Los que ya hace 15 años husmeaban entre
libros sobre terrorismo islamista, tiraron de un tocho titulado La yihad para
digerir lo que pasaba ese 11 de septiembre en EE UU. El autor de aquel ensayo
es Gilles Kepel (París, 1955), experto en mayúsculas en islam y yihadismo. Para
el profesor es un pedazo de la “prehistoria”. Para otros es una suerte de
manual que aún sirve para entender qué fue Al Qaeda; qué es hoy el Estado
Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés). Kepel publica ahora El terror entre
nosotros (Ediciones península), un libro en el que viaja desde los disturbios
en la periferia parisiense de 2005 hasta los atentados de Bataclan y Niza.
Siguiente frente: los retornados de la yihad —París calcula que unos 700
franceses o residentes en Francia se encuentran aún entre Siria e Irak—. Y es
aquí donde el veterano analista advierte de que meterlos entre rejas no funciona.
“La prisión”, dice, “es la nueva mezquita de reclutamiento”.Pregunta. ¿Qué ha aprendido tras los atentados
del 13-N?
Respuesta. La capacidad yihadista de la
tercera generación, cuya ideología se estructura en torno al sirio-español
Mustafá Setmarian, de entrar con profundidad en la sociedad occidental.
Setmarian publicó en enero de 2005 su libro Llamada a la resistencia islámica
mundial, en el que menciona como los atentados del 11 de marzo de 2004 en
España desempeñan una función preparatoria; reflexiona sobre ellos para
proponer su modelo: el yihadismo de tercera generación. Y no pasa nada si hay
quien cree que Setmarian no es importante porque vivimos en el mundo de las
redes sociales. No hay joven que se haya leído su libro [1.600 páginas], pero
está extendido por Internet, a través incluso de tuits. Es su ideología la que
ha cambiado todo.
P. ¿Sirve también para entender el auge del
ISIS en Europa?
R. Sí, aunque los jóvenes iraquíes del ISIS
hayan criticado en su revista Dabiq a Setmarian, que es sirio. Hay otro texto
de referencia, La gestión de la brutalidad [del ideólogo del yihadismo Abu
Baker Naji] que construye la perspectiva de una guerra civil en Europa. La fase
actual sería la de escaramuzas, provocación. La segunda sería la de guerra en
los enclaves islámicos hasta cerrarlos a la presencia policial, y la tercera
sería la de guerra total, que destruiría Europa y daría lugar al califato.
P. Para eso es necesaria la
descentralización del ISIS.
R. Exacto, sería el yihadismo desde abajo.
Con la posible caída de Mosul o Raqa, el principal peligro es la difusión del
ISIS, su metástasis en Europa. Pero eso no quiere decir que se mantengan igual
de fuerte. Primero porque hemos visto en 2016 como ataques en Francia eran
coordinados desde el califato por, por ejemplo, Rachid Kassim, a través de
Telegram. Hoy, eso es más difícil con los bombardeos. Además, la
correspondencia de Kassim ha sido seguida por los servicios de inteligencia
occidentales, y todos con los que habló han sido detenidos. En segundo lugar,
el Estado Islámico, el mito de Sham [región histórico-cultural que incluiría
Siria, Jordania, Líbano, Israel y Palestina] se ha convertido en una utopía, un
lugar concreto hacia el que ir. Si eso es destruido, lo tendrán más difícil.
P. ¿Podemos poner hoy el sello del ISIS a
cualquier atentado?
R. Si hiciéramos eso, con bombardear Raqa
acabaríamos con ello. Y en absoluto es así. El ISIS es el primer producto de la
revolución cultural de Setmarian. Es la tercera generación. Si se logra
recuperar Raqa, que es difícil porque el ISIS es aún incluso capaz de retomar
Palmira, sufrirán una pérdida de dinamismo, por supuesto, porque el sistema de
comunicación se ha organizado desde Siria. Perderán la utopía, el Sham. Y esto
es muy importante, porque según las escrituras apocalípticas islámicas será
desde aquí desde donde el islam conquistará el mundo. Si la utopía desaparece
será un golpe psicológico, pero la lógica de los atentados en Europa va a
continuar.
“El peligro tras la caída de Mosul o Raqa es la metástasis del ISIS en Europa”
14/Dic/2016
El País, España, Por Oscar Gutiérrez