El hombre que acuñó el término «genocidio» se horrorizaría ante esto

14/Jul/2026

Aish Latino- por Kylie Ora Lobell

 

 

El sobreviviente del Holocausto Raphael Lemkin acuñó el término «genocidio». El instituto que lleva su nombre está tergiversando su significado para difamar a Israel. La familia Lemkin y la Asociación Judía Europea solicitan una investigación sobre el Lemkin Institute for Genocide Prevention, Inc.

 

En 1944, Raphael Lemkin, un abogado judío polaco y sobreviviente, acuñó el término «genocidio» para describir el asesinato de seis millones de judíos durante el Holocausto. Lemkin, que perdió a 49 miembros de su familia, incluidos sus padres, escribió: «El genocidio no significa necesariamente la destrucción inmediata de una nación. Más bien pretende significar un plan coordinado de diferentes acciones encaminadas a destruir los fundamentos esenciales de la vida de grupos nacionales, con el objetivo de aniquilar a esos grupos».

 

Tras el 7 de octubre, grupos de todo el mundo han acusado a Israel de cometer genocidio en Gaza, afirmando erróneamente que el estado judío intenta exterminar al pueblo palestino. Aunque algunas de esas organizaciones no resultan sorprendentes (como Students for Justice in Palestine), una de ellas sí lo es: el Lemkin Institute for Genocide Prevention (Instituto Lemkin para la prevención del genocidio).

 

Recuperar el nombre de Lemkin

 

El Lemkin Institute for Genocide Prevention, con sede en Pensilvania, ha afirmado repetidamente que las acciones de Israel constituyen un genocidio.

 

Uno de los artículos de su sitio web se titula «Cuatro hechos sobre el genocidio de Israel», y su segundo punto sostiene: «Israel está cometiendo genocidio en toda Palestina». El artículo afirma: «El genocidio de Israel contra los palestinos implica el asesinato planificado y completamente intencional, así como el desplazamiento forzado de todos los palestinos de sus hogares ancestrales en toda la Palestina histórica utilizando todos los medios disponibles. Esto ocurre desde la fundación de Israel, pero se aceleró significativamente primero después de que Netanyahu asumiera el poder en 2022 y nuevamente tras el 7 de octubre del 2023. La gran mayoría de los israelíes está de acuerdo con este plan y apoyará claramente cualquier medida para verlo realizado, desde el apartheid hasta el exterminio. El objetivo es crear un Gran Israel completamente libre de vida palestina».

 

Ahora, la familia Lemkin, junto con la Asociación Judía Europea (EJA), instan a las autoridades a investigar si el uso del nombre Lemkin por parte del instituto (para el cual nunca obtuvieron autorización) viola la ley.

 

«Una organización que se hace llamar el Lemkin Institute for Genocide Prevention ha utilizado su nombre durante cuatro años sin pedir jamás permiso a su familia, sin su conocimiento ni consentimiento, y lo ha convertido en un arma contra el mismo estado judío que Lemkin defendía», declaró Rav Menajem Margolin, presidente de la EJA. «Lo que se ha apropiado es un legado sagrado. Se le ha arrebatado a la familia Lemkin, que ha sido guardiana de su nombre en las Naciones Unidas durante más de sesenta años; y también al pueblo judío, al que pertenece ese legado. ‘Recuperarlo’ significa insistir en que el nombre de un sionista apasionado que acuñó el término «genocidio» para describir el asesinato de judíos no puede ser secuestrado para acusar a los propios judíos de genocidio».

 

La campaña para retirar el nombre de Raphael Lemkin del instituto ha incluido el envío de cartas verificadas individualmente al gobernador Josh Shapiro, al fiscal general Dave Sunday, a altos funcionarios del Departamento de Justicia de Estados Unidos, incluido Leo Terrell, al Servicio de Impuestos Internos (IRS), al Departamento del Tesoro, a líderes legislativos de Pensilvania y a miembros de la delegación del congreso del estado.

 

La utilización del término «genocidio» como arma contra Israel se ha convertido en uno de los principales motores del antisemitismo contemporáneo.

 

«Nos involucramos porque este es uno de los casos más graves de apropiación indebida de un nombre en la vida judía moderna, y porque la utilización del término «genocidio» como arma contra Israel se ha convertido en uno de los principales motores del antisemitismo contemporáneo», afirmó Margolin. «¿Por qué ahora? Porque las acusaciones se intensificaron, porque la familia pidió aliados dispuestos a apoyarla y porque finalmente llegó un momento en que la conducta del instituto puede ser impugnada tanto legalmente (en Pensilvania, donde está registrado) como moralmente, ante la opinión pública. Cuando una familia judía pide ayuda para proteger un legado judío, no dudamos».

 

Joseph Lemkin, primo de Raphael Lemkin, declaró: «Recuperar el nombre Lemkin significa restaurar su integridad. Su legado ha sido apropiado por quienes distorsionan precisamente la definición que él luchó por establecer».

 

Para Joseph, la campaña tiene un profundo significado personal.

 

Los abuelos de Joseph Lemkin, Rajel y Benjamín, que murieron en Auschwitz.

 

«Crecí escuchando hablar de Raphael en una época en la que todavía era una figura ampliamente desconocida, mientras convivía con el peso de lo que nuestra familia perdió en el Holocausto», explicó. «Esa pérdida siempre estuvo presente. Los dos padres de mi padre y uno de sus hermanos fueron asesinados en Auschwitz, y otros dos hermanos murieron como combatientes de la resistencia clandestina. Ver que la obra de toda la vida de Raphael se invoca ahora de maneras que contradicen su intención —y es utilizada por quienes buscan socavar o destruir a Israel— se siente como una traición a su legado y una profunda falta de respeto hacia la memoria de nuestra familia».

 

Genocidio e Israel

 

Aunque lamentablemente hubo víctimas civiles inocentes durante la guerra en Gaza, no existe evidencia de que Israel esté cometiendo un genocidio. Pero eso no impide que diversos grupos utilicen ese término.

 

«El término ‘genocidio’ tiene una definición jurídica precisa que exige la intención de destruir a un pueblo», dijo Joseph. «Aplicarlo a Israel sin cumplir ese criterio vacía la palabra de significado y socava su utilidad para identificar auténticas atrocidades».

 

Según Margolin, el instituto comenzó a acusar a Israel de genocidio el 17 de octubre del 2023, apenas diez días después de la masacre perpetrada por Hamás. Esto fue antes de que un solo soldado israelí hubiera entrado en Gaza.

 

«Eso no es una conclusión jurídica; es un eslogan político», afirmó el rabino. «Incluso la Corte Internacional de Justicia se negó a ordenar el alto el fuego que habría decretado si realmente se hubiera establecido la existencia de un genocidio. Además, 112 de los principales especialistas del mundo en Holocausto y genocidio (incluido el exdirector del Museo Conmemorativo del Holocausto de Estados Unidos) han afirmado claramente que esa acusación es falsa. De acuerdo con el propio criterio de Lemkin, lo que Hamás hizo el 7 de octubre se acerca mucho más al crimen que él definió que la respuesta de Israel».

 

Decir la verdad

 

Lo que Lemkin enseñó al mundo fue que el genocidio no comienza con las cámaras de gas, sino con las palabras, la deshumanización de un pueblo y la redefinición de las víctimas como perpetradores, tal como lo han hecho quienes se oponen a Israel.

 

«Cuando se toma la acusación más grave del derecho internacional, el genocidio, y se atribuye falsamente al estado judío y, por extensión, a los judíos que lo apoyan, no se está simplemente participando en un debate», sostuvo Margolin. «Se está otorgando permiso. Se está enviando una señal a las personas inestables y movidas por el odio respecto a que la violencia contra los judíos no es terrorismo, sino justicia».

 

De cara al futuro, la familia Lemkin y la EJA esperan restaurar la precisión y el peso moral del término «genocidio» y preservar fielmente el legado de Raphael Lemkin.

 

«El mundo le debe a Lemkin fidelidad al significado que él luchó por establecer», concluyó Joseph. «Honrarlo exige utilizar el término ‘genocidio’ con la precisión y la seriedad que él pretendía, no como un eslogan o un arma retórica desligada de sus fundamentos jurídicos y morales. Hoy en día, con demasiada frecuencia, el término se invoca de manera superficial, especialmente en entornos donde el lenguaje contundente sustituye a una comprensión cuidadosa. Ese mal uso no solo diluye la palabra; también debilita su capacidad para identificar y responder a las atrocidades».

 

Y añadió: «Respetar el legado de Lemkin significa preservar la claridad y la gravedad del concepto que él legó al mundo, y no permitir que sea redefinido por la desinformación y las reacciones impulsivas».