La vida de Eli Sharabi cambió para siempre el 7 de octubre del 2023, cuando un comando de Hamas irrumpió en el kibutz Be’eri y se lo llevó secuestrado a la aledaña franja de Gaza, donde permaneció 491 días con la esperanza de reencontrarse con su mujer y sus hijas, sin saber que habían sido asesinadas aquel mismo día. Esa traumática experiencia es la que relata en Rehén (Nagrela Editores), un testimonio de su lucha por la supervivencia en condiciones inhumanas. Crédito foto: Dani Duch
La identidad
Han pasado ya tantos meses de su liberación como los que estuvo en cautiverio, ¿cómo se encuentra ahora?
Estoy bien. Cada día me encuentro mejor. He estado muy ocupado desde que me liberaron, primero defendiendo la causa del resto de los rehenes, como mi amigo Alon, al que dejé a 50 metros bajo tierra, y luego dando charlas en numerosas comunidades judías de todo el mundo para hablar de mi libro. Estoy reconstruyendo mi vida.
¿Ha vuelto desde entonces a su kibutz, que describe en el libro como un paraíso?
Sí. Be’eri fue mi hogar durante 35 años. Para mi familia, era nuestro pedacito de cielo. Mis hijas estaban muy felices de vivir y crecer allí. He vuelto tres o cuatro veces desde mi puesta en libertad, sobre todo para los funerales de mis amigos y por supuesto el de mi hermano (Yossi, secuestrado y más tarde asesinado por Hamas). Estuve en mi casa por primera vez hace solo unos meses. Eso es todo. Me resulta muy difícil estar allí, porque la tragedia está por todas partes. Estoy evitando quedarme mucho tiempo en Be’eri, Ahora estoy reconstruyendo mi vida en el centro de Israel y necesito un nuevo comienzo.
Si hubiera sabido que su mujer y sus hijas habían muerto en aquella masacre terrorista, ¿habría podido aguantar el hambre y los malos tratos recibidos de sus secuestradores?
Por suerte no lo sabía. No sabía que mi familia había sido asesinada. Yo estaba sobreviviendo por ellas. Era la promesa que les hice a mis hijas el 7 de octubre, que volvería por ellas. Tenía plena confianza en que nuestro plan había funcionado y su pasaporte británico (la mujer de Sharabi era inglesa y sus hijas tenían la doble nacionalidad) las había protegido. Por desgracia no fue así, pero no lo supe hasta mi puesta en libertad.
Durante su secuestro, hubo momentos en los que salió de los túneles para ser trasladado, cuando Israel ya había desatado su devastadora ofensiva sobre Gaza. ¿Qué le pasaba por la cabeza al ver que no había quedado piedra sobre piedra?
Incluso cuando estábamos a 50 metros bajo tierra podíamos oír las bombas a nuestro alrededor. Y cuando nos trasladaban de un túnel a otro y teníamos que estar en la superficie durante unos minutos, no podíamos pensar en la devastación de Gaza. Solo podíamos pensar en cómo atravesar esos lugares, de un sitio a otro, sin que nos alcanzaran las balas que volaban sobre nosotros ni las bombas.
Hay un pasaje donde describe a sus secuestradores como la maldad en estado puro, pero también hay otros en los que se ve cierta empatía, humanidad al menos. Su familia es de origen marroquí y yemení, países de mayoría árabe, ¿cree posible la amistad o ya es una quimera?
Son muchas cuestiones juntas. En primer lugar, sobre la relación que mantuve con mis secuestradores durante mi cautiverio. Desde el primer momento comprendí que tenía que establecer algún tipo de relación con ellos si quería sobrevivir, si quería poder pedirles cosas, sobre todo comida. Así que, durante 491 días, interpreté un papel en un gran espectáculo. Para sobrevivir, hice todo lo necesario. Y cuando convives las 24 horas del día, los siete días de la semana, con otras personas y compartes cada momento con ellas, por supuesto que ves que son seres humanos como tú. Ya lo sabía de antes. No pensaba que fueran monstruos ni nada por el estilo, pero todos los que pertenecen a Hamas y justifican el asesinato de mi mujer y mis hijas deberían estar muertos. Eso es lo que pienso. Así que si en el futuro alguien quiere un destino mejor para los palestinos, en primer lugar es imposible que una organización terrorista controle la franja de Gaza y a los civiles. Y luego, quizá, una reeducación de las generaciones jóvenes para que entiendan que la mayoría de los israelíes no se despiertan cada mañana con ganas de matarlos. Quizá entonces nuestra relación mejore. Espero que así sea. Ojalá.
El futuro de Palestina
“Primero Hamas tiene que dejar de controlar Gaza y adoctrinar en el odio a Israel”
Habla del adoctrinamiento en el extremismo religioso y en el odio a Israel de Hamas y usted, en cambio, en el libro se describe como un judío no especialmente fervoroso, ¿cómo se ha construido su identidad?
No todo el que es judío tiene por qué ser religioso. Ser religioso, como mi hermano, es un estilo de vida en el que te levantas cada día, rezas tres veces, sigues las normas kosher y todo eso. Ese no es mi estilo de vida. Soy judío, soy israelí, pero no soy religioso. Como la mayoría, solo una parte de Israel es religiosa.
Sin embargo, rezaba durante su cautiverio…
Sí. Era muy importante para nosotros, como rehenes, como grupo, hacer todas esas oraciones antes del sábado, que es un día muy sagrado para el pueblo judío. Y lo hacíamos, y eso nos daba mucha fuerza y fe, y la esperanza de que algún día seríamos liberados. Y esas oraciones, para nosotros, no eran algo religioso, sino algo que nos recordaba a nuestros amigos, a nuestras familias, y nos daba mucha fuerza. Nada más.
Su sueño era llevarse a su familia a Londres cuando saliera.
Sí. Simplemente reunirme con mi mujer y mis hijas. Les daría una semana para hacer las maletas y me mudaría de Be’eri, porque no quería que hubiera ninguna posibilidad en el futuro de volver a ver el miedo que vi el 7 de octubre en sus ojos. No quería volver a ver eso. Nunca. Para mí ya era suficiente.
Julio Hurtado
Licenciado en Filología y Periodismo y posgraduado en Crítica Literaria, sigue la actualidad cultural en Madrid