¿Es buena la libertad para los musulmanes?

05/May/2017

Clarín- por Mustafa Akyol (para The New York Times)

¿Es buena la libertad para los musulmanes?

Hace poco vi un debate curioso que se llevó a cabo en 2015, en la Sociedad de Prensa Libre de Dinamarca. Por un lado estaba Geert Wilders, el político holandés de extrema derecha y abanderado antiislam cuyo ascenso al poder, me complace decir, fue frenado por las recientes elecciones en los Países Bajos. Por el otro estaba Flemming Rose, el periodista que enfureció a muchos musulmanes en 2005 al publicar en el diario danés Jyllands-Posten caricaturas que retrataban al profeta Mahoma.
El tema central del debate era qué hacer con los musulmanes y el islam en Europa. Wilders argumentó que se debe prohibir el Corán y clausurar las mezquitas.
Rose, en contraste, explicó que este punto de vista es inaceptablemente autoritario y que los musulmanes merecen libertad igual que todos los demás.
La mayoría de los musulmanes que veían este debate probablemente simpatizaría con Rose, creyendo que los estaba defendiendo. Sin embargo, Rose simplemente defendía un principio liberal: libertad para todos. Fue ese mismo principio el que lo llevó a publicar las caricaturas del profeta Mahoma, vistas por muchos musulmanes, incluido yo, como ofensivas.
Ésta es sólo una de las muchas manifestaciones de una paradoja que los musulmanes, especialmente los que vivimos en Occidente, enfrentamos en el mundo moderno: se ven amenazados por fuerzas islamofóbicas contra las que necesitan las protecciones ofrecidas por el liberalismo: libertad de expresión, libertad religiosa y no discriminación.
Sin embargo, ese mismo liberalismo también les trae realidades que la mayoría de ellos ve como contrarias al Islam: irreverencia hacia la religión, tolerancia de personas LGBT y actitudes permisivas hacia el sexo.
Por lo tanto, no pueden decidir fácilmente si el liberalismo es bueno o malo para los musulmanes.
La misma paradoja se puede ver también en los debates sobre la indumentaria femenina. Cuando los secularistas no liberales en Occidente interfieren en lo que respecta a los atuendos de las mujeres musulmanas conservadoras —con vetos a la burqa, el “burkini” o incluso sólo el velo— la defensa se halla al interior del liberalismo: las mujeres tienen el derecho de “vestir como les plazca”. Esto, por supuesto, es un argumento perfectamente legítimo en una sociedad libre.
No obstante, la idea de que las mujeres pueden “vestir como les plazca”, de hecho, no es bien visto por algunos musulmanes —si eso significa, por ejemplo, jeans ajustados y minifaldas.
En Arabia Saudita e Irán, las mujeres son forzadas por ley a cubrirse la cabeza. De hecho, en algunas formas, Arabia Saudita es un fiel reflejo de la distopía culturalmente hegemónica con la que sueña Wilders: una tierra donde se prohíben las escrituras y los lugares santos de una religión extranjera —en este caso, no el Corán y las mezquitas, sino la Biblia y las iglesias.
Esto no quiere decir que los musulmanes que piden libertad en Occidente deben ser responsabilizados por la falta de libertad en Estados “islámicos”.
Pero sí significa que los líderes de opinión musulmanes —imanes, académicos e intelectuales, deben reflexionar seriamente sobre un interrogante clave: ¿acaso el liberalismo es bueno o malo para los musulmanes?
A menudo, los musulmanes apoyan el liberalismo cuando les conviene y lo rechazan cuando no es así. Echan mano de la libertad religiosa en Occidente, por ejemplo, para convertir a personas al islam, mientras que condenan a los conversos del islam a otra religión como “apóstatas” que merecen morir. O piden el derecho de organizar libremente encuentros políticos en Europa, mientras que reprimen reuniones de la oposición en casa.
El problema más profundo es que el islam, como una tradición legal y moral, se desarrolló en una época en la que el mundo era un lugar muy diferente. Había un concepto muy limitado de libertad individual, ya que la gente vivía en comunidades estrictamente definidas. No había noción del derecho internacional, los derechos humanos universales, el Estado laico o la libertad religiosa. Además, los musulmanes a menudo eran la fe dominante, haciendo las reglas a su conveniencia —como tolerar a los no musulmanes como comunidades “protegidas”, pero inferiores.
Ese mundo premoderno de­sapareció hace mucho tiempo. Ahora hay un mundo cada vez más diverso donde los límites se desvanecen, las culturas se encuentran y las personas deambulan. Y las fuerzas que tratan de invertir esta tendencia —la globalización liberal— por lo común son las fuerzas que detestan al islam y amenazan a los musulmanes.
Los líderes de opinión musulmanes tienen que decidir su postura. ¿Acaso los musulmanes queremos un mundo libre con principios universales en el que todos, incluyéndonos a nosotros, viven acorde a sus propios valores? ¿O preferimos un mundo segregado en el que quien sea que asuma el poder impone sus valores? Y si optamos por lo segundo, ¿qué nos protegerá de todos los Geert Wilders del mundo? De hecho, ¿qué nos hace diferentes a nosotros?