El medio es el mensaje (radical)

15/Sep/2014

El País, Que Pasa, Scott Shane, Ben Hubbard, The New York Times

El medio es el mensaje (radical)

LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS AL
SERVICIO DEL CALIFATOEl Estado Islámico está
utilizando cada modo moderno de enviar mensajes para reclutar combatientes,
intimidar a los enemigos y promover la nueva de haber establecido un califato,
un Estado musulmán unificado, basado en una estricta interpretación de la ley
islámica. Si bien sus prejuicios y decapitaciones parecen venir de un siglo
distante, su empleo de los medios está a la altura de las circunstancias.
Una revisión de su
prodigiosa producción impresa y en internet revela diversas sorpresas. La
propaganda del Estado Islámico, por ejemplo, contiene, asombrosamente, pocos
llamados a realizar ataques contra Occidente, aun cuando, en el video más
notorio se muestra la decapitación del periodista estadounidense James Foley (y
al cierre de esta edición se conocía la muerte en cámara de otro periodista,
Steven Sotloff), se amenaza a otro y se dice que los ataques de Estados Unidos
contra el Estado Islámico «tendrían como resultado el derramamiento de
sangre estadounidense». Eso fue distinto a casi toda su variada
producción: la lucha para asegurar y expandir al Estado Islámico. Expertos
dicen que eso podría cambiar de un día para otro, pero que, por ahora, hace una
marcada distinción entre el Estado Islámico y Al Qaeda, que hizo de los ataques
contra Occidente su prioridad.
Y, si bien la primera
está construida sobre la base del derramamiento de sangre, parece determinada a
demostrar agudeza burocrática del Estado que dice estar construyendo. Sus dos
informes anuales hasta ahora están repletos del tipo de contabilidad al estilo
yihadista, con registros estadísticos de todo, desde «ciudades
tomadas» y «asesinatos con cuchillos» cometidos por fuerzas del
Estado Islámico, a «retenes establecidos» y hasta «apóstatas
arrepentidos».
Los medios del Estado
Islámico enmarcan su campaña en términos históricos, montando un asalto frontal
sobre las divisiones y límites nacionales en Medio Oriente, establecidos
después de la Primera Guerra Mundial. Estas «divisiones de los
cruzados» y sus modernos dirigentes árabes, argumenta el Estado Islámico
en su revista en inglés, corresponden a una estrategia de división y conquista,
cuyo propósito era prevenir que los musulmanes se unificaran «bajo un imán
que portara el estandarte de la verdad».
Ese sentido de agravio
histórico es un manido tema de Al Qaeda y de organizaciones islamistas más
moderadas. La diferencia es que, al capturar un extenso territorio y armamento
pesado, y funcionar con la riqueza de los secuestros, la piratería petrolera,
los robos a bancos y la extorsión, el Estado Islámico dice haber dado un gran
primer paso para corregir este antiguo mal, creando un Estado musulmán
unificado.
El Estado Islámico, con
gran cuidado, hace a medida su presentación para el reclutamiento y envía
mensajes claramente distintos a los musulmanes en Occidente que a los que están
cerca de ellos. Sin embargo, la imagen de un poder imparable e implacable anima
a todos los mensajes.
La presentación es
efectiva. La rebelión extremista en Siria e Irak ha atraído a cerca de 2.000
occidentales, incluidos, quizá, unos 100 estadounidenses, y muchos miles más de
Medio Oriente y otras partes, aunque algunos han regresado a sus lugares de
origen. Expertos creen que la mayoría de los que quedan están luchando con el
Estado Islámico.
«El éxito llama al
éxito», dice Emile Nakhleh, exanalista de la CIA. «La percepción de
las victorias rápidas, el territorio, el armamento y las bases significa que no
hay que esforzarse mucho para reclutar».
Durante dos décadas, notó
Nakhleh, Osama Bin Laden habló de restablecer un califato, pero nunca dijo
haberlo hecho.
«Los jóvenes ven a
ISIS y dicen: `¡Cielos, lo están haciendo!`. Ven los videos con combatientes
montados en tanques. Ven que ISIS tiene dinero», dice usando las siglas
que solía tener el Estado Islámico.
Antes que capturara a la
ciudad iraquí de Mosul en junio, otras facciones que peleaban en Siria atraían
a reclutas europeos, dice Thomas Schmidinger, politólogo de la Universidad de
Viena. «Pero, desde la caída de Mosul, casi todos se van» con el
Estado Islámico.
En la evolución de la
propaganda yihadista moderna, Bin Laden, al dirigirse hacia una sola cámara
fija, con una retórica de pura palabrería, en un árabe altamente formal,
representa a la primera generación. El personaje más prominente de la segunda
generación fue la estrella de YouTube, Anuar al Awlaki, el clérigo nacido
estadounidense, muerto durante un ataque con drones en Yemen, en 2011, quien se
dirigía a los occidentales en inglés coloquial, tenía un blog y una página en
Facebook, y ayudó a producir una revista a todo color, en inglés, llamada
Inspire.
El Estado Islámico está
en línea, es una jihad 3.0. Se divulga su mensaje en docenas de cuentas de
Twitter, y ha publicado algunos de los discursos importantes en siete idiomas.
Sus videos tienen elementos de la Avenida Madison y Hollywood, de videojuegos
de combates y programas dramáticos de la televisión por cable, y sus despachos
sensacionalistas se reflejan y amplifican en los medios sociales. Cuando
bloquean sus cuentas, aparecen otras nuevas. También utiliza servicios como
JustPaste para publicar resúmenes de las batallas; SoundCloud para dar a
conocer reportes de audio; Instagram para compartir imágenes, y WhatsApp para
divulgar gráficos y videos.
«Están muy versados
en cuanto a dirigirse a un público joven», dice John G. Horgan, un
psicólogo en la Universidad de Massachusetts, un estudioso del terrorismo.
«Existe una urgencia: `Sé parte de algo que es más grande que tú mismo, y
sé parte ahora`». Fawaz A. Gerges, un profesor en la London School of
Economics y autor de The Far Enemy: Why Jihad Went Global («El enemigo
lejano. Por qué la yihad se hizo mundial»), comentó que, hasta ahora, el
Estado Islámico se ha centrado, sistemáticamente, en lo que los extremistas
llaman «el enemigo cercano» —dirigentes de países musulmanes como Bashar
Asad de Siria— y no en «el enemigo lejano», Estados Unidos y Europa.
«La lucha en contra
de los estadounidenses e israelíes es distante, no es una prioridad»,
dice. «Tiene que esperar a la liberación del lugar de origen».
En familia.
Al Qaeda enfatizaba la
ventaja de la red terrorista de partidarios que tienen pasaportes occidentales
y pueden atacar a sus países. Sin embargo, un rito de iniciación, público y
común, de los nuevos reclutas del Estado Islámico es romper o quemar los
pasaportes para simbolizar un compromiso sin retorno.
En un pulido video
islámico se presenta a un recluta canadiense, llamado Andre Poulin, exhortando
a los musulmanes norteamericanos para que sigan su ejemplo e, incluso, lleven a
sus familias.
«Aquí se cuidará muy
bien de ustedes», dijo en el video. «Sus familias vivirían aquí con
seguridad, tal como sucede en su lugar de origen. Ustedes saben que aquí, en
Siria, contamos con grandes extensiones de territorio».
En otro video de
presentación en inglés, un combatiente británico, identificado como hermano Abu
Bara al Hindi, presenta el llamado a la yihad como una prueba para los cómodos
occidentales.
«¿Están dispuestos a
sacrificar el empleo, el gran automóvil, la familia?», pregunta. A pesar
de tales lujos, dice, «Vivir en Occidente, sé cómo se sienten; en el
fondo, se sienten deprimidos». Declara que el profeta Mahoma dijo:
«La cura para la depresión es la yihad».
Tales llamados provocan
curiosidad, y combatientes británicos han respondido cientos de preguntas sobre
cómo unirse al Estado Islámico en el sitio web Ask.fm, que incluyen el tipo de
zapatos que hay que llevar y si hay disponibles cepillos de dientes. Cuando se
pregunta qué hay que hacer al llegar a Turquía o Siria, es frecuente que los
combatientes respondan, en forma casual: «Kik me», un servicio de
mensajería instantánea y prosigan la conversación en privado.
En los videos en inglés
no se minimizan los peligros de la lucha; el de Poulin, por ejemplo, muestra y
celebra su muerte en batalla. Pero el mensaje a los angloparlantes es, con
todo, muchísimo más suave que los que se hacen en árabe, que se detienen en los
cadáveres de los enemigos y muestran prisioneros esposados, a los que se
ametralla con indiferencia.
En lugar de enfatizar a
la yihad como un medio de realización personal, la producción mediática en
árabe lo expone como un deber. Hace ostentación de la violencia hacia sus
enemigos, en especial los chiitas, y los servicios de seguridad iraquíes y
sirios, mientras que describe al asesinato solo como venganza.
Un documental reciente
del Estado Islámico, de una hora de duración, inicia con una toma en video
desde un drone sobre Faluya, en Irak, y luego sobre un convoy de camiones
armados del Estado Islámico que se aleja de la batalla. Una voz superpuesta dice
que el Estado Islámico se está expandiendo y que la mezquita Al Aqsa en
Jerusalén está «a tiro».
En una escena posterior,
un combatiente que sostiene un rifle y su pasaporte se burla de su país de
origen, Bahrein, por amenazar con quitarles la ciudadanía a quienes hagan la
yihad en otros países.
«¿Qué no saben que
ustedes, su ciudadanía, sus leyes, sus constituciones y sus amenazas están bajo
nuestros pies?», dice el combatiente. «¿Acaso no saben que somos los
soldados del Estado Islámico en Irak y Siria, y que nuestro Estado se va a
expandir hasta quitar los tronos por los que ustedes vendieron su
religión?».
Durante la hora de la
producción -llena de amenazas, disparos al pasar, explosiones y tiroteos-,
ningún combatiente del Estado Islámico menciona a Estados Unidos ni habla
directamente de Israel o lo amenaza, como no sea por la alusión a la mezquita
Al Aqsa.
Hasan Hasan, un analista
sirio en el Instituto Delma en Abu Dabi, dice que el Estado Islámico se
presenta como restaurador en épocas idealizadas de la historia islámica
antigua, en una forma en la que resuena con muchos de los musulmanes en la
región. «ISIS trata de reflejar una imagen de ser la continuación del
sistema del califato», explicó. «En la mente de las personas, el
califato se trata de victoria y dignidad de los musulmanes. Un califa es un
defensor de los musulmanes contra los enemigos de dentro y fuera».
El énfasis del Estado
Islámico en una implementación estricta de la ley islámica también atrae apoyo
como lo hace su descripción de su batalla en términos firmemente sectarios.
Muchos sunitas de la
región se solidarizan con cualquier fuerza que impugne a los gobiernos iraquí o
sirio, porque piensan que han oprimido a los sunitas. El Estado Islámico
«es una organización capaz de golpear a las fuerzas de seguridad y a los
leales de estos gobiernos», que tiene «atractivo generalizado»,
notó Hasan.
Hace un par de semanas,
un combatiente del Estado Islámico que se hacía llamar Abu Turaab escribió en
Twitter: «Para quienes quieren venir, pero enfrentan obstáculos, sean
pacientes y mantengan por siempre vivo dentro de ustedes el deseo por la Yihad».
En la cuenta del
Departamento de Estado de Estados Unidos se respondió: «ISIS recurre a
cometer atrocidades y morir como criminales, o que los pillen y desperdicien la
vida en prisión». Dos días después, el comentario de Abu Turaab tenía 32 «favoritos»;
el del Departamento de Estado no tenía ninguno.
LA OTRA RESPUESTA
El Departamento de Estado
ha aumentado sus esfuerzos para contrarrestar la propaganda del Estado
Islámico, publicando en Facebook y Twitter un hilo constante con los horrores
cometidos por el Estado Islámico, usando la etiqueta #ThinkAgainTurnAway.