Increíble

08/Sep/2016

Semanario Hebreo, Ana Jerozolimski

Increíble

Este miércoles por la tarde, el Alcalde de Jerusalem Nir Barkat publicó un comunicado de tono festivo, celebrando la decisión de la República Checa de mantener el status de Jerusalem como capital de Israel en los textos de estudio en el país. Agradeciendo al gobierno checo “por elegir bien”, Barkat asegura que “futuras generaciones de estudiantes checos continuarán aprendiendo la verdad: Jerusalem es la capital de Israel y el corazón y alma del pueblo judío”.
Sin afán de arruinarle la felicidad a Nir Barkat, la verdad es que el comunicado emitido por su oficina nos resultó chocante. Es natural que haya considerado oportuno destacar la decisión del gobierno checo, dado que la alternativa era confirmar que tergiversaba la realidad y permitía que en sus libros de estudio se mienta, alegando que Jerusalem no es la capital de Israel.  Pero nos chocó la situación en sí, la ilógica de tener que agradecer por el reconocimiento de lo que significa Jerusalem para el pueblo judío.
Con ningún país del mundo nadie se atrevería nadie a hacer algo así, a decidir si lo que declara como su capital lo es o no. Pero en el caso de Israel, es especialmente increíble dado que el vínculo entre el pueblo judío y la ciudad es milenario, con numerosas pruebas históricas y arqueológicas a todo nivel, algo que por cierto no necesariamente se puede decir en otros casos de diversos países y sus respectivas capitales.
Barkat señala en su comunicado que al “elegir bien”, el gobierno checo “no se rindió a presiones y mentiras palestinas”. De fondo hay en efecto, lamentablemente, reiteradas proclamaciones del lado palestino alegando que la ligazón judía con Jerusalem es un invento, que carece de fundamento histórico, que no tiene raíces en la realidad. El propio Presidente de la Autoridad Nacional Palestina Mahmud Abbas incurrió en esa pecaminosa mentira, aunque implícitamente, nada más ni nada menos que desde el podio de la Asamblea General de las Naciones Unidas, al hablar del vínculo musulmán y cristiano con la ciudad y hacer alevosamente caso omiso del pueblo judío.
Es un hecho que hay una disputa política y no solamente religiosa entre Israel y los palestinos por Jerusalem. Los palestinos exigen que la parte oriental de la ciudad sea la capital de su futuro estado independiente, mientras Israel recalca la indivisibilidad de la ciudad como capital de Israel. En la situación actual, ambas posturas parecen irreconciliables.
También es cierto que en la hoy llamada Jerusalem Este o Jerusalem oriental, los barrios árabes están poblados precisamente por palestinos, que son la mayoría en los mismos, y que hoy son residentes permanentes , aunque los hay también que se convirtieron en ciudadanos israelíes a pedido suyo. Y que aunque están dentro del perímetro municipal de Jerusalem, nada tienen que ver lugares como Bet Hanina y Shoafat, con la milenaria historia judía en Jerusalem. Es mirando hacia esos sitios que pensamos que Jerusalem viviría mejor, como capital de Israel, sin incluirlos. Que los barrios árabes estén del lado palestino y bajo su responsabilidad, y los judíos, del lado judío.
Inclusive hemos escrito en estas páginas en el pasado, contra la instalación de familias judías en barrios que hoy son claramente árabes, no porque el pueblo judío no tenga derecho histórico a Jerusalem, sino por considerar que hay que saber actuar con sabiduría, no buscar roces que no aportan tranquilidad en épocas tensas y delicadas.
Eso no significa, sin embargo, que sea aceptable mentir sobre la historia de la ciudad.
Supongamos que un visitante llega hoy a Jerusalem, sin conocer la historia del lugar. En la zona conocida hoy como Jerusalem oriental, verá sin duda muchos más árabes que en otras partes de la ciudad. Al leer la prensa palestina y probablemente de otros lares, sobre la ocupación “ilegal” de Jerusalem por parte de Israel, fácilmente se convencerá de que Israel es un poder extranjero que debe irse de la ciudad.
Más allá de la necesidad de hallar hoy en día fórmulas políticas que permitan a las dos partes vivir en paz, cada una de su lado y con seguridad, la verdad histórica es otra.
* Nunca había existido una “Jerusalem oriental” o “Jerusalem árabe”-´termino que aparece a menudo en la prensa palestina- y la división de la ciudad fue producto únicamente de la guerra lanzada por el mundo árabe contra Israel en mayo de 1948. El liderazgo sionista había aceptado la propuesta de la ONU de Partición de Palestina, incluyendo el artículo que recomendaba que Jerusalem sea un “corpus separatum” bajo régimen internacional, y que diez años más tarde, sería puesto a referéndum para que sus habitantes decidan de qué lado quieren estar.
Los árabes lo rechazaron, se lanzaron a la guerra y cuando se llegó a un alto el fuego, la línea de armisticio fue la que creó la división entre Jerusalem occidental y oriental.
* Cuando el 8 de junio de 1967 Israel conquistó la Ciudad Vieja de Jerusalem, que había quedado del lado jordano en la guerra de 1948, puso fin a la división creada por aquella guerra. Y la población casi exclusivamente árabe que pasó entonces a control israelí a raíz de esa conquista, no incluía judíos, no porque los judíos fueran ajenos a la ciudad, sino porque en el 48, cuando el ejército jordano conquistó la Ciudad Vieja, expulsó a todos los habitantes del barrio judío, destruyó las sinagogas e intentó borrar toda huella de presencia judía en el lugar.
Precisamente esta semana, falleció el ex Gran Rabino de Haifa, Shaar Yashuv Cohen, a los 83 años de edad, recordado como el último civil israelí que salió del barrio judío en el 48, llevado herido en camilla hacia el cautiverio en Jordania. En el 67, cuando los judíos pudieron volver a la Ciudad Vieja al conquistar esa parte perdida de Jerusalem, se le dio a Shaar Yashuv el honor de ser el primer civil en entrar y llegar al Muro de los Lamentos.
* Y yendo más hacia atrás en la historia, es ineludible otra mención: Jerusalem no fue nunca capital de nadie más que del pueblo judío, el Reino de David la convirtió en su capital mientras que para otros, potencias foráneas, siempre fue sólo un sitio singular pero en una provincia alejada y no central.
¿Por qué tratar este tema ahora? ¿Acaso se está negociando algo? No, que nosotros sepamos. Por nada especial… simplemente por la desazón que nos embargó al leer un sencillo comunicado de la Municipalidad de Jerusalem, agradeciendo a un gobierno extranjero por no mentir y sí enseñar en sus libros de estudio, la verdad: que Jerusalem, es la capital de Israel.