“Es mucho más lo que une a judíos y cristianos que lo que nos separa»

22/Mar/2013

Ana Jerozolimski, Semanario Hebreo

“Es mucho más lo que une a judíos y cristianos que lo que nos separa»

“ES MUCHO MÁS LO QUE UNE A JUDÍOS Y CRISTIANOS QUE LO QUE NOS SEPARA”

El
Presbítero Dr. Gabriel González Merlano , de la diócesis de Florida, participó
hace pocas semanas junto a sacerdotes católicos de Argentina, Brasil y  Chile, del seminario teológico promovido por
el Centro Judeo Cristiano para el Entendimiento y Cooperación, presidido por el
Gran Rabino de Efrat, Dr Shlomo Riskin y cuyo Director Latinoamericano es el
Rabino Dr. Angel Kreiman-Brill.

Fue
ordenado sacerdote hace 21 años. En los últimos 15 se ha dedicado a la docencia universitaria,
fundamentalmente en la Facultad de Derecho de la Universidad Católica del
Uruguay y en la Facultad de Derecho del Claeh, aunque también enseña en  la Facultad de Teología del Uruguay.

No obstante
su  formación teológica, su preparación
es básicamente jurídica. Es doctor en Derecho Canónico. Su licenciatura en dicha
especialidad la realizó en la Universidad Pontificia de Salamanca, el doctorado
en la Pontificia Universidad Católica Argentina, de Buenos Aires; todo eso tras
haber estudiado Teología en Montevideo, como parte de sus estudios para
ordenarse sacerdote.

A raíz de
su especialización en derecho canónico, que es el ordenamiento jurídico de la
Iglesia, integra el Tribunal Eclesiástico de Montevideo, como fiscal. Además es
miembro del Consorcio Latino Americano de Libertad Religiosa, que nuclea
académicos juristas de Latinoamérica que se dedican al tema de las relaciones
Estado-Derecho-Religión.

 P: Gabriel, me da
especial gusto poder comunicarnos directamente para realizar esta entrevista,
aunque lamenté perderme de conocerlo 
personalmente en Jerusalem cuando estuvo aquí hace muy poco, en un
seminario especial para sacerdotes latinoamericanos ..¿Fue la primera visita a
Israel?

R: No fue la primera visita; en realidad fue la
segunda. La primera fue hace cerca de 20 años, por lo que encontré muchos cambios.

P: Veinte años en
Israel realmente es casi una eternidad…¿Es lo mismo que le pregunte sobre su
visita a Israel o sobre su visita a Tierra Santa? No es una pregunta meramente
semántica ¿verdad?

R: Creo que no es una distinción sólo
semántica. Si bien lo de Tierra Santa es un término de cuño cristiano, prefiero
hablar de Israel; creo que es mucho más adecuado para el diálogo
judeo-cristiano. Así como otros términos que no son indiferentes, por ejemplo
hablar de holocausto en lugar de shoá; como también, hablar de Antiguo Testamento
para referirnos al Tanaj. No son términos muy felices; el primer paso hacia la
unidad es manejar los mismos conceptos, hablar “el mismo idioma”. 

P: Qué linda y directa
esa explicación… Aunque ya hemos adelantado algo en nuestro número de hace dos
semanas, creo que sería bueno recordar de qué se trató ese encuentro tan
singular…

R: Fue un encuentro cuya propuesta era muy
interesante y su concreción fue excelente. En pocas palabras se trató de
concretizar la idea, o deseo, de Benedicto XVI, trasmitida a dos rabinos, hace
unos años, de avanzar en el diálogo judeo-cristiano, pasando del aspecto
meramente social o político al teológico. De ahí que fue un encuentro muy rico,
de estudio y de intercambio religioso-cultural.

P: ¿Qué le ha dejado
esa cita tan especial?

R: La riqueza de conocer más profundamente y
hacer vida aquello que los católicos sabemos, es decir, que nuestra raíz está
en el pueblo de Israel, en el pueblo elegido, pero que muchas veces no pasa de
ser solo una idea aprendida.

P: ¿Estaría en lo cierto
si digo que cuando más uno se acerca, más claro queda cuánto tienen aún por
aprender a conocerse mutuamente católicos y judíos?

R: Sin duda que si, porque de esa forma queda
de manifiesto que es mucho más lo que nos une que las diferencias que podamos
tener. Y, además, no se puede querer lo que no se conoce.

P: De todos modos, se
ha andado ya un trecho nada corto ¿no es así?

R: Sí, desde el Concilio Vaticano II, podemos
decir que formalmente se comenzó un diálogo, pero hay testimonios de
experiencias previas, de quienes intuían que ese era el camino, aunque a nivel oficial
las posiciones estaban aún encontradas.

P: ¿Cómo vive usted,
dentro de la Iglesia, como católico, la importancia del diálogo judeo-cristiano
en general , o digamos judeo-católico?

R: Para mi es muy importante. Aquel deseo de
Jesús, transformado en oración: “Padre, que todos sean uno”, creo que vale no
sólo en el diálogo ecuménico, es decir, entre cristianos, sino también en el
diálogo interreligioso. Pero no con afán proselitista, para convertir al otro,
sino para lograr convivir en armonía y cooperación, más allá de las
diferencias. Además, el diálogo no supone que cada uno abandone parte de sus
convicciones para encontrarse en un 
punto en común, sino todo lo contrario. El verdadero diálogo exige creyentes
convencidos y arraigados en su fe; no se trata de convencer al otro. Para mi
esta experiencia vivida en Israel supuso confirmar mi fe católica a la vez que
un gran acercamiento al mundo judío.

P: ¿Cree que se puede
hablar de  quién lo necesita más? El Papa
Juan Pablo II, de bendita memoria, hablaba del pueblo judío como “nuestros
hermanos mayores”..pero ¿sería correcto decir que para los judíos este diálogo
parece más esencial, por una cuestión numérica?

R: No, para nada, no es una simple cuestión
numérica, sino esencial. Me parece muy afortunada la expresión de Juan Pablo
II. Hay una mutua necesidad y no creo que sea mayor de una parte u otra; de
hecho los cristianos debemos reconocer que el pueblo judío es el elegido por
Dios, el verdadero heredero de la promesa. Por eso digo que las cuestiones que
requieren el diálogo son esenciales, no de conveniencia.

P: Sabemos que a
menudo, en muchos ámbitos, una cosa son las órdenes formales , el marco oficial
y otra la situación concreta en el terreno..Me refiero a temas como lucha
contra los prejuicios en general. ¿En qué medida se puede decir que el diálogo
con el pueblo judío es parte de la misión actual de la Iglesia, de su enseñanza
y no mera iniciativa de aquellos sacerdotes, a distintos niveles, que se
identifican con ello?

R: Sí, de hecho este es uno de los compromisos
que nos llevamos del encuentro. Debemos tratar de eliminar muchos prejuicios
infundados que dificultan enormemente el diálogo. No se trata de declaraciones
formales sino de trasmitir esa cercanía que hemos experimentado, al pueblo
católico. Por eso los invitados eran sacerdotes jóvenes, que trabajan
principalmente con jóvenes, pues se trata de ir cambiando la mentalidad en las
nuevas generaciones, erradicando prejuicios.

P: Durante mucho
tiempo, los judíos tuvieron reservas respecto a la Iglesia, por etapas
históricas en las que, como bien sabemos, el antisemitismo era más que nada de
fuentes cristianas. ¿Siente que eso está totalmente superado? Me refiero tanto
a sentimientos antisemitas inspirados en la acusación de deicidio, por ejemplo,
que el hasta hace poco Papa Benedicto XVI echó por la borda inclusive en uno de
sus libros, como a las sospechas de parte judía respecto a la visión cristiana.

R: Sí, la iglesia ha sido muy clara al
respecto, especialmente desde el documento conciliar Nostra Aetate, hasta el
presente, como bien dice usted, con las intervenciones favorables al encuentro
superando errores del pasado, de Benedicto XVI y Juan Pablo II. Si en algunas
personas o grupos aún no estuvieran superados estos sentimientos, podemos decir
que no están en sintonía con la Iglesia, con su teología y su magisterio
respecto al tema.

P: Todos estos temas
¿fueron tratados también en el seminario en Israel? Me imagino que el desafío
era también hablar de los problemas, no sólo de que hoy el camino es
diferente…verdad?

R: Claro que sí, por eso, como antes expresaba
se trataba de una semana de estudio teológico, donde a la vez de advertir las
coincidencias, y todo aquello que el cristianismo ha heredado del judaísmo en
cuanto tradiciones, ritos, etc., también tomar conciencia de las diferencias. Y
esto ya es avanzar, precisamente porque el camino es diferente, porque si bien ya
se ha caminado bastante en el diálogo, ahora hay que profundizar en la
reflexión teológica, lo que constituye todo un desafío.

P: Un buen amigo mío,
muy creyente y católico, me dijo una vez que en resumen, lo que nos diferencia
a judíos y cristianos es que los judíos todavía esperamos al Mesías y los
cristianos creen que ya ha llegado..¿También usted lo ve como algo tan
sencillo?

R: Si todo fuera tan simple, esperaríamos tranquilamente
la llegada del Mesías, pues coincidiríamos plenamente, ya que lo que para los
judíos sería la primera llegada, para los cristianos sería la segunda. Algo de
eso hay, pero también hay mucho más, incluso en este aspecto concreto no creo
que tengamos la misma visión acerca de la naturaleza y características de este
Mesías. Con esto quiero decir que el diálogo a nivel teológico no es tan
sencillo, es muy profundo, pero es posible y muy constructivo e
integrador.  

P: ¿Hay más que une a
las dos religiones..o que separa? ¿Qué puntos de unión destacaría?

R: Ya antes lo dije, es más lo que nos une.
Desde el momento que tenemos un testamento, una revelación, que es común a
ambos, no hace falta señalar todo lo que compartimos. 

P: Volviendo a la
visita misma…¿qué le pareció Israel? ¿Le sorprendió?

R: Sí, me sorprendió mucho. Al visitar esta
tierra se desmitifican muchas informaciones interesadas que se nos trasmiten.
Es sorprendente la convivencia entre distintas culturas, a pesar, insisto, de
la imagen de violencia que muchas veces trasmiten los medios de comunicación,
que nos hacen creer que ir a Israel es peligroso. En otro aspecto, asombra ver
el aprovechamiento de la tierra para el cultivo, en una geografía que no es
favorable; esto a los uruguayos nos llama la atención, ya que tenemos tanta
tierra ociosa, sin producir. 

P: Recuerdo que hace
muchos años entrevisté en Jerusalem a Monseñor Víctor Gil, Obispo de Minas, que
aunque estaba visitando Israel por primera vez, hablaba como conociendo todo,
por las lecturas  bíblicas..¿También
usted sintió en cierto modo que estaba llegando a algo conocido?

R: A pesar, que ya conocía, siempre se llega a
Israel como un lugar familiar, ya que uno a través de la Sagrada Escritura va
haciendo un recorrido espiritual. Pero también en ocasiones es sorprendente,
pues verse físicamente en la geografía de los relatos bíblicos es una
experiencia muy especial.

P: ¿Y no es difícil
andar por la Jerusalem terrenal, conociendo más que nada la celestial?

R: Sin duda, allí se vive una espiritualidad
muy profunda. El que no se siente llamado a rezar, a tener una experiencia
espiritual seria, es porque no quiere, porque la misma atmósfera, y la cantidad
de lugares sagrados, invita a ello, uno se ve arrastrado. Y queda de manifiesto
cuando vamos a otras ciudades de Israel, como Tel Aviv, que es una típica
ciudad occidental, secularizada, alejada de Dios. 

P: ¿Cree que los
líderes religiosos pueden jugar juntos un rol importante en pro de la paz?

R: Sí, claramente. La religión muchas veces en
la historia ha sido, y sigue siendo, parte del problema, muchas guerras son por
motivos religiosos. Por eso, es importante que, en este mundo convulsionado,
las religiones pasen a ser parte de la solución. Todas ellas muestran al hombre
la apertura a la trascendencia, sin la cuál no hay plenitud, sin Dios el hombre
se pierde, carece de identidad y por tanto no puede existir reconciliación con
sus hermanos, a los que debe ver como imagen de ese Dios del cual él es imagen
y por tanto como semejantes. Sin esa apertura al otro no hay verdadera paz.

P: ¿Cómo se siente
respecto a la situación de los cristianos en Oriente Medio?

R: Sabemos que Medio Oriente es un caldo de
cultivo de enfrentamientos religiosos, principalmente entre musulmanes y
cristianos, y estos por ser minoría llevan la peor parte. Sin duda que esto no
contribuye al respeto del derecho fundamental a la libertad religiosa, tanto de
las personas como de los grupos. Este derecho se ve herido, cada vez que se
persigue o incluso mata a aquellos que poseen una creencia diferente a la
dominante. Pero también esta realidad de persecución ofrece la posibilidad del
testimonio, el perdón, la reconciliación. Son muchos los cristianos que en
medio de esta difícil situación dan ejemplo de ello, viviendo su vida
cristiana, como lo que es, una vocación, y no un destino del que hay que huir.
Justamente, para reflexionar sobre estos temas, Benedicto XVI convocó, en el año
2010, un Sínodo de Obispos en Medio Oriente.

P:  Sin duda, la situación es compleja..y los
cristianos lidian en la región con no pocos desafíos..Gabriel, ¿hay un antes y
un después de una visita como la que usted realizó a Tierra Santa, a Israel?

R: Sí, porque no fue un viaje más, una
peregrinación, para mirar desde afuera tantos lugares, sin duda, cargados de
significación, sino un encuentro interreligioso en el que tuvimos la
oportunidad de compartir desde dentro distintos aspectos de una cultura que
está en nuestras raíces cristianas. Los conocimientos adquiridos y las
vivencias compartidas fueron la diferencia. 

P: ¿Siente que volvió
a Uruguay con un compromiso de diálogo interreligioso?

R: Sí, de hecho esa era la consigna, conocer, para
poder dar testimonio de lo vivido y aprendido, especialmente de cara a esa
tarea de la que hablábamos, de eliminar prejuicios.

EL PAPA FRANCISCO

P: Y no podemos
finalizar esta entrevista sin comentar sobre la reciente elección del Cardenal
Bergoglio como nuevo Papa Francisco. ¿Qué le inspira? Por ahora, parece que
está tocando muchos corazones…

R: Sin duda una sorpresa, pero muy agradable,
por cierto. Su sencillez y humildad, su modo de comunicación directo y fraterno,
es lo que toca los corazones; muestra la imagen de una Iglesia muy cercana al
pueblo. De ahí el nombre elegido, por todo lo que significa Francisco de Asís como
reformador de la Iglesia, no desde el poder sino desde la pobreza.

P: Una Iglesia de los
pobres y para los pobres dijo el Papa… ¿Lo conoce? ¿Es realmente tan especial,
sencillo y humano como parece?

R: No puedo decir que lo conozco, sólo porque
alguna vez lo haya visto. Pero, por lo que ya se sabía y ahora circula, lo que
está haciendo, la forma como se muestra, tiene antecedentes, pues así se
manifestaba siendo Cardenal Arzobispo de Buenos Aires. Con esto quiero resaltar
la coherencia; su constante referencia a la pobreza, su renuncia a cierta
vestimenta o símbolos materiales costosos, o que vaya en bus en lugar de limusina,
no es un gesto demagógico, porque lo mismo hacía en Buenos Aires; entonces, hay
autenticidad.

P: En lo que a la
relación con los judíos se refiere, entiendo que no podría haber habido una
mejor elección…¿Le parece?

R: Estoy totalmente de acuerdo, sólo nos cabe
esperar que siga en la misma senda de Juan Pablo II y Benedicto XVI, e incluso
que la profundice. También aquí tenemos antecedentes y actos concretos desde el
primer día de su pontificado. En cuanto a sus antecedentes, en Argentina, fue
comprometido promotor del diálogo con los judíos y lo demostró especialmente
siendo un activo defensor de la causa de la AMIA. Y, actualmente, a pocas horas
de haber sido nombrado Sumo Pontífice, tiene el gesto de dirigir una carta al
Rabino de Roma, invitándolo para la inauguración de su pontificado, en la que
expresa su deseo de contribuir al progreso
registrado en las relaciones entre judíos y católicos desde el Concilio
Vaticano II, para una renovada colaboración al servicio de un mundo en armonía
con el Creador. Todo un programa, en la misma línea de sus predecesores, si
tenemos en cuenta la cercanía que ellos tuvieron con el Rabino de Roma.

P: Gabriel, yo le agradezco muchísimo su tiempo
y haber compartido conmigo estos pensamientos que tanto enseñan y enriquecen.

R: Muchas gracias Ana.