OPINION INTERNACIONAL
ENOJADOS CON EL MUNDO
CUANDO TERRY JONES, EL SACERDOTE DE UNA INSIGNIFICANTE IGLESIA PROTESTANTE NORTEAMERICANA RENUNCIO, DESPUÉS DE MUCHAS PRESIONES, A SU PROPOSITO DE QUEMAR VARIOS EJEMPLARES DEL CORAN, EL MUNDO RESPIRO ALIVIADO.
Egon Friedler
22-09-10
La experiencia de los últimos años ha enseñado a la opinión pública mundial, que hay un vasto sector de población musulmana que se ofende fácilmente y que está dispuesto a causar estragos en gran escala para vengar la ofensa. Es algo notorio y aceptado que ese sector cultiva una cultura del enojo y la hipersensibilidad. Si algún excéntrico o crítico molesto en cualquier parte del mundo censura aspectos sensibles de su visión del mundo, él no solo pone su vida en peligro, sino que su actitud puede provocar quién sabe cuántos desastres.
El desencadenamiento de la venganza de los ofendidos más o menos crónicos ha sido algo bastante frecuente en los últimos años.
Hace pocos meses en Cachemira musulmanes devotos se enojaron porque algunos vendedores callejeros vendían ropa interior en la que presuntamente había dibujada una mezquita.
Rompieron puestos de venta y negocios y chocaron con la policía. Más tarde se evidenció que el dibujo ofensivo no era una mezquita sino algo parecido a la catedral de San Pablo en Londres.
En 1994, hubo amenazas contra la modelo alemana Claudia Schiffer porque exhibió un modelo de Karl Lagerfeld que aparentemente llevaba una inscripción del Corán. En 1997, musulmanes furiosos forzaron a la marca Nike a sacar del mercado 800.000 pares de zapatos deportivos porque a su juicio la palabra «AIR» parecía la inscripción árabe de Alá.
En estos casos las únicas víctimas fueron los intereses económicos de las compañías involucradas, pero otros ultrajes a la sensibilidad de los fanáticos religiosos provocaron protestas violentas con muertos y heridos. Por ejemplo, esto sucedió durante las airadas manifestaciones de musulmanes nigerianos en protesta contra la competencia de Miss Mundo en el año 2002.
En los disturbios hubo 200 muertos y los organizadores del concurso huyeron del país. Cuando la periodista nigeriana Idioma Daniel escribió que Mahoma hubiera aprobado el desfile y probablemente hubiera elegido una esposa entre las concursantes, su diario se apuró a publicar tres disculpas, una después de otra.
Pero esto no alcanzó a conformar a los guardianes del buen nombre de la religión musulmana, que quemaron las oficinas del diario. Una autoridad religiosa de la región nigeriana de Zamfara dio su aporte a la histeria generalizada decretando una fatwa según la cual matar a Isioma Daniel constituía un deber religioso. La periodista ofensora optó por huir a Noruega.
En 2007 hubo otra explosión de sagrada indignación, esta vez en Sudán. La culpable del «crimen» fue una maestra cristiana que cometió la torpeza de nombrar un osito que era una especie de mascota de su clase jardinera con el sagrado nombre del Profeta. Hubo manifestaciones furiosas en su contra y reclamos de muerte. Fue arrestada, encerrada y castigada con 40 latigazos.
Pero obviamente el caso más célebre fue el de las caricaturas danesas.
Kurt Westergaard, el autor de los dibujos, dijo en declaraciones para «El País» de Madrid del 21 de febrero de este año, poco después de que un somalí armado irrumpió en su casa para matarlo: «Es una guerra, pero no sé donde está el frente». En su caso es claro que la «guerra santa» habrá de perseguirlo, esté donde esté. Como se recordará, sus dibujos, publicados en un diario danés en el año 2005 y considerados inofensivos por el resto del mundo, enfurecieron a millones de musulmanes que salieron en las calles a protestar. Esas protestas dejaron un saldo de más de 200 muertos.
Si el tema que motivó esa ola de indignación era nuevo, no lo es la metodología. Un especialista en el Islam, el Prof. Khalid Durán, explica la dinámica: en los países musulmanes suele haber un alto porcentaje de jóvenes ignorantes, desempleados y frustrados que a la menor sugerencia de un imán en la mezquita están dispuestos a salir a protestar por lo que sea. Esos jóvenes son definidos como «Hitistas» (de «Hit» pared, en el dialecto árabe argelino) o sea jóvenes que se apoyan en las paredes de la calle porque no tienen adónde ir ya que su magro presupuesto ni siquiera les permite costearse un café. Son felices si tienen algo qué hacer cómo protestar contra el malvado mundo de los infieles.
Duran cuenta que en 1968 hubo una manifestación masiva en Dacca (entonces Pakistán Oriental, hoy Bangladesh) en la que participaron 10.000 personas. El motivo de la furia era un libro en inglés sobre el Islam cuyo autor era Fadlu Rahman. La gran mayoría de los manifestantes no sabía leer ni escribir y es seguro que nunca vieron el libro. Esto no les impidió defender colectivamente su «honor» herido.
En contraste con todos los casos citados, un reciente informe de «Amnesty internacional» no molestó a nadie ni provocó ninguna clase de estallidos de indignación.
El informe, cuyo contenido fue dado a conocer en el mundo árabe por la red de «Al Jazira» se refiere a torturas sistemáticas, malos tratos, violaciones y otras transgresiones a los derechos humanos en las cárceles que están bajo el control del gobierno de Irak.
ENOJADOS CON EL MUNDO
22/Sep/2010