El docente del Techion de Israel, experto en
diseño de políticas públicas ligadas al emprendedurismo, señala que el
ecosistema local va por buen camino, aunque aún no se haya alcanzado una masa
crítica
Cuando se le habla sobre Israel como una
startupnation, el profesor Harry Yuklea ríe y recuerda que fue un término
“inventado” por el periodista Saul Singer, autor del libro StartupNation, la
historia del milagro económico israelí. En esa obra, Singer trata de responder
por qué un país con poco más de 7 millones de habitantes, de solo 60 años, en
constante estado de guerra, y sin recursos naturales, puede generar más
startups que países más estables como Japón o Canadá. La respuesta gira en
torno a un buen nivel educativo, efectivas políticas públicas y contar con gran
cantidad de ingenieros y científicos (provenientes de una oleada inmigratoria
desde Rusia en la década de 1990).
“Hicimos lo que pensábamos que era lo
correcto. No sabíamos que estábamos construyendo una startupnation. La gente
piensa que se trata de una nación de startups pero en realidad debería decirse
una nación que es una startup. Aún estamos buscando nuestro camino como
nación”, explica Yuklea, docente del Instituto Tecnológico de Israel (Techion)
de Israel y que ha asesorado en diseño de políticas públicas a países europeos
y a India.
Hace cerca de diez años, Yuklea fue consultado
por el Banco Mundial, que estudiaba cómo fortalecer el emprendedurismo en
Latinomérica y evaluaba la posibilidad de emular la experiencia israelí. Yuklea
recomendó a Uruguay como un país en el cual focalizarse y apuntó directamente a
las universidades.
El docente conoce bien la evolución del
ecosistema local porque hace ya cinco años que cada febrero dicta en la
Universidad ORT Uruguay un curso intensivo de Economía de la Innovación en el
Master en Gerencia de Empresas Tecnológicas.
¿Por qué recomendó utilizar a Uruguay “como
puente” al BM en materia de emprendedurismo?
Una de las razones fue que es una economía
relativamente pequeña. Es más fácil generar cambios en economías pequeñas. El
emprendedurismo es acerca de
incertidumbre y pensamiento de riesgo, y cambios. Las economías más
grandes encuentran más dificultades para el cambio. Además, de esto no solo se
tiene que ocupar el gobierno, sino también la academia; son muchos los actores
que tienen que juntar fuerzas. En economías más grandes siempre hay conflictos
de interés. Si quieres cambiar algo,
mejor hacerlo con un país como Uruguay.
¿Cómo ve al ecosistema emprendedor uruguayo?
Está evolucionando. Se está moviendo en la
dirección correcta, aunque no se ha alcanzado aún una masa crítica. Pero hay
que tener en cuenta que es un esfuerzo de largo plazo. En Israel llevó unos 25
años. Ahora estamos diseñando el crecimiento para los próximos 20 años.
¿Qué desafíos observa a nivel local?
Todavía hay mucha resistencia debido al miedo
a fracasar. A la sociedad uruguaya no le gustan los fracasos; quieren que se
sea exitoso todo el tiempo. Y el emprendedurismo se trata mayormente de
fracasos. Si puedes hacerlo de primera, lo más probable es que todos los demás
también puedan hacerlo. Emprender es aceptar que a través del fracaso aprendés
cómo hacerlo mejor la próxima vez, y la siguiente, y la siguiente.
¿Qué recomienda hacer en Uruguay?
Que manden a los emprendedores (a dar charlas)
a escuelas, a niños de 12 a 15 años, y que les digan que pueden hacer algo con
sus vidas por sí mismos. Muchos no lo harán, pero algunos lo intentarán. Hay
que darle la oportunidad a los que pueden ser (emprendedores) pero no lo saben.
Y a sus alumnos en la ORT, ¿Qué consejo les
da?
Vienen con sus ideas y algunos hasta tienen
vergüenza de compartirlas. Me preguntan si pienso que funcionarán y yo les
respondo que cómo podría saberlo si no las probaron. Lo que se tienen que
preguntar es si están preparados para soportar las penas de hacerla funcionar.
Yo no puedo decirles si podrán ser capaces; eso deben probarlo ellos mismos.
Pero si piensan que son capaces y no lo intentan, se van a arrepentir toda la
vida.
Si están preparados, el mejor momento es
cuando están en la universidad, porque el costo del fracaso es bajo. La mayoría
va a darse cuenta que emprender no es para ellos, y eso está bien. Que vayan a
hacer otra cosa: hay tantas cosas que se pueden hacer en la vida.Hay otros que
ya tienen sus startups, quieren hacerlas crecer, y no saben como. Tienen miedo
de perder lo que lograron. Les enseño cómo planificar bajo la incertidumbre.
Hay herramientas específicas para reducirla, pero no se la elimina. En Israel
esto es muy natural, porque es la manera en la que vivimos. Pero en países como
Uruguay se vuelve más difícil educar sobre esto y cambiar la cabeza. Nos han
dicho por años que hay que elaborar y seguir un plan de negocios. Pero a los
emprendedores les digo que los planes de negocio son importantes, pero el
emprendimiento debe ser diseñado para ser cambiado. Si alguien sigue con el
mismo plan de negocios por mucho tiempo, le digo que está mal. Siempre se va a
encontrar con algo nuevo a lo que adaptarse. Uno debe monitorear y cambiar.
¿En qué áreas pueden encontrar los uruguayos
posibilidades de desarrollo?
Si tuviera que aconsejar al ministro de
Economía sobre que áreas desarrollar le diría
las que serán un problema global, como las energías renovables, el
envejecimiento de la población (y la
productividad y eficacia de la industria farmacéutica), y la ecología. Ahora es
el momento para crear un liderazgo en
estos temas.Además, está el sector financiero
que necesita nuevas herramientas. No se precisa mucha infraestructura
sino gente inteligente, por lo que Uruguay se puede convertir en un centro
global en este tema. Sin embargo, no veo a los estudiantes pensando en el
sector financiero como interesante.
«Hay que cocinar la receta propia»
El presidente de un país caribeño visitó
Israel hace algunos años y pidió una reunión con el profesor de Techion, Harry
Yuklea. En el encuentro le dijo que quería hacer de su país el centro más
emprendedor del Caribe y le pidió ayuda para generar lo mismo que se había hecho en Israel. “Le dije, señor
presidente, emprender no es como elegir en un menú de un restaurante de comida
para llevar. Usted tiene que cocinar su propia receta y hacerlo a su propia
manera”, recordó Yuklea. El profesor no se cansa de repetir que no se intente
replicar experiencias: “se puede gastar mucho dinero sin obtener resultados.
Gastar dinero para los gobiernos es fácil, pero si se quiere ser efectivo hay
que identificar los problemas y diseñar de acuerdo a las condiciones locales”.
Es por ello que Yuklea duda que pudiera funcionar el replicar en Uruguay la
experiencia chilena de Startup Chile. Recordó los intentos fallidos de replicar
el modelo israelí en Alemania y Finlandia. “Fallaron porque trataron de hacer
exactamente lo mismo y los problemas no son los mismos”, apuntó.