Fotografiar Auschwitz

07/Dic/2012

El País Cultural, María Sánchez

Fotografiar Auschwitz

WILHELM BRASSE (1917-2012)EL PASADO 23 de octubre murió Wilhelm Brasse, más conocido como «el fotógrafo de Auschwitz». Y aunque con ese título bien podría situársele junto al bando nazi, como eran el médico o los carceleros de Auschwitz, lo cierto es que hacerlo no sería más que un error. Si durante el 11 de septiembre chileno la pareja de estadounidenses Adam Schesch y Pat Garrett decidieron que su función sería llevar la cuenta de los que mataban cada día como manera de mantenerse enteros, para Brasse su tarea no era más que otro mecanismo de supervivencia. De la supervivencia de los otros, a través de sus miradas congeladas, y de su supervivencia propia ya que, como en todos los campos de concentración, había que ser útil para no volverse prescindible.
Brasse nació en 1917 en Silesia, área polaca que en aquel entonces pertenecía a Austria. Era hijo de padre austriaco y madre polaca, y cuando Polonia fue invadida se negó a jurar lealtad al bando alemán, se sentía polaco. Trató de huir a Hungría para alistarse en la resistencia pero fue capturado y enviado a Auschwitz en 1940, tras negarse una vez más a unirse a Hitler. Su primera labor fue la de trasladar los cuerpos desde las cámaras de gas a los hornos. Pero cuando descubrieron que era fotógrafo y además hablaba alemán, Rudolf Höss, comandante del campo, le encomendó la tarea de hacer las fotos de identificación de los prisioneros.
SOBREVIVIR. «Cuando llegaban a Auschwitz, la cara de la gente estaba llena, parecían normales. Tan solo unas semanas después, si aún seguían vivos, eran irreconocibles», declaró el fotógrafo durante una entrevista con la agencia AFP en 2009. Además de las tres imágenes identificativas a modo de tríptico – frente, perfil y de frente con la cabeza ladeada-,de rigor para los presos, Brasse fue encargado de documentar las construcciones y el trabajo en los campos, visitas y retratos de los altos mandos, así como los experimentos del médico Josef Mengele. Este «doctor muerte» llegó a felicitarlo porque sus imágenes eran «justo lo que necesitaban». Esta posición «privilegiada» de Brasse dentro del campo le permitía tener acceso a mejor comida, ropas e higiene.
Durante los cinco años que pasó en Auschwitz, el fotógrafo estima que tomó alrededor de 50.000 instantáneas. Poco antes del desalojo del campo, le ordenaron que destruyera los negativos en los hornos, pero esta vez Brasse no obedeció. El Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau calcula que se hicieron alrededor de 200.000 fotografías, pero solo se han conservado alrededor de 40.000 negativos. Tampoco la autoría está clara, ya que las imágenes incluían nombre, nacionalidad y profesión del sujeto, pero no crédito del fotógrafo. En enero de 1945 fue desalojado Auschwitz, y Brasse, junto al resto de los prisioneros, fue enviado en una de las famosas marchas de la muerte a Mauthausen, donde serían liberados en el mes de mayo.
La fotografía llegó a la vida de Wilhelm Brasse de mano de una tía, en su taller de Katowice, y se fue con la salida de los campos. Cuando terminó la guerra Brasse no pudo volver a su oficio, las miradas de los chicos y chicas judías se le aparecían frente a los ojos cada vez que se disparaba el flash. Sin embargo, el fotógrafo polaco dedicó su vida a educar a los jóvenes alemanes acerca del Holocausto y participó en la creación del Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau, uno de los dos lugares en los que se encuentran estas fotografías. El otro organismo que también conserva parte de sus negativos es Yad Vashem, que además cuenta con un gran archivo de imágenes disponible en su página web.
INFLUENCIAS. En 2005 la cadena de televisión polaca TVP1, dentro de una serie de documentales sobre historia reciente, realizó la película Portrecista(The Portraitist, en inglés). Irek Dobrowolski – director y editor del film-revisó junto a Brasse la vida del fotógrafo y los recuerdos de aquellos que quedaron tras el flash de la cámara. Es un documental difícil de conseguir, pero en Internet se pueden rescatar algunos pedazos y el tráiler.
Con motivo de la proyección de este film en Londres en 2007, la periodista Fergal Keane, corresponsal de BBC, se entrevistó con el fotógrafo. Keane le preguntó en particular por una de las fotografías de Brasse más famosas, la serie de identificación de Czeslawa Kwoka, prisionera polaca de 14 años. La fotografía no muestra más que una niña asustada y con un corte en el labio, de frente, de perfil y con la cabeza ladeada. Brasse le contó, con voz temblorosa, la historia de esa imagen: «Ella era tan joven y estaba aterrorizada. La niña no entendía porqué estaba allá ni lo que le estaban diciendo. Entonces la mujer Kapo (una vigilante) tomó un bastón y la golpeó en la cara. Esta mujer alemana estaba descargando su ira sobre la niña. Tan linda niña, tan inocente. Lloró pero no podía hacer nada. Antes de que fuera tomada la imagen, la chica se limpió las lágrimas y la sangre del corte en el labio. Para ser sincero, me sentí como si me estuvieran golpeando a mí, pero no podía interferir. Habría sido fatal para mí», escribió Keane en la nota «Returning to Auschwitz: Photographs from Hell».
Kwoka es solo una, un símbolo, quizás, que representa a los aproximadamente 230.000 menores de 18 años que fueron deportados a Auschwitz. Esta misma instantánea también impresionó a los artistas Theresa Edwards y Lori Schreiner, quienes crearon la obra multimedia Painting Czeslawa Kwoka como homenaje a los niños víctimas del Holocausto.
Casamiento en el campo
UNA DE LAS POCAS imágenes (relativamente) felices que pudo tomar Brasse durante su tiempo en Auschwitz fue la de un casamiento, el único que se realizó en el campo y con el consentimiento de los nazis. El 18 de marzo de 1944 se permitió a la española Margarita Ferrer ingresar al campo para casarse con el padre de su hijo, Rudi Friemel, preso político austríaco. La ceremonia se celebró en la misma sala en la que se realizaban los certificados de defunción. Esa noche les permitieron dormir juntos y al día siguiente se separaron para siempre. Friemel sería capturado en un intento de fuga y ahorcado poco tiempo antes de que Auschwitz fuera liberado. Esta historia está recogida en el libro La boda en Auschwitz, de Erich Hackl.