Fidel Castro: “El modelo de Cuba ya ni siquiera nos sirve a nosotros”

14/Sep/2010

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Fidel Castro: “El modelo de Cuba ya ni siquiera nos sirve a nosotros”

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Fidel Castro: “El modelo de Cuba ya ni siquiera nos sirve a nosotros”
Desde estas columnas, en varias ocasiones se ha señalado el riesgo que para la paz mundial significa la situación de Medio Oriente, con Irán incorporando armas nucleares e Israel víctima de continuas amenazas a su misma existencia. Un periodista igualmente preocupado por el tema, el columnista norteamericano Jeoffrey Goldberg, tuvo la suerte de que Fidel Castro leyera sus notas y lo invitara a conversar sobre el tema en Cuba. Es claro que el añoso líder cubano se sintió muy a gusto con el visitante, con el que conversó durante tres largas jornadas sobre el tema propuesto y sobre muchos otros asuntos. Lo que resultó fue un reportaje revelador, al que debe prestársele la mayor atención.
El reportaje a Fidel Castro del periodista norteamericano Jeffrey Goldberg para la revista estadounidense The Atlantic ha convocado la atención de todo el mundo. Y es lo esperable, visto que recogió del viejo gobernante cubano una sucesión de reconocimientos por lo menos inesperados. El más sonado de los cuales se resume en una frase sorprendente: “El modelo de Cuba ya ni siquiera nos sirve a nosotros” (“The Cuban model doesn’t even work for us anymore”, según la versión original inglesa del reportaje). Y hay que repetirlo: quien lo dice es Fidel Castro, comandante guerrillero de Sierra Maestra, triunfador sobre la dictadura corrupta de Fulgencio Batista, gobernante autoproclamado “marxista leninista hasta el último día de su vida”, férreo conductor de Cuba por 50 años y exportador convencido del modelo cubano a través de movimientos guerrilleros que durante la guerra fría, y según sus propias palabras, apoyó en toda América Latina salvo México.
La afirmación de Castro implica una verdadera, tardía, revolución en el discurso del gobierno cubano y una suerte de refutación para toda la izquierda latinoamericana, que salvo raras excepciones ve en la isla, aún pese a carencias y presos políticos, un paraíso de hombres redimidos y una meta a alcanzar por todos los pueblos del continente. En esa perspectiva, las palabras de Castro resultan muy fuertes, e inevitablemente han dado lugar a multitud de comentarios y especulaciones. Y hasta a muy doctos análisis de observadores internacionales que vieron en la frase una vía libre a las reformas económicas que encara Raúl Castro. E incluso una apuesta al modelo chino, que fomenta la economía de mercado manteniendo sin demasiadas alteraciones el régimen político y sus actitudes en materia de derechos humanos.
Antes de seguir más allá, conviene decir que ayer, al presentar la segunda parte de un trabajo autobiográfico suyo, Castro sostuvo que había sido malinterpretado por Goldberg. Y que el sentido de su afirmación era otro, que no detalló. Lo cierto es que la frase respondió a una pregunta de Goldberg sobre la eventual exportación a otros países del modelo cubano. Y que el periodista mantuvo sus entrevistas -tres largas sesiones en días sucesivos- junto con otra destacada figura, Julia Sweig, del Consejo Norteamericano para las Relaciones Internacionales. También resplandece otra realidad: es muy difícil malinterpretar una frase tan clara y tan directa, que expresa con fuerza una convicción que no tiene nada de confuso: lejos de servirles a terceros, el modelo de Cuba no les sirve ni a los mismos cubanos.
Sea como sea, Castro ha dicho que fue malinterpretado, y eso es lo que se escuchará de todos los voceros de la izquierda latinoamericana. Que ya se ingeniarán para encontrar en la frase otro contenido “evidente”. Sin embargo, conviene repasar otros tramos de la entrevista y advertir que en ellos también el veterano líder cubano asumió una actitud de sesgo revisionista, mientras además se sentía perfectamente a gusto con sus visitantes, a los que incluso llevó de visita al acuario de La Habana. Castro había invitado a Jeffrey Goldberg luego de leer un artículo suyo sobre los potenciales riesgos de que se desate un enfrentamiento nuclear a partir del choque entre Irán, Israel y Estados Unidos, tema que ha sido una de las preocupa- ciones de Castro en sus artículos y declaraciones de las últimas semanas.
En cuanto a la actitud revisionista, resplandece en otro de los tramos del larguísimo reportaje, aún no publicado por completo. En la misma, y luego de que el líder cubano expresara nuevamente su preocupación por un posible desenlace nuclear en medio oriente, el periodista norteamericano trajo a colación la crisis de los misiles en 1966, episodio en que el mundo estuvo más cerca que nunca de una hecatombe nuclear. La Unión Soviética había comenzado a instalar misiles nucleares en Cuba, apuntando desde la cercanía todos los blancos de Estados Unidos. El entonces presidente Kennedy dio un ultimátum para su desmantelamiento y retiro y el mismo terminó siendo acatado por Nikita Kruschev, entonces inquilino del Kremlin. Y Castro, en una carta al gobernante ruso, se manifestó partidario de un ataque nuclear. “Este sería el momento de pensar en la liquidación del peligro siempre a través de un derecho legal de legítima defensa”, escribió.
El periodista norteamericano le preguntó si seguía pensando lo mismo que entonces, y el viejo guerrillero le contestó “Después de haber visto lo que he visto, y de saber lo que sé ahora, todo eso no valía la pena” (“After I’ve seen what I’ve seen, and knowing what I know now, it wasn’t worth it all”, escribió Godberg en su transcripción del reportaje. Como autocrítica es hasta más fuerte que sus comentarios sobre el sistema cubano: estuvo de acuerdo con promover un ataque nuclear a Estados Unidos y ahora piensa que el mismo no valía la pena.
Otra revisión que surge con claridad es la relacionada a Israel y la comunidad judía, por la que expresa una simpatía que sorprende -por lo que han sido sus antecedentes- y que hasta incluye una apelación a Ahdmajinejad a reconocer el holocausto. Y ni que hablar de sus palabras -dichas días antes- sobre el error de haber perseguido y confinado a los homosexuales.
En fin, Fidel Castro está revisando la historia del mundo y su propia trayectoria. Ahora con una actitud distinta a la del gobernante y más próxima al de un estadista que intenta forjar una nueva realidad internacional. Es así que surgen comentarios como los que han sorprendido al mundo. Y en los que asoman algunas verdades. Pero sus responsabilidades con el gobierno de Cuba no cesan, por lo que finalmente no ha tenido otra salida que sentirse “malinterpretado” cuando asegura que el sistema de Cuba ya no les sirve ni a los cubanos.