Extrema derecha, extrema izquierda: la conexión antisemita

13/Ago/2026

Infobae- por Pilar Rahola

 

 

Del supremacismo blanco al comunismo revisionado, los dos polos ideológicos se han encontrado cómodos en los mismos bulos, en las mismas teorías conspiranoides, y en el mismo discurso demonizador hacia el estado hebreo. Crédito foto: Reuters/Stoyan Nenov

 

¿Qué une al actor Javier Bardem con el ex presentador de Fox News Tucker Carlson en sus charlas con el revisionista del holocausto Darryl Cooper? ¿Qué une al dirigente de Podemos Pablo Fernández con la podcaster de extrema derecha Candace Owens? ¿Y, qué une a Gustavo Petro con el teórico de la conspiración Alex Jones? O, sumado todo, ¿qué une al pensamiento de la extrema derecha con el pensamiento de la extrema izquierda? La respuesta seca es rotunda: les une el odio a Israel. O, dicho en los términos definidos por la IRHA, les une directamente el antisemitismo.

 

Por supuesto, el análisis requiere aplicar matices a la afirmación, pero los hechos son contundentes, a tenor de los últimos acontecimientos. Desde la guerra contra Hamas en Gaza, hasta la guerra contra Irán, pasando por la invasión de Ceuta, todo lo que ha ido ocurriendo, con implicación real o fictícia de Israel, ha permitido observar una convergencia inequívoca entre los postulados antiisraelíes de las derechas más extremas, lo que ya se denomina “la derecha woke”, y los postulados antiisraelíes del wokismo de izquierdas. Del supremacismo blanco al comunismo revisionado, los dos polos ideológicos se han encontrado cómodos en los mismos bulos, en las mismas teorías conspiranoides, y en el mismo discurso demonizador hacia el estado hebreo. Se trata de una convergencia ideológica perceptible desde hace años, siempre negada por ambos extremos, y sin embargo plenamente confirmada a tenor de los miles de ejemplos que la sustentan. El último capítulo, el de la irrupción de más de 100.000 migrantes desde Marruecos al enclave español de Ceuta, ha sido, en este sentido, especialmente ilustrativo.

 

Los ejemplos más reveladores unen inequívocamente a esos polos ideológicos, que se apuntaron desde el primer minuto de la invasión a la teoría de la conspiración israelí, con el Mosad como artífice de la crisis de Ceuta, a pesar de que ninguna evidencia lo sustentara mínimamente. Así lo confirmaron el Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB) o el Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, que negaron tajantemente cualquier vinculación, pero ello no impidió que las teorías que aseguraban que Israel era el responsable se difundieran masivamente. Por ejemplo, la politicóloga egipcia Nadia Helmy difundió en X que se trataba de una “guerra híbrida” para castigar a Pedro Sánchez, y su teoría alcanzó a millones de usuarios, según el Centro de Investigación del Antisemitismo (ARC). La tesis fue rápidamente “comprada” por dirigentes y opinadores de extrema izquierda, como la activista radical Ana Kasparian (que define habitualmente a Israel como un “estado maligno”), o el diputado de Esquerra Republicana Gabriel Rufián, y fue sutilmente avalada por el propio ministro socialista Óscar Puente. Pero no solo. Por ejemplo, el inefable Javier Bardem puso en su X de 1.5 millones de seguidores la siguiente frase: “Sabemos quién se beneficia de una España debilitada y desestabilizada: Israel”, y el portavoz de Podemos Pablo Fernández escribió: “el eje Marruecos-EUA-Israel és el que ha organizado la operación”, mientras acusaba al Partido Popular de ser “colaboracionistas de los sionistas y de sus aliados marroquíes y estadounidenses”. Igualmente explícita, la líder de Podemos Irene Montero aseguró que “si pagas a una dictadura como Marruecos para que haga el Trabajo sucio, cuando Marruecos quiere más, o cuando Estados Unidos e Israel le ordenan, deja de hacerlo para hacerte chantaje”. En la misma línea, el ex presidente de Colombia Gustavo Petro llegó a asegurar que “Netanyahu paga para que los pobres arriesguen su vida para llegar a España” y añadió que Marruecos “se ha entregado al designio de un genocida prófugo”. Como remate, también se sumó el famoso streamer de izquierdas Hasan Piker, que aseguró en su cuenta de tres millones de seguidores que “Israel y Estados Unidos lograron que el gobierno marroquí enviara como 40.000 personas al territorio administrado por España”.

 

Si la difusión de la “conspiración israelí” respecto a Ceuta ha sido la canción del verano de la extrema izquierda, la extrema derecha lo ha convertido en un hit, reduciendo la distancia entre ambos polos a la nada. Los ejemplos son igualmente reveladores, con la podcaster de extrema derecha Candace Owens y el ex presentador de Fox News Tucker como grandes propagadores de la conspiración. Owens, en línea con sus posiciones antisemitas clásicas, difundió una publicación vinculando los “centros de estudios financiados por Israel” con la invasión de Ceuta, y su publicación llegó a los 1.6 millones de visitas. Tucker, acompañado del revisionista del Holocausto Darryl Cooper, alimentó en su podcast la versión antisemita de la teoría del Gran Reemplazo que asegura que Israel promueve la migración masiva de musulmanes hacia países occidentales para perjudicar a la población blanca. La descripción del episodio del podcast en YouTube afirmaba que “El Gran Reemplazo ya no es una teoría” y supero los 2.5 millones de visualizaciones. Por su lado, el fundador de InfoWars, Alex Jones, se sumó a la teoría asegurando que “Israel ha lanzado una invasión islámica contra España”. Su publicación en X llegó a más de 500.000 cuentas.

 

En total, y según el informe de Combat Antisemitism Movement, “en las 72 horas que siguieron a los primeros incidentes de invasión en Ceuta, el número de lectores de los ‘post’ subidos a la plataforma X llegó a los 103 millones”, viralizando la mentira de la conspiración y alimentando el odio a Israel. Y a pesar de que los bulos tenían matices diversos, en función de las obsesiones de cada lado ideológico, todos coincidían en la “conspiración israelí”, una versión moderna de la vieja “conspiración judía” del antisemitismo clásico. Nuevos tiempos y nuevos lenguajes, pero el viejo prejuicio judeófobo de siempre, alimentado a ambos lados de la acera ideológica. Si antes eran los banqueros judíos del centro de Europa que conspiraban para dominar la economía mundial -desde los Protocolos inventados por la Ojrana rusa, hasta los mitos nazis-, hoy serían los judíos de Israel y Wall Street quienes intentan dominarlo. Si antes los judíos bebían la sangre de los niños cristianos, ahora serían los soldados judíos los que disfrutan asesinando niños. Si antes los judíos tenían un plan para dominar el mundo, ahora sería Israel quien desestabiliza estados, crea invasiones y quiere acabar con la Europa blanca… Son los mitos y las falsedades históricas reinventadas, modernizadas, y planetariamente viralizadas, en un preocupante y magno ejercicio de estupidez colectiva. Y nada es casual. Como escribió Matthew Witkin, investigador de la Liga Antidifamación (ADL), esta convergencia entre polos ideológicos no es una coincidencia, sino que “refleja una característica duradera del antisemitismo moderno: Israel sirve como una explicación universal para crisis que no tienen relación entre sí, absorbiendo la culpa de la migración, la inestabilidad económica y la disfunción política, independientemente del punto de partida ideológico”

 

Javier Bardem y Candance Owens, a derecha y a izquierda, del comunismo al supremacismo: la misma mentira conspiranoide, el mismo odio a Israel, la misma supina estupidez.