Entrevista a Adriana Stainfeld, Directora del exitoso programa educativo ´Salir Adelante´ de B´nai B´rith

16/Mar/2016

Uypress, Ana Jerozolimski

Entrevista a Adriana Stainfeld, Directora del exitoso programa educativo ´Salir Adelante´ de B´nai B´rith

Adriana Stainfeld (47), Directora del exitoso programa educativo “Salir Adelante” concebido y promovido por la B´nai B´rith Uruguay, nació queriendo ser maestra y siente que es una bendición que siempre le haya gustado la educación.
“No es un cliché. Los chicos de ´Salir Adelante´ son parte de mi vida”.
Tras recibirse en el Instituto Normal de Montevideo, ejerció 11 años en una escuela pública, pensando que llegado el momento, se jubilaría, feliz, como maestra. El nacimiento de sus hijos, hoy de 16 y 18 años, la hizo pensar en buscar otra vertiente dentro de la educación, lo cual la llevó a hacer un postgrado en la Universidad Católica en Gestión de Centros Educativos.
Tras unos años de trabajar en el programa “Lev Gadol” de la Fundación Tzedaká , Adriana recibió un llamado de B´nai B´rith que le proponía armar un proyecto educativo relacionado a alumnos en situación de vulnerabilidad. Esa fue la base de la cual nació “Salir Adelante”, un emprendimiento educativo ejemplar que es precisamente el motivo de esta entrevista.
“Salir Adelante” comenzó en el 2009 y esa primera generación terminó en diciembre del 2011, o sea que el programa trabaja con los jóvenes dos años y medio, casi tres.
En el 2015 había 72 alumnos participando en el programa.
De los datos resumidos hasta fin del 2015, cerca de 100 jóvenes egresaron del programa desde su creación, lo cual equivale a un 78% de los que habían comenzado. Esto significa que también en este programa hay deserción, pero el porcentaje de éxito y egreso es mucho más alto que el nacional que asciende solamente al 37%.
Adriana, comencemos por lo esencial, para quienes no lo conocen. ¿Qué es el programa “Salir Adelante” que dirigís?
“Salir adelante” es un programa de B’nai B’rith, a través de su fundación “Salir Adelante”, que acompaña a muchachos a partir de cuarto año de liceos públicos que vienen con notas de 9 o más en el liceo, y que viven situaciones socioeconómicas vulnerables. Y que quieren estudiar y, justamente, salir adelante.
¿Cómo hacemos ese acompañamiento? Nuestro gran objetivo es que terminen el liceo, pero también que en ese camino haya una intervención en la construcción de ciudadanía, que le agarren el gusto a participar en la sociedad, a comprometerse por diferentes cosas, y a ver que se trata siempre de un dar y recibir. Todo el programa tiene que ver con que ellos obtengan beneficios y adquieran compromisos.
¿Cómo seleccionan a esos chicos?
Nuestro trabajo desde el principio tiene que ver con trabajar con el Estado, con las empresas, nosotros todos en beneficio de los jóvenes. Los chicos son preseleccionados por Secundaria, son ellos quienes los conocen. Entonces nosotros trabajamos con inspección, inspección con los directores, nosotros pasamos a trabajar con los directores y adscriptos de cuarto año para que identifiquen chicos que tienen promedio 9 o mayor y que vivan en una situación vulnerable.
¿La vulnerabilidad la determina más que nada la ubicación del liceo en un barrio complejo?
Sí, pero dentro de los liceos igualmente hay situaciones más y menos complejas.
La vulnerabilidad puede ser social, económica, o la posibilidad de tener un familiar con una enfermedad muy grande, por ejemplo un chico que quizás no tiene una situación económica tan difícil en la casa, pero con un hermano con cáncer, lo cual trae unos gastos y una tensión que también implican la necesidad de estar acompañando a ese muchacho para que termine. Pero en general tiene que ver más como temas económicos o sociales.
Los liceos los elige Secundaria, pero estamos en zonas periféricas. Estamos cerca de Zona Franca -que agarra mucha gente de Villa García, no solo de Montevideo, sino en el límite del departamento-, en la Curva de Maroñas, en el Cerro. En el 2014, por ejemplo, estuvimos también en Rincón del Cerro, pero en el 2015 no. El año pasado estuvimos también en el Dámaso, que es céntrico pero al que vienen alumnos de muchos lados, ya que no es un liceo de barrio. Teníamos por ejemplo dos chicos que vienen de Toledo y estudian en el Dámaso, todos los días viajan una hora y media para ir y para volver.
APOYO DIRECTO
¿Cómo reciben los chicos el apoyo en el marco del programa “Salir Adelante”?
Aparte de los talleres que son el fuerte de nuestro programa, tuvimos que empezar a hacer clases de apoyo en matemáticas, física e inglés, desde principio de año, porque no están preparados para lo que se les exige en el liceo.
También tenemos aparte una serie de beneficios concretos como canasta básica de alimentos y limpieza, ya sea de ellos como del hogar, abrigos, lentes cuando necesitan, conexión a internet, computadora. Ahora recién está llegando el Plan Ceibal a esa edad, pero a veces no tienen conectividad en la casa y se tienen que trasladar. También pensamos que en cuarto, quinto y sexto tenés que tener la computadora como una herramienta de estudio diaria, no solamente solo si vas al liceo. Además les brindamos emergencia médica móvil. Esas son las cosas que les damos, pero para nosotros lo más importante es que tenemos son los talleres guiados por un excelente equipo de coordinadores donde se va haciendo un grupo de pertenencia positiva de jóvenes chicos que viven situaciones similares y quieren seguir estudiando y se motivan entre ellos.
O sea que ellos estudian cada uno en su liceo, pero aparte hay un marco físico de reunión, de todos juntos.
Sí, de forma quincenal, que lo hacemos generalmente en el Instituto Nacional de la Juventud (Inju). Ese lugar es muy bueno porque queremos que empiecen a conocer redes con otros jóvenes uruguayos, que les pueden aportar. En el Inju llegás y hay carteles de la Tarjeta Joven, de tal taller… como que se empiecen a apropiar de cosas a las que ellos tienen derechos por ser ciudadanos.
En general, como le pasa a la mayoría de los chicos de esa edad, a los 16 años vos te movés más bien dentro de tu barrio. Cuando tu barrio es todavía más lejos y más aislado, en general ellos no vienen al centro para hacer cosas. Entonces, por gusto, ellos a los talleres tienen que venir, y empezarse a animar, a apropiarse de esa ciudad que también les corresponde, porque si van a querer hacer un estudio terciario, pasa todo más en el centro de la ciudad. Y muchas veces, aunque llegan hasta ahí, no se animan a dar los otros pasos. Es importante que vayan apropiándose de los espacios que no conocen pero que les pertenecen.
El apoyo intenso es cada 15 días, pero en la rutina hay clases particulares.
Sí, y aparte tenemos grupos de Facebook y de WhatsApp cerrados, que para ellos es… hasta los propios coordinadores, que son más jóvenes, dicen: “Ay, pero yo hablé con él”, y yo les pregunto: “¿Hablaste o te escribiste? Yo quiero que hables”.
¿Vos estás en el grupo con los chicos?
Sí. Por decirte algo: deseamos suerte para los parciales, suerte en esto, suerte en lo otro. Cada uno tiene su historia y vamos haciendo ese seguimiento cuerpo a cuerpo.
FALTA DE INTERÉS Y DESERCIÓN
De fondo, claro está, el gran tema es la crisis en la educación, principalmente la deserción en Secundaria ¿verdad?
Exacto. Hoy en día, cuando investigamos las razones de por qué alumnos dejan de estudiar, por supuesto que lo económico tiene que ver, pero no es la causa principal. En Uruguay hoy, solamente entre el 35% y 39% de los chicos terminan el liceo, y eso es a nivel total, no es por quintiles de menos ingresos o de mayores, sino que es el promedio. Bastante menos que la mitad.
Incluyendo a aquellos que están en una situación muy buena y supuestamente no tienen por qué estar lidiando con ningún obstáculo.
Dentro de este informe que hicimos hace muy poco, publicado por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa, o sea un organismo del Estado, en 2014, donde dice “motivos declarados de no culminación de educación media”, la respuesta es que “no tienen interés”. Eso es así entre los 15 y 20 años, con seguridad. Recién de 27 a 29 años se junta con otras razones, como embarazo o que les resulta difícil…
Y uno tiene que suponer que si el fenómeno se da a tal grado es porque alguien está haciendo las cosas mal. Al menos, esa sería parte de la explicación ¿no?
Todo es multicausal, yo soy una convencida de que no existen ni las soluciones mágicas ni los problemas puntuales, todo se da por muchas cosas. Pero la falta de interés es lo que nos guía un poco toda la propuesta que hacemos, las herramientas y estrategias del programa tienen que ver con recobrar ese interés.
El interés es algo en lo que el hogar incide mucho. Entiendo que con estos chicos esto suele ser un problema.
Un dato, entre otros, que lo deja en claro es que un 83% de los que terminan con nosotros, son los primeros en su familia en terminar secundaria. Es un período muy grande de los 15 a los 18 años, sabiendo todo lo que pasa en cualquier adolescente, y sin padres que hayan vivido eso como para poder facilitarles. Entonces nosotros decimos: “Bueno, ¿por qué no apoyar a ese que tiene ganas, pero que igual necesita ese empujón?”, porque si tenemos que solo un 37% termina el liceo en el Uruguay, incluidos privados, entonces uno dice: “Bueno, no es tan fácil terminar el liceo hoy en día, para nadie”.
¿Sabés de ese 37% cuántos son liceos públicos?
No te puedo decir exactamente. Pero sí sabemos con claridad que también en los quintiles de mayores ingresos hay desafiliación.
LOS TIEMPOS DE CADA UNO
Adriana, entiendo que también en “Salir Adelante” hay deserción. Incomparablemente menor por cierto que el porcentaje nacional general, pero no todos los chicos que ingresan al programa lo terminan. Y cabría preguntarse cómo es que no todos terminan a pesar de la ayuda que reciben.
Lo que yo voy aprendiendo cada vez más en la vida es que todos los seres humanos realmente tenemos derecho a elegir. No lo que uno piensa que está bien, para todos tiene que estar bien, ni para todos son los mismos tiempos en todas las cosas. Creo que ese va a ser el aprendizaje más grande cuando lo tenga realmente integrado y no solamente lo diga.
Estás en proceso.
Si. Yo empecé siendo la coordinadora, yo viví la experiencia de todos los talleres, era yo quien se los daba al primer grupo.
Cuando la primera chica dejó el programa- y sigo en contacto con ella vía Facebook- yo me decía “¿Pero cómo no aprovecha esta oportunidad?”. Una chica con una situación muy difícil, abandonada por papá y mamá de muy chica,.. todo muy precario. Empezó a trabajar en un McDonald’s y dijo que era solo por el verano. Pero empieza el año y se empieza a dormir para ir al liceo, no podía venir a los talleres porque estaba cansada, tratamos de darle otra canasta familiar con lo que también ayudamos… Y no era por lo económico directamente, sino que era cómo ella se veía reflejada al tener un trabajo. Hay tantas cosas que tenía, que en ese momento eso era lo que le hacía bien. Ojalá hayamos dejado una semillita para que en otro momento reenganche y vamos a estar ahí cerca cuando quiera reenganchar.
Hay momentos y momentos de cada ser humano, hay algunos chicos que realmente no están preparados para vivir esto en este momento, y esa es la libertad del ser humano.
¿Dirías que la deserción en “Salir Adelante” se origina en esa problemática?
En algunos sí, y en otros la problemática era de asumir compromisos. En el equipo siempre decimos: una vez que se está en el programa, nuestro desafío es crear situaciones, experiencias y vivencias para que aprendan a asumir compromisos, porque si todos tuvieran asumidos los compromisos, para qué están acá.
¿Qué es para ustedes, por ejemplo, un compromiso?
Les decimos que tienen que mantener las notas, que vayan a clase, no pueden tener faltas que no estén justificadas.
El éxito de esto va más allá del porcentaje de chicos que egresan, eso es lo claro, pero, ¿por dónde dirías vos que pasa el poder decir: “esto es un éxito”?
Yo siempre soy muy respetuosa de muchas experiencias, creo que por suerte las hay. Lo del éxito, empieza en el trabajo en equipo entre educadores, profesionales, voluntarios de la B´nai B´rith, empresas, Estado. Luego centrar el trabajo en los talleres para despertar pertenencia a un lugar positivo en la adolescencia… El adolescente se tiene que identificar con algo 100%, tiene que formar parte de un grupo. Eso no lo digo yo, lo dice toda la bibliografía profesional. Entonces, crear espacios donde se aproveche esa experiencia desde una cosa positiva- guiado porque si no a veces están un poco perdidos- es parte del éxito.
Lo que hacemos más que nada es dejarlos que se apropien de cosas que pueden. Por ejemplo, ellos participan en una carrera a nivel del Inju, la 5K, que tiene el eslogan “Ser joven no es delito”. Nosotros hacemos todo el trabajo para que ellos sean como hasta organizadores de esa carrera, ellos tienen que ir haciendo cosas por la sociedad, cosas que funcionen, entonces ellos invitan a otros amigos, ese día están registrando a todos… Es ser partícipe, cuando al muchacho le das ser parte de algo, hay muy pocos que no quieren serlo.
Estas veces me han preguntado por los ni-ni, yo creo que ningún joven elige ser ni-ni, porque no hay alguien que no quiera hacer cosas, lo que pasa es que realmente en algunos lados hay más oportunidades que en otros.
Entonces en donde más buscamos salir adelante es en abrirles oportunidades para que puedan desarrollarse como jóvenes, que se puedan reír, pasarla bien, porque para salir adelante en la vida, vos tenés que estar bien. Tiene mucho de recreativo cuando nos vemos, tiene mucho de mirar la educación desde otro lado.
¿Me podés dar un ejemplo de qué quiere decir mirar la educación desde otro lado?
Por ejemplo, cerca de fin de año tuvieron los paros. Nosotros no tomamos nunca una posición sobre si es bueno o malo el paro, porque no es nuestro lugar, esa es la realidad. Entonces después, en el taller, unos que sean los alumnos, otro los profesores, otros los padres, otros los directores, y hacer role play y ver que pasan muchas cosas, y que a todos nos cuesta. Y estará el papel del alumno que quiere una cosa. pero también el role play en donde el profesor dice algo diferente, al padre le preocupa otra, el medio de comunicación insiste para que surja otra. Entonces, es abrir un poco la cabeza. No es que nosotros hacemos tanta magia, es que cuando a los chiquilines se les presenta ellos lo van tomando, porque en sí, en el ser humano está esa necesidad, y esa gratificación de sentirte bien porque sos parte de algo positivo.
APRENDIZAJE CONTINUO
¿Qué aprendiste vos de la sociedad uruguaya, del país, de los jóvenes, a través de esto?
Primero, aprendí que cuando las cosas se hacen con responsabilidad, con mucho trabajo intenso, cuando las cosas se hacen bien la sociedad responde muy bien, no hay mucha historia. Vos fijate todas las empresas que nos están apoyando, que dan dinero para que esto sea posible. Nosotros a los chicos no damos nada de dinero, todo tiene que ver con bienes. Lo que más trabajamos con las empresas es que por ejemplo un supermercado da la canasta, una óptica los lentes, nos dan esos bienes. Claro que se necesita dinero para toda la parte de recursos humanos, para los coordinadores, que son los que están más codo a codo, porque lo académico ante una necesidad lo empezamos a hacer, pero nuestro gran elemento tiene que ver con esto de coordinadores que no son profesores, son mucho más de un mundo… Siempre uno viene de la tnuá (movimiento juvenil en la colectividad judía) y el otro de la Asociación Cristiana de Jóvenes, hay dos para cada grupo.
¿El Estado apoya?
Realmente del Estado tenemos muchísimo apoyo en el sentido que nos abren los liceos para trabajar con estos chicos. Estamos en contacto con los adscriptos, y todos los adscriptos realmente también están preocupados por los chicos. A veces hasta nos llaman y nos cuentan que a un chiquilín le pasa algo y nos preguntan si se nos ocurre qué se puede hacer. Cuando uno abre las redes con empresas, Estado y sociedad civil, y lo hace en una forma respetuosa, con trabajo… respetuosa para todos, el resultado es positivo.
¿Vos hablas del trabajo, pero aparte, los querés a los chiquilines? ¿Te entran en el corazón?
Yo siempre digo primero que no lo hago como voluntaria, es mi trabajo. Y después digo que yo soy Adriana porque hago estas cosas, yo ni que hablar soy mamá, tengo mi esposo, mi familia, pero hacer esto es parte de mí ser. Los talleres son en la noche y claro que yo tengo mi vida en familia, pero la verdad es que si cada pocos meses no voy a un taller, aunque para eso están los coordinadores, es como que pierdo el norte. Todo lo otro, hablar con la empresa, con el Estado, obligar a los coordinadores, que cómo no tienen las notas de tales parciales, todo eso tiene sentido cuando estás en contacto con los chiquilines.
Te entran en el corazón.
El tema va más allá, ni que hablar. Pero no por caer en el cliché de que me entran en el corazón. Son parte de mi vida, yo también siento que soy parte de la vida de ellos, que nos tocó esta parte hacerla juntos, y que yo estímulo unas cosas en ellos y ellos estimulan otras en mí.
Es así. Yo no podría trabajar de otra cosa. Tuve ese privilegio de que dentro de mí ser estaba esto por una necesidad, que también a veces es una necesidad egoísta, porque yo lo necesito también. No es solamente por el dar, para mí es un dar y recibir, no es un dar solo, yo no me siento que doy solo. De verdad, no quiero de vuelta caer en el cliché porque a veces suena artificial, pero sin duda esto es parte de mi vida.
¿Te parece que los chicos descubrieron un mundo, al acercárseles una institución judía, -algunos de ellos quizás nunca en su vida vieron un judío ni saben lo que es-, simplemente para ayudarlos?
Yo me siento mil por mil judía, viví en una familia judía y creé con mi esposo una familia judía. Viste que los judíos podemos tener 20.000 tipos de familias, según cada uno. Yo cada vez que voy al liceo que sea, empiezo cualquier entrevista de ingreso diciendo que represento a la B’nai B’rith, una institución judía, o sea, el decirlo en el barrio que sea yo me siento dando el aporte de mostrar al judaísmo desde otra parte, que muchas veces en el país no se ve. Entonces yo me siento también muy tranquila conmigo misma de poder dar este aporte.
En general me pasa que a los meses me dicen: “Pero, ¿vos también sos judía? No lo puedo creer”. Después viene para mí una cosa mucho mayor, que convivan con el judaísmo.
Original…
Claro, caemos en lugares donde no saben ni lo que es. Te cuento que en el segundo año hacemos un taller especial en el que tocamos también estos temas. En ese taller, lo que queremos es que hablen de los prejuicios y empiecen a construir nuevas concepciones. “¿Qué saben de los judíos? ¿Qué escucharon”. El poder hablar eso con población que nunca lo hubiese encontrado en la vida, es una gran cosa. También el grupo de Proyecto Shoá trabaja con los jóvenes en taller. Y después tenés que oír cómo dicen “que la B’nai B’rith” esto y aquello… ¡Y cómo lo pronuncian!. “La B’nai B’rith es una segunda casa”, dicen, y yo estoy feliz de poder aportar.
Y además aportando a la sociedad, al país.
Claro, ni que hablar. Yo no tengo como disociado el ser judía de ser uruguaya, el ser maestra en este lado, en el otro… Yo siempre fui esto cuando iba a la escuela pública, ahora acá, es más, sentí que podía aportar en la comunidad cuando vi este nicho de trabajar con población que no es la que va a la escuela de la red, para mí es un desafío en otra población. Yo siento que desde ahí yo crezco mucho…