El Holocausto forma parte
de la memoria global de nuestro tiempo. Como señalaban Daniel Levy y Natan
Sznaider la Shoá resulta imprescindible a la hora de explicar el desarrollo de
una memoria cosmopolita cada vez más extendida. Esta cultura se difunde a
través de ensayos, congresos y memoriales, pero también mediante películas y
novelas. La conmemoración del día del Holocausto constituye un momento
importante en la construcción de esta nueva memoria global.
La memoria del Holocausto
juega una función diferente según la experiencia histórica de cada colectivo y
también dependiendo de las políticas públicas de memoria de cada país: así, la
narración del Holocausto ha tenido un papel muy importante en la construcción
de las identidades de países como Alemania, Estados Unidos, Israel o Francia.
Últimamente también se busca legitimar el proyecto europeo sobre la base
especialmente de la historia de la Segunda Guerra Mundial.
España claramente
pretende participar de esta memoria colectiva mundial. Pero en mi opinión lo
hace presentándose con unas supuestas credenciales que, de acuerdo con lo que
dicen libros y archivos sobre su actuación en la Guerra y en la deportación, no
le corresponderían. Todo lo contrario que Alemania, que sí ha confrontado su
pasado en este punto y ha construido con él una conciencia antifascista.
España sí participó en el
conflicto bélico mundial. Al apoyo de Franco a la industria de guerra alemana
hay que sumar el envío de la División Azul al frente de Rusia y la
responsabilidad por acción o por omisión del Estado español en la deportación
de españoles republicanos a los campos nazis, así como la colaboración con las
autoridades alemanas en la deportación de judíos españoles y no españoles. Se
ha destacado el papel de algunos diplomáticos en la salvación de judíos, pero
se omite decir que, hasta 1944, estos pocos funcionarios contravenían las
instrucciones de Madrid que ordenaban pasividad ante las peticiones de
protección de los judíos españoles porque, según el Ministerio de Exteriores,
no podían ser equiparados a los españoles “nacidos en España, hijos de
españoles y educados en el ambiente y el espíritu de España”. Solo al final de
la guerra y para congraciarse con los Estados Unidos se decidió aprovechar la
labor de algunos diplomáticos y se repatriaron unos trescientos judíos. Pero ni
en esa ocasión se permitió que se quedasen en España y se ordenó que
atravesasen el país “como la luz atraviesa el cristal”. España no quería un
“problema judío”.
Es por todo ello que
debemos preguntarnos qué papel juegan la deportación de republicanos y el
Holocausto en la memoria colectiva de España. El cinismo de Franco le llevó a
tapar su colaboración con el nazismo y a destacar los actos individuales de
esos diplomáticos. En 1945 se construye un relato en el que se presenta a
Franco como salvador de miles de judíos del Holocausto en Budapest, en Grecia y
en España. Este relato no sirvió para que la España de Franco fuese admitida en
la ONU, pero sí para adaptar la fachada del régimen después de la derrota del nazismo.
Este relato oficial no se
modifica ni durante la transición ni en democracia. No hubo reconocimiento
público de las víctimas españolas del nazismo, fuesen republicanos o judíos. A
día de hoy todavía no hay un día oficial de conmemoración de las víctimas del
franco-fascismo.
Eso explica que, cuando a
finales de los 90 se globaliza e incluso se comercializa el relato del
Holocausto, España apueste por participar en esta nueva memoria cosmopolita
partiendo del relato fabricado por el propio franquismo. En lugar de reconocer
la alianza con Hitler y la responsabilidad española en la deportación de
republicanos y judíos, se presenta a España como país que ayudó a estos
últimos. Se utilizan las acciones de algunos diplomáticos de los años finales
de la guerra para poder presentar a España como cuna de varios Justos entre las
Naciones: los no judíos que se arriesgaron para salvar vidas judías.
Esto se percibe en la
exposición “Visados por la libertad” del Ministerio de Asuntos Exteriores y
Casa Sefarad. Pese al excelente trabajo del investigador Alejandro Baer, el
Ministerio de Exteriores, uno de los impulsores de la exposición, evita en sus
discursos referencias al como mínimo ambiguo papel de Franco. También
encontramos este relato que sitúa a España al lado de los Justos entre las
Naciones en el preámbulo del reciente proyecto de Ley que reconoce la
nacionalidad española a los sefarditas: nula referencia a la alianza
hispano-alemana en los años treinta y cuarenta, y nuevamente utilización de las
acciones de algunos diplomáticos españoles.
A España le cuesta
abandonar un relato que omite la participación de España en la Segunda Guerra
Mundial y en la deportación y el Holocausto, igual que le cuesta recuperar la
memoria del proyecto de exterminio del enemigo interior. Pretende aparecer del
lado de los Justos en este relato global que se va construyendo. Esto también
supone una forma de burlar a las víctimas y de banalizar el Holocausto. En
lugar de educar y prevenir, el Estado español se aprovecha de la terrible
experiencia de la Shoá para pulir su “Marca” en el ámbito internacional.
Y esto tiene obviamente
consecuencias en la construcción de la identidad colectiva. La democracia y la
“marca” de un país también se pueden construir reconociendo que en España hubo
un régimen fascista y antisemita que colaboró con la deportación de españoles,
republicanos y judíos, y que asesinó a cientos de miles en el interior. También
se mejora la imagen de España dando justicia, verdad y reparación a las
víctimas. Pero plantear la memoria de esta manera supone revisar la dictadura e
indirectamente también la transición.
El Estado prefiere una conmemoración del
Holocausto vacía de contenido. Y esto se da precisamente en un país en el que
crecen el antisemitismo y la extrema derecha. A estos fenómenos se les combate
cultivando un relato oficial y una memoria que asuma el pasado oscuro y
reconozca a las víctimas del franco-fascismo en España y en los campos nazis.
De lo contrario se corre el riesgo de cultivar la memoria banal construida a
costa de las víctimas judías del nazismo.
España y la memoria del Holocausto
29/Ene/2015
El Diario, España, Alfons Aragoneses