6-10-2011 El escritor sueco de 80 años recibió el galardón de la Academia Sueca -que no premiaba a un poeta desde el año 1996- y no dará discurso de aceptación del porqué sufre de afasia desde hace dos décadas.
Valentin Trujillo
«Tranströmer änligen” (“Tranströmer por fin”), decía el mensaje de texto que recibió ayer a las 10 de la mañana Carlos Liscano, escritor y actual director de la Biblioteca Nacional. El mensaje era de una amiga suya sueca que expresaba de esa forma su alegría por la premiación de Tomas Tranströmer como nuevo premio Nóbel de Literatura.
“Este premio le llega 25 años tarde. No se lo daban por la desventaja de ser sueco”, dijo a El Observador Liscano, quien conoció y trató a Tranströmer durante sus años de exilio en el país nórdico.
Pero no fue Liscano el único uruguayo que conoció a Tranströmer: a través de otros compatriotas, el poeta se empapó de algunos elementos de la cultura uruguaya. Por ejemplo, les gustan las canciones de Los Olimareños que le pasó un amigo de Braulio López. El músico dijo a El Observador que nunca lo conoció pero sí lo leyó, a través del mismo amigo.
El poeta Roberto Mascaró, que vive en Suecia desde 1980, no solo lo conoce sino que además fue uno de los primeros traductores al español de su obra.
Pasaron quince años desde 1996, cuando lo obtuvo la polaca Wyslava Symborska, que un poeta no ganaba el Nobel de Literatura. En palabras del comité que lo eligió, la obra de Tranströmer merece la distinción “porque a través de sus densas y translúcidas imágenes nos da un acceso fresco a la realidad”.
El dato particular en este caso es que Tranströmer no escribe poesía desde hace veinte años, cuando una hemiplejia afectó las funciones del lenguaje de su cerebro.
Psicólogo de cárcel
Tranströmer nació en 1931 en Estocolmo y a los veintitrés años publicó su primer volumen de poesía que, siguiendo la costumbre impuesta por el galés Dylan Thomas, tituló simplemente 17 poemas.
A mediados de los 60, Tranströmer trabajó como psicólogo de un hogar de menores que habían cometido crímenes. Allí comenzó su trabajo en el campo de la terapia, que siempre acompañó su labor con la palabra.
Mónica, su esposa, era enfermera de un albergue de refugiados y allí conoció a uruguayos y otros sudamericanos que estaban exiliados en Suecia.
Allí se vincula con Mascaró y otros. “Es un tipo muy sencillo, que enseguida me dio permiso para traducirlo”, dijo su traductor, quien publicó una antología titulada El bosque en otoño, de Ediciones De Uno.
Tranströmer es conocido sobre todo en ámbitos especializados. En una improvisada encuesta que publicó ayer la página oficial del Premio Nóbel para saber cuánta gente había leído al ganador, más del 85% de las respuestas fueron “no”.
Después de la hemiplejia, en 1990, el poeta no pudo volver a usar su brazo derecho, que quedó paralizado. Camina con dificultad, tiene afasia y escribe con mucha dificultad. De todas formas puede tocar el piano con la mano izquierda.
“De hecho, hay compositores que han escrito obras para él. Es concertista para la mano izquierda”, dijo Mascaró, quien asegura que Tranströmer le confesó que sus principales influencias a nivel poético eran los clásicos griegos y latinos. “También hay que rastrear en su obra huellas del expresionismo y del surrealismo”, sostiene el traductor.
A propósito, Mascaró contó que la ciudad de Montevideo siempre estuvo en su mira: “Siempre quiso conocer el lugar de nacimiento del conde de Lautreamont”, contó Mascaró.
Este poeta en silla de ruedas, que tiene a Montevideo en la bruma de sus deseos y escucha a Los Olimareños, se hizo ayer acreedor del millón de coronas del premio Nóbel y del prestigio que este conlleva. Consultado sobre si cree que Tranströmer es el primer Nóbel de Literatura que escucha a Los Olimareños, Braulio López dijo que no. “García Márquez nos escuchó, y no sé si Vargas Llosa también”, bromeó entre risas.
El nuevo Nóbel de Literatura, Tomas Tranströmer, es amigo de los uruguayos
07/Oct/2011
El Observador Digital, Valentín Trujillo