NOVELA DE ABRAHAM B. YEHOSHUAHugo Fontana
PERTENECIENTE a una extendida estirpe sefardí, Abraham B. Yehoshua nació en Jerusalén en 1937 y hoy es considerado, junto a Amos Oz y David Grossman, uno de los nombres más importantes de la actual literatura de origen judío. Sus libros se han ido traduciendo al castellano y, entre otras, novelas como Una mujer en Jerusalén, La novia liberada y Viaje al fin del milenio han sido publicadas con sostenido éxito de público y crítica. Su última obra editada en nuestro idioma es El cantar del fuego, cuyo título original en hebreo, Fuego amigo, se corresponde con mayor y justificado acierto a la historia que narra.
En Una mujer en Jerusalén, un burócrata debe realizar un extraño viaje: trasladar el cadáver de una inmigrante fallecida en extrañas circunstancias al país del que es nativa. En ese inusual periplo, el «israelí» -así denomina el escritor al hombre elegido- establece una compleja relación con ese cuerpo casi anónimo, construyendo un entramado de identidades en el que están involucrados la religión, el estatus económico y político, y las inagotables secuelas del exilio. En La novia liberada un profesor, orientalista judío de la Universidad de Haifa, investiga con el apoyo de una alumna la identidad de las minorías árabes en Israel, en tanto trata de dilucidar las razones por las cuales su hijo se divorció poco después del casamiento. En Viaje al fin del milenio, cuya trama se desarrolla en el año 999, un hombre emprende un largo camino desde Tánger hasta la localidad alemana de Worms acompañado por sus dos esposas y perseguido, justamente, por su condición de bígamo. Cruce de culturas más o menos impetuoso, más o menos apacible o enriquecedor, el conflicto estará siempre presente en las obras de este soberbio narrador.
UNA SEMANA PARTICULAR.
En El cantar del fuego, Yaari y Daniela forman un matrimonio sesentón que vive en Tel Aviv. Tienen dos hijos y dos nietos; él es ingeniero, ella, profesora de inglés. La acción transcurre durante la fiesta de Janucá, celebración que ocupa ocho días casi siempre en diciembre, y que recuerda la derrota de los helenos a manos de los macabeos en el año 165 a.C. Durante la misma, por las noches las familias encienden una vela hasta que se completan las ocho. La novela está dividida en siete capítulos, que van desde el encendido de la segunda vela hasta la última. Durante el primer día, Yehoshua nos presenta a la pareja despidiéndose por unos pocos días: ella viajará hasta Tanzania, donde vive su cuñado Yirmeyahu (Jeremías), en tanto Yaari permanecerá en la ciudad, asediado por algunos problemas de su trabajo. El propósito del viaje de Daniela es la aceptación definitiva de la muerte de su hermana mayor, Shuni, en compañía de su cuñado, ex representante diplomático y actualmente administrador de una expedición integrada exclusivamente por africanos, quienes tratan de hallar los restos prehistóricos del eslabón que ataría a los seres humanos y a los monos.
Es la primera vez que uno de los integrantes de la pareja viaja solo: Yaari ha considerado que acompañar a Daniela le impediría a ésta enfrentarse con su duelo, resolver la pérdida de su hermana y romper además con ciertos lazos de dependencia de los que, sin embargo, se sienten orgullosos. Mientras tanto, él deberá abocarse a resolver un inconveniente técnico por el cual es atosigado a diario: en un edificio de treinta pisos en el que trabajó, un ruido de desconsolados vientos azota en forma permanente los ascensores. Y en esos días todo parece desencadenarse: su hijo Morán, quien trabaja en su misma empresa y quien ha evadido hasta el momento presentarse al ejército como reservista, es convocado y arrestado. Su nuera Efrati va y viene de un lado a otro sin demasiado criterio, en tanto sus dos nietos pequeños quedan desatendidos. Su hija Nofar, enfermera en un hospital de Jerusalén, parece más lejana que nunca. Y su padre, un anciano enfermo de Parkinson, es solicitado por una antigua amante a quien le había instalado un ascensor en su propio dormitorio y el que también se ve afectado por unos extraños ruidos.
Por su parte, Daniela se encontrará con un hombre que no quiere saber una sola palabra de Israel, de su religión y de sus conflictos políticos y militares: como un buen número de padres israelíes, Yirmeyahu ha perdido pocos años atrás a su hijo, muerto en un operativo del ejército tras ser confundido con un militante palestino, víctima de lo que eufemísticamente ha dado en llamarse «fuego amigo».
LAVAVAJILLAS Y BOMBAS.
Hasta allí la presentación de lo que habrá de relatarse, dividido en breves subcapítulos que van atendiendo alternadamente las aventuras de cada uno de los cónyuges. Yehoshua logra desde ese esquema narrativo, y a partir de esas primeras informaciones que va brindando a sus lectores, una secuencia cronometrada y exacta de la intimidad afectiva y sentimental de cada una de sus criaturas. Y sabe también que esa cotidianidad que enlaza a los protagonistas es la mejor forma de acercarse a un mundo, a una nación en particular, y pintar desde allí un conflicto que parece infinito. Entre una población civil cada vez más harta de la guerra, y un contexto militar que simultáneamente los transforma en un blanco fijo, se construye un escenario que el escritor pinta de modo impactante en la siguiente imagen: Yaari ha subido por la noche a una de las azoteas más altas de Tel Aviv y puede observar «las pantallas multicolor de los anuncios luminosos, cambiantes, en los que aparecen, alternativamente, las impresionantemente bien torneadas piernas de unas jóvenes de cortísimo pelo junto a una lavadora o un lavavajillas y las noticias acerca de la amenaza nuclear por parte de Irán».
Por momentos la novela recuerda a algunos planteos de la actual literatura estadounidense, sobre todo a la trilogía de Richard Ford protagonizada por Frank Bascombe (El periodista deportivo, El día de la Independencia y Acción de gracias), en la que, siguiendo tan de cerca las vicisitudes de su personaje y marcando casi minuto a minuto su jornada, logra trazar un mapa de una nación entera, de sus contradicciones, de sus desasosiegos y esperanzas. Hay un alto contenido metafórico en El cantar del fuego, desde la abrumadora presencia del fuego y del viento hasta la búsqueda optimista pero a ciegas de los antropólogos africanos, que permitiría dar un vuelco decisivo a la historia del hombre compartiendo un mismo origen, desde las desavenencias maritales del hijo de Yaari hasta, obviamente, todo lo que refiere a las víctimas que no cesan. Considerado un pacifista, Yehoshua declaró en una entrevista que le fue realizada a fines del año pasado que la actitud de escape que encarna Yirmeyahu «es una necesidad que todos sentimos a veces. Basta de Holocausto, basta de día de homenaje a los soldados caídos. Basta, basta, basta».
EL CANTAR DEL FUEGO, de A.B. Yehoshua. Duomo Nefelibata, 2012. Barcelona, 469 págs. (Impreso en Italia). Distribuye Océano.
Fuego amigo, viento enemigo
15/Mar/2013
El País Cultural, Hugo Fontana