12/01/2012 ORIENTE MEDIO
Observadores de la Liga Árabe
Autor: Jonathan Spyer
Desde hace algunas semanas, un equipo de setenta observadores de los países árabes se encuentra en Siria. Su tarea consiste en monitorear el cumplimiento del Memorando de Entendimiento de la Liga Árabe que fue firmado por el régimen de Asad, el 19 de diciembre. El memorando exige que el régimen retire sus fuerzas y sus armas pesadas de las zonas pobladas, liberar a los prisioneros políticos, permitir el ingreso a ese país de los periodistas y trabajadores sociales, y comenzar el diálogo con la oposición.
Cumplir sinceramente con cualquiera de estos requisitos significaría un suicidio para el régimen sirio.
Asad es consciente de que conceder permanentemente el monopolio de la fuerza en cualquier zona de Siria implicaría aceptar que inevitablemente una dirección alternativa política y militar comience a emerger. El mandatario alauita no tiene ninguna intención de permitirlo. Por lo tanto, la misión de los observadores está condenada de antemano al fracaso.
La aceptación de Siria del Memorando de Entendimiento y los observadores árabes es un evidente esfuerzo por ganar tiempo. El régimen espera, que durante el período en que los observadores trabajen, reducir la presión internacional y que la violencia salvaje del ejército sirio y los irregulares alauitas puedan comenzar a revertir la ola de protestas. Como varios medios regionales serios han señalado, la denominación apropiada del equipo árabe en Siria debería ser de »espectadores» en lugar de observadores.
Asad firmó el Memorando de Entendimiento, después de meses de evasivas, por consejo de sus aliados rusos. Siria precisa de los rusos para asegurarse que no habrá ninguna resolución en su contra en el Consejo de Seguridad de la ONU.
El Memorando de la Liga Árabe ofrece una alternativa a la medida contra tal iniciativa. Una vez que se decidió, hay que darle »tiempo para tenga éxito» (o fracase), impidiendo cualquier posibilidad de una acción diplomática de mayor envergadura antes de que los observadores concluyan sus informes.
El trabajo de los observadores, durante su primera semana en el terreno, no ha defraudado al régimen sirio. La delegación está encabezada por el ex ministro de Inteligencia sudanés, Mustafa al-Dabi.
El principal atributo de Dabi para este puesto es que él mismo eludió una orden de arresto por cargos relacionados con su presunta participación en el genocidio en Darfur.
La intervención de Dabi en Siria ha sido una indudable y torpe farsa. El Ejército de Siria retiró, por un día, sus blindados de la sitiada ciudad de Homs.
Dabi y sus colegas recorrieron la ciudad, en un principio acompañados por un oficial de la tristemente célebre Cuarta División Blindada.
Dabi informó que no había encontrado nada »alarmante» en Homs y que la impresión general que había obtenido era »tranquilizadora».
En el período transcurrido, desde que los observadores entraron en Siria, 390 personas han sido asesinadas, entre ellos 30 niños, según los Comités de Coordinación Local que organizan las protestas.
La impotencia evidente y la irrelevancia de la fuerza de observadores han llevado a exigir su retirada, esta semana, por parte del pomposamente llamado Parlamento Árabe. Sin embargo, este órgano consultivo creado por la Liga Árabe no tiene ningún poder para insistir o decidir sobre nada.
En una conferencia de prensa en El Cairo, el secretario general de la Liga Árabe, el egipcio Nabil Elaraby, trató de defender el papel de los observadores.
Esta conferencia de prensa hizo poco para fomentar la confianza en la misión.
Los disparos de francotiradores y en Siria – declaró Elaraby – deben terminar.
Añadió, sin embargo, que el problema en Siria es que es muy difícil saber quién está tirando contra quien.
Un análisis estadístico sobre las cerca de 6.000 personas asesinadas en el curso de la insurrección siria podría desengañar a Elaraby, de esa falsa impresión.
Son las fuerzas del régimen sirio las que están haciendo los disparos. Los civiles sirios son los que reciben los disparos. Esto era así antes del compromiso del régimen con el Memorando de Entendimiento y, luego, con la llegada de los observadores. Nada ha cambiado.
Las razones de este curioso espectáculo de inacción disfrazado de actividad por parte de la Liga Árabe frente a Siria deben hallarse en el ámbito de la diplomacia entre los propios países árabes.
Arabia Saudita y Bahréin, que están principalmente preocupados por enfrentar las ambiciones de Irán en la región, quieren ver la derrota de Asad en el menor tiempo posible. Y están dispuestos a mover rápidamente el caso desde el nivel de la Liga Árabe al Consejo de Seguridad de la ONU.
Esto se ha reflejado en una serie de editoriales mordaces en los medios de comunicación de Arabia Saudita, que critican la actuación de los observadores.
El influyente columnista de Tariq al-Homayed, por ejemplo, escribiendo en Sharq al-Awsat, dijo que la actuación de los observadores representa un »descarado intento de salvar a Asad». Homayed llamó a darle a Siria tres días para que cumpla con las disposiciones del Memorando árabe. Si no lo hace, el columnista recomienda transferir el »expediente» sirio al Consejo de Seguridad de la ONU y posteriormente la imposición de una zona de exclusión aérea y un área de amortiguamiento.
Homayed enumeró una serie de estados de la región que les gustaría verse involucrados en este esfuerzo – tales como Turquía, Marruecos, Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos, Libia y Qatar. El ensayista señala específicamente que la Liga Árabe como entidad no tiene necesariamente que estar involucrada.
Otros estados árabes, sin embargo, no adhieren en modo alguno a esta opinión.
Algunos, como el Líbano e Irak, se han aliado con Siria e Irán, y por lo tanto, comparten el interés de Asad en el estancamiento y el entorpecimiento de cualquier acción coherente.
Otros, incluyendo a Egipto, no tienen el sentido de urgencia de Arabia Saudita con respecto a la necesidad de dar un golpe a Irán y sus aliados regionales. Por el contrario, ellos están principalmente preocupados en prevenir la posibilidad de una intervención occidental en Siria, el corazón del mundo árabe. El Memorando de Entendimiento de la Liga Árabe y el envío posterior de los observadores reflejan esta agenda.
Hasta ahora, el resultado neto ha sido la farsa de los observadores árabes bajo el mando del temible al-Dabi de Darfur. Mientras tanto, Asad sigue masacrando desenfrenadamente a su población civil.
Cualquiera que sea el resultado de la crisis en Siria, se puede decir con certeza que la Liga Árabe no será el instrumento que ponga fin a la masacre.
El teatro de la farsa de Damasco
17/Ene/2012
Aurora, Jonathan Spyer