. Es agresivo, ahora está más tranquilo’; ‘Además se mete con la gente enferma e indefensa, se metía con mi marido que era enfermo, con el hijo de mi vecina que no podía caminar…’ fueron algunas de las afirmaciones obtenidas”.

La motivación que los llevó a denunciar la agresión, indicaron, “se vincula principalmente al malestar que generó haber sido atacado en la condición de judío/a, incluso frente a la presencia de agresión física o daños: ‘Me molestó no tanto la amenaza sino el insulto, judío hijo de p… te voy a clavar un cuchillo’”, señaló una de las víctimas.

Una de las cuestiones que se destaca es que los que fueron ofendidos recibieron el apoyo de su entorno a llevar adelante las denuncias. ”Me sentí acompañada en el momento de la denuncia por mi vecina de abajo, por amigos y familiares”, “Lo hablé y me dijeron que hacía bien en llamar a la DAIA y denuncia”, “lo dejaron de saludar, le dejaron de hablar. Hay mucha gente de la cole. Incluso los dueños lo llamaron para hablar como diciendo que estas cosas no se hacen. Y los porteros fueron testigos y se ofrecieron como tales”, contó una mujer.

Grupos neonazis

En un apartado escrito por Gabriel Camiser, Marianela Tenembaum y Joel Medvefeff, DAIA pone el foco en el “gran crecimiento de grupos con ideologías neonazis organizadas para cometer delitos”… “organizaciones que operan en todo el territorio argentino”. Y explican que ese crecimiento se vio facilitado por “el uso de las redes sociales, que permiten no sólo la difusión de su contenido para captar adeptos, sino también la posibilidad de comunicarse entre ellos, muchas veces burlando la posibilidad de ser identificados en un proceso judicial. Es decir que, valiéndose de aplicaciones tales como Telegram, mantienen ocultos los datos de sus usuarios, pudiendo diagramar libremente el accionar de esa organización”.

Y pone como ejemplo a un grupo que se identificó en la provincia de Tucumán y se comunicaba precisamente a través de Telegram. Se estableció que coordinaban un ataque a personalidades e instituciones judías. Luego que la DAIA presentó una denuncia penal, la Justicia logró detenerlos: se les encontró material antisemita, armas blancas y de fuego. Este grupo, a su vez, tenía conexión con otro más antiguo que operaba en la provincia de Córdoba y tenía ramificaciones con todo el país, “desde Buenos Aires hasta Catamarca”, puntualizan.

También en Viedma, capital de Río Negro, fue identificada una banda que pintaba esvásticas y repartía panfletos fascistas y antisemitas, que llegaron a colocar en la puerta de un representante judío local.

La banalización de la Shoa

Este año, el Informe de la DAIA incluyó un anexo donde se analiza la mención incorrecta que se hace del Holocausto: “El fenómeno de la banalización, o de lo usos trivializadores y políticos del Holocausto-Shoá, es reciente y creciente, dado que cada vez más son las personalidades que recurren al fenómeno para argumentar, graficar, insultar y adjetivar”… “La polarización política que prevalece en nuestro país, desde hace bastante tiempo, contribuyó a crear un clima, donde cada vez más los actores políticos y líderes de opinión, utilizan lo sucedido en la Shoá, para ejemplificar y calificar al adversario político”.

Y a continuación hay una larga lista de ejemplos, desde la mención que hizo Agustín Rossi en 2016 sobre la “cacería sobre dirigentes del kirchnerismo” advirtiendo que “lo único que falta es que les pinten las puertas de las casas como los nazis con los judíos”; el tuit del diputado Fernando Iglesias en 2019 en el que comparó a un grupo de mujeres nazis enarbolando una bandera con una esvástica con las “cien Evitas” de un colectivo feminista; el presidente Alberto Fernández en 2020 cuando dijo que las presiones en el domicilio del ministro de la Corte Suprema Ricardo Lorenzetti eran “propias del fascismo y el nazismo”; a otras que, entre otras y otros, profirieron desde Ursula Vargues hasta Catherine Fulop y Alfredo Casero.

En el mundo

Parte del informe está dedicado a relevar lo que sucede en distintos países con los discursos antisemitas. Y aclara que lo que ocurre en la Argentina no es una excepción. “Durante la guerra entre Hamás e Israel de mayo de 2021, la Liga Anti-Difamación (ADL) publicó datos que revelaron un aumento en los incidentes de antisemitismo en los Estados Unidos desde el estallido del conflicto. En la medida que la violencia entre Israel y Hamás crecía, aumentaba de manera drástica el odio antijudío en Londres, Los Ángeles, Nueva York y en otras pequeñas ciudades”.

Allí se informa que la ADL “denunció más de 17000 tweets en el que apareció la frase ‘Hitler tenía razón’ entre el 7 y el 14 de mayo de 2021″.

Luego hay una selección de una serie de datos del Kantor Center for the Study of Contemporary European Jewry, Tel Aviv University sobre diferentes países. Allí señala que en los Estados Unidos, con una población judía de 6 millones de miembros, “en 2021 ocurrieron 28 incidentes de agresiones físicas violentas contra judíos, en comparación con los 12 en 2020 y los 36 en 2019″.

En Francia, donde hay 446 mil judíos, el Ministerio del Interior registró “589 incidentes antisemitas en 2021, un aumento del 74 % respecto de los 339 registrados en 2020 y una disminución del 14,3 % de los 687 ocurridos en 2019″. En 60 de ellos hubo violencia física, un 36% más que en 2020.

En el Reino Unido, con una comunidad judía de 292 mil miembros, el Community Service Trust contabilizó 2.255 incidentes antisemitas en 2021, un aumento del 34 % con respecto a los registrados en 2020 (1.684) y un 24 % más que los 1.813 registrados en 2019.

Conclusiones

En sus consideraciones finales, el informe señala que “se advierte un aumento en el nivel de violencia a pesar de la poca variación en el número general de episodios. Por ello, son más los que fueron judicializados respecto de períodos anteriores”.

También “Las manifestaciones antisemitas en nuestro país son el resultado de una cultura que a lo largo de los años ha asumido y transmitido prejuicios hacia los judíos. La mayoría de ellos han sido importados en paralelo a la llegada de los primeros migrantes, y han encontrado en nuestro suelo un terreno fértil que les posibilitó irrumpir en múltiples contextos”. Y reproduce un recorte de una revista nacionalista de 1937 llamada Clarinada, que tipificaba al judío de la siguiente e inconcebible manera: “corrompe cuanto alcanza, con satán ha engendrado el comunismo… hipócrita, traidor, suelo y rastrero, su más alto ideal es el dinero y es avaro cual judas el deicida…”. Eso, entre otras barbaridades, se publicó en un medio argentino hace casi un siglo.

La DAIA, a través del trabajo de su Centro de Estudios Sociales, también reclama que “el alcance de nuestro sistema jurídico no debiera verse obstaculizado por trabas administrativas o empresariales ajenas a los marcos legales que garantizan la impunidad de una gran parte de los discursos de odio que por sus sitios se propaga. Aunque no habría expresiones de odio online si no existieran prejuicios y desprecio hacia ciertas identidades en el espacio offline, que encuentran en la web un medio potente para viralizarse”.

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