Francisco en Auschwitz

26/Jul/2016

Infobae, Por Julián Schvindlerman

Francisco en Auschwitz

En el marco de la Jornada Mundial para la
Juventud que comienza esta semana en Polonia, el Papa Francisco hará una visita
al campo de exterminio de Auschwitz, donde, según su vocero Federico Lombardi,
«no pronunciará palabra alguna. Será una visita en silencio, de dolor,
compasión y lágrimas». Esa es una decisión papal prudente considerando las
polémicas que causaron las visitas precedentes.
Juan Pablo II fue el primer pontífice en ir a
aquél campo de exterminio alemán en suelo polaco. Fue en 1979 y durante su
discurso el Papa no mencionó por nombre a los judíos allí exterminados pero sí
a los polacos, y se refirió a Auschwitz no por su denominación alemana por la
que se lo conoce, sino por su nombre polaco, Oswiecim. Allí afirmó que
«hubo seis millones de polacos que perdieron sus vidas durante la Segunda
Guerra Mundial: la quinta parte de la nación».
La cifra de seis millones pronunciada en el
contexto del genocidio nazi suele remitir a la población judía aniquilada; al
omitir la mención explícita de los judíos en sus palabras y al enfatizar el
sufrimiento de los polacos, Juan Pablo II probablemente haya buscado recordar
al mundo el padecimiento polaco de la época. Lo cual podía entenderse a la luz
de que él mismo era polaco y atravesó esos años oscuros. ¿Pero era necesario
hacerlo de ese modo? La comunidad judía internacional creyó que no, y le
recordó al pontífice que si bien era cierto que seis millones de polacos fueron
asesinados entre 1939 y 1945, tres millones y medio de esos polacos eran
judíos.
«Nosotros los judíos no sostenemos que
hemos sido los únicos en sufrir», intercedió Elie Wiesel oportunamente,
«Tal como yo he repetido usualmente: no todas las víctimas fueron judías,
pero todos los judíos fueron víctimas». Así, una visita histórica y de
extraordinaria importancia para el vínculo judeo-católico quedó empañada por un
discurso papal controvertido.
En 2006 le llegó el turno a Benedicto XVI de
ir a Auschwitz. Si su antecesor quiso exponer la victimización de los polacos
durante la guerra, el Papa alemán pareció querer minimizar el rol de los
alemanes como verdugos durante la misma. En su discurso eludió caracterizar al
Holocausto explícitamente como un crimen del pueblo alemán contra los judíos,
atribuyéndolo en su lugar «a un grupo de criminales que alcanzó el poder
mediante falsas promesas». Una vez más, el pueblo judío debió lamentar que
una acción católica positiva quedara envuelta en la polémica.
De manera que la determinación de Francisco de
permanecer en silencio en Auschwitz ayudará a minimizar tensiones. A diferencia
del polaco Wojtyla y del alemán Ratzinger, el argentino Bergoglio no carga
sobre sus hombros con un pasado complejo que involucre a sus compatriotas en
ese campo de exterminio, aun cuando su peronismo pueda recordar a la política
pro-fascista de Juan Domingo Perón. Sus maletas son más livianas, históricamente
hablando.
Francisco se encontrará con sobrevivientes y
con justos entre las naciones, es decir, con gentiles que arriesgaron sus vidas
para salvar a judíos perseguidos. Ese gesto tendrá una poderosa elocuencia que
no requerirá palabras: simpatizará con las víctimas y honrará a los salvadores.
Su sola presencia en ese espacio de muerte proyectará todo el simbolismo
necesario. Al fin de cuentas, filosóficamente hablando, ¿qué puede decirse en
Auschwitz?
El autor es periodista y escritor. Autor de
«Roma y Jerusalem: la política vaticana hacia el estado judío»
(Debate). Enviado especial de Radio Jai a cubrir la visita papal a Polonia.