«El hijo de Saúl» nos sumerge en el infierno de Auschwitz

23/Feb/2016

«El hijo de Saúl» nos sumerge en el infierno de Auschwitz

El
poder y el horror de «El hijo de Saúl», un drama visceral sobre la
vida de un Sonderkommando en Auschwitz-Birkenau, ha dejado al público impactado
desde que debutó en el Festival de Cine de Cannes el pasado mayo. Ahí obtuvo el
Gran Premio, recibió elogios de director de «Shoah» Claude Landzmann
y presentó a su realizador y coguionista, el húngaro de 38 años Laszlo Nemes,
como un director debutante fuera de lo común. Ahora, la obra de Nemes es una de
las favoritas a los premios Oscar a la mejor película en lengua extranjera. Los
Premios de la Academia se entregan este domingo. El filme sigue a un
Sonderkommando (un judío prisionero obligado a trabajar en el campo de
concentración), interpretado por Geza Rohrig, que cree haber encontrado a su
hijo entre los exterminados y busca esconder el cuerpo para darle sepultura
religiosa. «Al presentar el retrato de un hombre en medio del infierno, le
damos una medida de humanidad … para ver si puede haber humanidad más allá de
la humanidad», dice Nemes. «Cuando ya no queda nada, ¿puede haber un
Dios interior?». No apta para débiles de corazón, «El hijo de
Saúl» es un rechazo deliberado a películas menos severas del Holocausto.
Es una representación desgarradora de la maquinaria de los campos de
concentración en acción. «Me interesa el mal», dijo Nemes en una
entrevista el año pasado. «Un tipo de mal que no puede entenderse a simple
vista o ser representado. Exactamente lo contrario a nuestra representación del
mal en un mundo moderno, en especial en el cine». Rodada en 35mm, «El
hijo de Saúl» combina largas tomas que siguen de cerca al Saúl de Rohrig.
Gran parte de la actividad en el campamento aparece borrosa en el fondo, como
una segunda capa de acción que requiere de su propio director. La película
nunca muestra las cámaras de gas, pero se detiene frente a sus puertas. Nemes,
algunos de cuyos ancestros fueron asesinados en Auschwitz, quiso hacer un filme
que les recordara a los espectadores la realidad del Holocausto. Aunque la
cinta ha sido recibida con grandes elogios, también ha despertado escepticismo
en algunos por su mezcla de atrocidades históricas con un rodaje técnicamente
ingenioso que permanece con Saúl a lo largo de un día y medio sin presentar
ningún contexto del Holocausto. «¿Es ese el lugar para un thriller? ¿Hubo
suspenso adentro de Auschwitz?», indagó el Film Comment en una reseña. La
crítica del New York Times Manohla Dargis la llamó «una película
radicalmente deshistorizada e intelectualmente repelente». Seguro de sí
mismo, Nemes no hace caso a tales críticas. «Debe sentirse sola»,
dijo de Dargis, en alusión a la respuesta mayormente positiva a su película.
«Lo único que sé es que al hacer este filme, traté de devolverle la
dignidad a los muertos y los moribundos», expresó Nemes. «No creo que
haya perdido de vista el hecho de que estaba hablando sobre la destrucción de
los judíos europeos. Está en mi sangre. Dejaré una huella por mis familiares
que fueron desperdigados por los ríos polacos». Le tomó seis años hacer
«El hijo de Saúl». Para Nemes, el filme comenzó a formarse cuando
leyó testimonios vívidamente personales de Sonderkommandos de Auschwitz.
«Siempre me pregunté lo que sería ir del tren a la cámara de gas»,
dijo, «cómo se ve ese camino polvoriento cuando uno está ahí». El
realizador, que se mudó a Francia con su madre cuando tenía 12 años, se preparó
para «El hijo de Saúl» formándose dos años con el cineasta húngaro
Bela Tarr. Tras no lograr conseguir financiamiento en Francia ni Israel, hizo
la cinta con un presupuesto de apenas 1,5 millones de dólares, con el apoyo del
Fondo Nacional Húngaro de Cine y la Conferencia de Reclamos Materiales Judíos
contra Alemania. «No quería dar la impresión de que era una ópera
prima», dijo Nemes, quien ahora trabaja en un thriller ubicado en la
Budapest de 1910, antes de la Primera Guerra Mundial, que dice aborda «la
muerte de la civilización». «No soy tan joven. No estoy haciendo esta
película con 25 años». La misión desesperada de Saúl podría parecer
delusiva. Otros prisioneros dudan cómo puede reconocer a su hijo si no lo ha
visto en años. Pero su lucha, imposible y desafortunada, es una en resistencia
a la locura que lo rodea. «La experiencia del campo (de concentración) es
muy remota para esta generación», dijo Nemes. «Si este mundo no está
consciente de la tentación de autodestrucción a un nivel industrial, no puede
tener un futuro. Se trata de lo que hay adentro de la civilización humana».