Historiadores de la Shoá en Vilna

05/Jun/2015

Por la Escr. Esther Mostovich de Cukierman (para CCIU)

Historiadores de la Shoá en Vilna

Varios judíos de Vilna asisten a la inauguración de los cursos de idioma y literatura Idish en la Universidad estatal de Lituania. Me llama la atención que muchos de ellos son profesores de Historia. Conversamos en Idish. Les pregunto, en una rueda de conversación:
-¿Por qué hay tantos historiadores en Vilna? ¿Se dedican a la Historia de la Shoá de la cual han sido testigos?
Me inundan con respuestas. Ni me da tiempo de anotar en mi cuaderno de notas, todo lo que me contestan.
-Algunos sí, pero no todos, me dice un señor de larga melena blanca. Yo no hubiera podido estudiar otra cosa que Historia. Vilna hasta la segunda guerra mundial, fue única e irrepetible. Desde el punto de vista judío, fue fascinante. En Varsovia de preguerra vivían tal vez seis veces más judíos que en Vilna, pero los 55.000 judíos que vivían en Vilna, ¡significaban la cuarta parte de la población de la ciudad!
-Los judíos de Vilna tenemos muy larga tradición de documentadores e historiadores, agrega con orgullo, una señora mayor.
-Le voy a hacer llegar la publicación de la Conferencia Científica de nuestra Comunidad del año 2003, me promete otro.
Al día siguiente, el libro con la publicación de la Conferencia me está esperando en la secretaría del Instituto de Idish de la Universidad. Pensé que una Conferencia Científica trataría de medicina o biología. Nunca hubiera imaginado que la conferencia fuera sobre Ciencia de la Historia. Lo comento con una de las bibliotecarias del Instituto.
-Sí, conozco esa publicación, me dice. Es excelente.
-La mayor parte del libro está en lituano y no entiendo ni una palabra, le contesto. Leí varias notas en inglés, citan a un personaje que nunca escuché nombrar: “Steinsneider”. ¿Quién era?, le pregunto.
-Todo el movimiento de historiadores judíos en Lituania empezó con Steinsneider, me contesta ella. El padre de la Historiografía lituana, el mayor coleccionista de documentos de época. Todos hemos aprendido el pasado de la ciudad en su libro “Ir Vilna” (Ciudad de Vilna) que salió hacia el 1900. La segunda parte de su archivo documental fue publicado hace pocos años en Israel.
Después de unos días, averiguo que entre mediados del siglo XIX y comienzos del siglo XX, muchos profesionales y aficionados recolectaron y publicaron datos y documentos sobre la vida comunitaria judía en Lituania, Letonia, Polonia, Bielorrusia, ¿Por qué ese movimiento surgió en esas fechas y no en otras? Los historiadores modernos aducen que en esos años la estabilidad política europea se vio sacudida por movimientos sociales y revolucionarios; socialismo, comunismo, anarquismo, sionismo, bundismo… la sensación imperante era que frente al cambio que se aproximaba, había urgente necesidad de documentar cómo era la sociedad en que vivían. El que más se destacó en la ciudad de Vilna en esa tarea no fue un profesor universitario, sino un simple obrero. Los historiadores dan como su nombre completo, Hillel Noah Maggid Steinsneider. Parece ser que Maggid era su apellido pero lo llamaban por su oficio, “Steinsneider” (cortador de piedra).
Steinsneider desde niño y durante más de cincuenta años, se dedicó a guardar y documentar cuanto dato podía preservarse sobre Vilna, su ciudad natal, y también sobre toda Lituania. Obtuvo referencias de las genealogías de muchas familias con el simple expediente de escribirles cartas pidiéndoles esos datos, copió a mano las inscripciones de muchísimas matzeivot (tumbas) de cementerios judíos que ya no existen, los libros de archivos de las Kehilot, (comunidades) que han desaparecido, escribió los relatos de vida que le hicieron ancianos de su comunidad. Los profesores califican sus libros no de Historia, sino “Historiografía”. Una base de datos enorme que ha permitido analizar el pasado a muchos historiadores de la ciudad.
Pero aprendo mucho más sobre por qué hay tantos profesores de historia entre los judíos de Lituania durante una de las visitas que hacemos a la comunidad judía de Vilna, en la calle Pylimo No. 4.En esa reunión nos cuentan sobre el Club de Idish de la comunidad. Nos hablan en idioma Idish, muy clarito, como solamente los judíos de Vilna saben hablarlo.
– Muchos discuten cómo es posible que el pueblo judío haya vivido y se haya mantenido judío durante 2000 años de diáspora, dice un señor mayor. Desde un punto de vista histórico, es un caso único en todos los pueblos. ¡Hemos hablado tanto de ese tema! Puede haber varias explicaciones, pero nosotros llegamos al convencimiento de que la aceptación de Dios, fue el lazo de unión del pueblo judío durante muchos siglos. Los servicios religiosos, la sujeción a las normas de la Halajá (jurisprudencia hebrea) para la vida diaria, eso los unió y les dio su identidad. No sólo porque los judíos lo querían sino porque a partir de la dispersión, en todo el entorno en el que los judíos vivieron, en Asia y en Europa, cada religión unía a su pueblo y lo diferenciaba de los demás. Pero para mí y para mis compañeros que sobrevivimos a la Shoá, si el Señor permitió que los nazis asesinaran a los rabíes y a los hombres más devotos que hemos conocido, si permitió que los atormentaran de la manera más bestial que se pueda imaginar, si ese Dios permitió que los alemanes usaran a los inocentes niños judíos para vaciarlos y convertirlos en bolsitas de sangre para sus soldados… no podemos entender cómo se puede seguir creyendo en El.
Se produce un silencio, hasta que una señora mayor toma la palabra. Habla lentamente.
-Es difícil para nosotros, además – dice ella- entender por qué y para qué quedamos vivos nosotros mientras el compañero que estaba al lado nuestro, cayó, mis hermanos terminaron convertidos en humo en algún lugar de Polonia y nunca pude saber dónde quedaron los huesos de mis padres. Es difícil saber cómo podemos seguir viviendo hoy, o si tiene sentido que sigamos tratando de conservarnos judíos. Después de terminada la guerra, hemos vivido muchos años, con la meta de poner monumentos funerarios a nuestros muertos y luchamos por ello con todas nuestras fuerzas durante la dominación soviética, que no estaba dispuesta a dejarnos realizar esa tarea. Tuvimos que esperar a la instalación de la Lituania independiente, después de 1991, para terminar de cumplir esa misión.
-También decidimos, hace muchos años, que queríamos vivir para poner no sólo monumentos de piedra sino de cultura. Quisimos dejar escritos libros para transmitir la vida y la riqueza cultural de nuestro pueblo. Nuestro testimonio vivo para las generaciones siguientes, dice un señor. Por eso, somos muchos los profesores de Historia entre nosotros. Todos hemos hecho investigaciones y publicado libros.
Otro silencio.
-Para mí hay dos motivos por los que mi judaísmo ha seguido a partir de la Shoá, dice otro señor. Uno es para enseñar la Historia y transmitir nuestra memoria. Historia y memorias son dos cosas algo diferentes, la Historia supone análisis objetivo y las memorias son subjetivas, pero ambas se necesitan. Mantengo que no es posible una Historia totalmente objetiva, porque quienes escriben no son las piedras sino que somos seres humanos. Mi otro motivo para seguir manteniéndome judío es para mantener vivo el idioma Idish y todo lo que el Idish significa para nosotros: tradición, familia, comunidad, amistad más allá de la muerte.
– El Hebreo es nuestro, lo aprendimos para la bar mitzvah (ceremonia de mayoría de edad) y hace tantos años que soy un Kadish zoguer (el que recita la oración de difuntos), agrega otro. Esa oración nos sale desde muy adentro, desde el corazón, en idioma hebreo, así la aprendimos. Pero nací hablando Idish y en ese idioma viví, amé y les dije adiós a tantos de mis compañeros de lucha. Fue el idioma de los partisanos, los que hicimos la resistencia, con las manos desnudas, contra el ejército nazi. ¿Conocen el Himno de los partisanos? “Zog nisht kayn mol az du geyst dem letstn veg”. (Nunca digas que vas por el último camino). Lo escribió el partisano Hirsh Glik durante la guerra, y se convirtió en nuestro lema, nuestro grito de esperanza. Nuestra tarea es dar testimonio, recordar esa historia, escribirla, enseñarla a todo el mundo, una y otra vez, para que nadie salga a decir que la Shoá nunca existió. ¡Sepan que si, la Shoa existió, pero la infernal maquinaria nazi no nos pudo liquidar! El himno de los partisanos termina diciendo ¡Mir zenen do! (Estamos aquí!). Ese es nuestro orgullo y nuestra respuesta a la Shoa.
Esther Mostovich de Cukierman
1 Idish. Idioma nacido hace mil años, al escribir el alemán medieval en letras hebreas, con agregado de muchas palabras hebreas y algunas palabras eslavas. Lengua de la familia, los amigos, el estudio, literatura, poesía, discusión política y periódicos que los judíos de Europa Central y Oriental desarrollaron ampliamente hasta que el nazismo segó la vida de los judíos europeos en la 2ª. Guerra Mundial. Hoy es idioma de grupos que quieren seguir desarrollando esa cultura y de estudio universitario.