Los luso brasileños siempre pretendieron anexar la Banda Oriental y también la porción sur de la cuenca del Plata, las tierras abrazadas porlos ríos Uruguay y Paraná que desde 1782, por Rocamora, conocemos como “Entre Ríos”.Lo hicieron durante los siglos XVII y XVIII y llegaron hasta nuestro territorio con ejércitos de invasión y ocupación finalmente, en las primerasdécadas de la centuria siguiente, es decir la decimonónica, ingresando hasta el Arroyo de la China y su cabecera, Concepción del Uruguay.Pasaron saqueándolo todo en el camino por el Palmar, los Arroyos Pos Pos y Perucho Berna, Urquiza y Molino y por nuestra actual ciudad.De nada sirvieron las baterías que había establecido José Gervasio de Artigas en estas costas.Pero cien años antes, es decir hace tres centurias, un plan mucho más amplio, fue abortado a último momento por la resuelta acción del entonces gobernador del Río de la Plata, don Bruno Mauricio de Zabala, que además, a sangre y fuego sofocó las rebeliones comuneras de Asunción, los cada vez más violentos ataques de los indios del Chaco a la Mesopotamia y a las Misiones Jesuíticas, entre otras múltiples hogueras que amenazaban el dominio español en el Plata. Nuestra regiónEl bajo Río Uruguay, correspondía a la jurisdicción del Cabildo de Santa Fe. Así lo había determinado don Juan de Garay al fundar la ciudad en el paraje de Cayastá, el 15 de noviembre de 1573.Toda la provincia de Entre Ríos desde los años 1600 estaba poblada por estancias y sobre todo por las “vaquerías” de decenas de vecinos de Santa Fe, que organizaban “armadas” o “entradas” con criollos, mestizos, mulatos, esclavos y los “indios amigos” Charrúas ( que no se llamaban en realidad así, como ya lo hemos dicho), que poblaban desde hacía centurias estas tierras.También ingresaban desde el norte, con distintos permisos vecinos de Corrientes ( de la actual capital de la provincia). Además pasaban por el río Uruguay, y en algunos tramos por las costas, los padres Jesuitas con miles de sus indios guaraníes hacia y desde las doctrinas, y soldados españoles en tránsito a Paraguay, a Córdoba y al Perú.Pero además, este complejo proceso dinámico se completaba con cientos de gauderios y escapados de las justicias, y otros grupos de indios menos “amigos” de los españoles que habitaban en la Banda Oriental al norte del Río Negro, como los Minuanes y Bohanes, y otros que con frecuencia ingresaban desde el Chaco, como los Guaycurús y desde la Pampa, como los Tehuelches. Los portugueses, los sefaradíes y otras nacionesA esa compleja humanidad que formaban la población de la actual provincia de Entre Ríos, se sumaban los portugueses y naciones aliadas de ellos, desde el Puerto de la Colonia del Santísimo Sacramento, emplazada en enero de 1680 por el gobernador de Río de Janeiro, Manuel Lobo ( y que más allá de las sucesivas tomas y sitios llevados por Vera y Muxica y otros caudillos españoles, permaneció hasta 1777 en manos lusitanas) frente a la ciudad de Bs Aires, por vía fluvial, y desde Río Grande, por vía terrestre. Para la década de 1720, la amenaza de expansión portuguesa hacia toda la Banda Oriental y la actual provincia de Entre Ríos se tornó palpable y real.Sobre todo cuando el 14 de marzo de 1722, hace 290 años, tomó el mando de Colonia el Gobernador portugués Antonio Pedro de Vasconcellos, quien será el responsable del mayor desarrollo material, cultural y comercial alcanzado por esa plaza amurallada. Muchísimos documentos hispanos de época, se refieren a partir de estas fechas, al hacer referencia a los pobladores de la Colonia, como “los Marranos Cripto- Judíos de la Colonia del Sacramento”.En realidad muchos de los “portugueses” eran verdaderamente judíos sefarditas portugueses. Los apellidos de pobladores, confirman indiscutiblemente el hecho. España, en conocimiento de la importancia de este recién llegado militar y su foja de servicios, ordenó de forma imperiosa al Gobernador de Buenos Aires la fundación de una ciudadela en la bahía de Montevideo, única forma de evitar la ocupación completa de la banda norte del Plata por los portugueses.Estos avezados comerciantes entraron en relación rápidamente con los charrúas, que lentamente comenzaron a cambiar su posición y a desconocer la vieja paz con los españoles, hasta que en 1729 y por dos décadas, se tornaron francamente hostiles. Después fueron barridos de la historia.Nunca más alcanzarían los buenos tiempos de convivencia logrados por la paces de Antonio de Vera Muxica, Francisco de Carvallo y Andrés de López Pintado, todos propietarios en el 1600 de nuestro actual departamento Colón.Pero y sobre todo estos lusitanos sefaradíes, entablaron trato con los comerciantes de Santa Fe ( y muchos hasta contrajeron matrimonio con las criollas), los que vieron una oportunidad única , como nodo comunicacional, por su posición estratégica privilegiada en las rutas con el Paraguay, Córdoba, Salta, Santiago del Estero, el Reino de Chile y el Alto y el Bajo Perú. Desde ese momento, y por el resto de la administración hispana en América, se tornó un mal imposiblede desarraigar el “ilícito comercio” o el “contrabando”.Y todo este comercio se efectuó a través de la provincia de Entre Ríos, en particular el delta y lo que se llamaba por entonces “el partido de Gualeguaychú”, que comprendía los actuales departamentos de Islas, Gualeguaychú, Uruguay, Colón y sur de Concordia. Era todo el bajo Uruguay entrerriano y así lo fue hasta la década de 1770. Vecinos de la zona de Santa Fe y Entre Ríos “Diabólicos”El gobernador del Río de la Plata, Zabala, hombre resuelto y militar avezado en las campañas bélicas del Viejo Mundo, rápidamente advirtió el peligro que corría todo el imperio español por el meridión.Envió a Santa Fe y a la Baxada (Paraná) al militar Don Frutos de Palafox y Cardona. Este trazó en la correspondenciaa lo largo de la década de 1720, una radiografía social, política y económica de Entre Ríos yen particular del Río Uruguay, que por supuesto da por tierra con esas raras concepciones de que esto era algún tipo de desierto.Nuestra zona se encontraba muy poblada. Eran frecuentes los “desembarcos de géneros” que sobre todo por los pasos Carvallo y otros realizaban los lusitanos y navíos de varias naciones del Viejo Mundo.Hubo momentos que más de veinte buques de todas las banderas surcaban el río Uruguay.El comisionado por Zabala siempre desconfió de los habitantes de Santa Fe y de Entre Ríos. Los trató siempre como “diabólicos”, “pérfidos” que en el fondo eran de dudosa fidelidad a la monarquía española. Quizás la acusación era excesiva. Pero la realidad es que cuando los intereses económicos primaban yel ilícito comercio florecía, pocos se acordaban de los servicios debidosa un monarca tan distante, que además les exigía pesados tributos y los cargaba con servicios personales en las milicías en los que nopocos dejaban hasta la vida.En la resistencia de la ciudad de Santa Fe a los ataques permanentes de los indios del Chaco, cada vez más belicosos y agresivos, nadie puede dudar de la contribución a las comunicaciones del imperio español.Pero cuando debían colaborar para equipar soldados y “armadas”, para combatir a los portugueses, para establecer Montevideo, expulsar a contrabandistas y “gentes de mal vivir” de Entre Ríos, entonces sí, llovían los pretextos, los retaceosy se hacía evidente falta de “patriotismo” por todos lados, que denunciaba Frutos Palafox y Carmona.Habían quedado muy atrás los tiempos de don Antonio de Vera y Muxica, notable hijo de Sante Fe que el 7 de agosto de 1680 había rendido con ayuda de Corrientes y los Charrúas y los Jesuítas, en esa misma Colonia del Sacramento a los portugueses.Los descendientes, viendo lo lucrativoque era la relación comercialcon aquellos, no movieron nuncaun dedo para interrumpirla y muchomenos para combatirla.Sólo la eficaz tarea desplegada por Zabala al fundar San Felipe de Montevideo, y las sucesivas acciones militares y de expansión de las estancias de Montevideo y Santa Fe,para ir poblando la Banda Oriental y Entre Ríos, evitaron la anexión de nuestra zona al Brasil. Los habitantes de entonces de nuestra zona, con sus deserciones en los ejércitos, sus tratos comerciales, su “abrigo a los malévolos”, sus colaboraciones con embarcaciones, caballos, mulas, alimentos a los portugueses, es más que evidente, que poco se interesaban por quien mandaba en la lejana metrópoli.En ese contexto se formó la población criolla de nuestra región.
Hace casi trescientos años estuvimos a punto de formar parte del Brasil
27/Ago/2012
El EntreRíos