El grand jeté de la danza en Tierra Santa

04/Sep/2014

Nuevo Mundo Israelita

El grand jeté de la danza en Tierra Santa

La luz disminuye de
intensidad mientras suenan los primeros acordes de un vals. El telón se abre y
un ciclorama coloreado de azul recibe en escena a una estilizada silueta
femenina que, con delicadeza, ejecuta su solo. De pronto, al llegar a una
esquina, se detiene. Prepara sus brazos y la respiración para la coda. En el
compás preciso se eleva por el aire, con sus piernas extendidas de extremo a
extremo, avanzando en espaciosos saltos con su grand jeté, fungiendo como una
aguja que carga tras de sí el hilo imaginario que teje, con breves puntadas
sobre el linóleo que la empuja de nuevo al aire, una circunferencia perfecta
que abarca todo el escenario.
De grandes saltos,
también, ha sido la evolución de la danza en Israel, expresión que es apoyada
por el Estado con una inversión que ronda los nueve millones de dólares anuales
y programas escolares que llevan de gira por los colegios y otros centros
educativos a las compañías, para contagiar con el arte del movimiento corporal
a las nuevas generaciones.
El auge de la danza
contemporánea
Ningún otro territorio
del planeta tan pequeño como el Estado de Israel concentra tantas compañías de
danza como este. Treinta y cinco suma ya, lo que implica un elevadísimo número
de bailarines en una nación de ocho millones de habitantes. Claudio Kogon,
subdirector del Centro Suzanne Dellal de Tel Aviv, declaró en una entrevista
para la revista cultural de la Televisión Española, Miradas 2, que “esto tiene
que ver de alguna manera con nuestra cultura. Desde siempre al pueblo judío le
ha gustado bailar para celebrar. Lo tenemos en nuestras fiestas, en las
familias, y creo que de alguna manera esto salió de la casa y se fue al público
y al teatro. Es increíblemente alta nuestra tasa de danza per cápita”.
Según explicó Kogon para
TVE, Israel no posee mucha tradición de ballet clásico por ser un país tan
joven, pero sí tiene un impresionante desarrollo en danza contemporánea,
principalmente porque en la década de 1930 llegó una ola de inmigrantes de
Alemania, lo que puso sobre el territorio a creadores alemanes y al
expresionismo de esas latitudes. “Después, en los años 60, contamos con la
suerte de tener aquí a Martha Graham, la creadora de la técnica Graham, que fue
fundadora de compañías como Batsheva. Hoy en día, de alguna manera, todos los
creadores jóvenes son hijos o nietos de esa generación”.
Por su parte Rami Be’er,
director del Kibbutz Contemporary Dance Company, explicó al periódico español
El Mundo que, como Israel no arriba aún a las siete décadas, son pocas las raíces
que mantener y escasos los referentes. Por tanto, “los jóvenes encuentran en la
danza contemporánea un medio muy flexible y libre para expresarse”.
Añade el director que, en
su opinión, esa necesidad de expresión responde al anhelo de imaginar un espacio
más amable al de la realidad que viven. “Estamos en un área muy conflictiva,
muy compleja, con unas relaciones muy difíciles con nuestros vecinos.
Necesitamos experimentar una metamorfosis. Y aunque yo no me propongo hablar en
mis trabajos de la realidad inmediata, de manera indirecta esta se cuela en mis
producciones, fluye de forma subterránea”.
Quienes iniciaron la
historia de la danza en la tierra de Israel fueron los judíos que venían
principalmente de Centroeuropa y Alemania. Por ejemplo, Noa Weitheim,
coreógrafa y directora de Vertigo Dance Company, asegura que sus antepasados
eran belgas y se mudaron a Israel con todo y mobiliario, por lo que ella creció
en un espacio europeo en medio de Tierra Santa. Yehudit Arnon, por su parte,
fundadora de la compañía que ahora dirige Be’er, había sido discípula de Kurt
Joos en Alemania, y luego de llegar a Israel se convirtió en una de las
pioneras en motorizar programas educativos en los kibutzim. Esa integración de
diversas escuelas, tradiciones y formas de expresión comenzó a generar un nuevo
estilo muy genuino, con una personalidad propia caracterizada por su energía y
fuerza.
Las primeras compañías
que se fundaron fueron Inbal y Batsheva, esta última una de las de mayor
prestigio internacional y por la que han pasado algunos de los más célebres
coreógrafos del país, como Itzik Galili o Sharon Eyal. Otra gran figura de la
danza contemporánea en estos parajes es Ohad Naharin, quien se ha convertido en
el coreógrafo israelí de referencia.
La exitosa coreógrafa
Dafi Altabeb, de Dafi Dance Group, declaró que la danza en Israel ha adquirido
mucha fuerza, gracias a la pasión que hay en toda la nación por crear. “Estamos
empujándonos unos a otros para ocupar un buen lugar en el mundo. Israel está
adquiriendo su lugar en el mapa, porque aquí hay mucha creación”.
Folclor multicultural
El baile folclórico de
Israel no es más que una amalgama de las distintas formas coreográficas y
géneros que se consolidaron en las diversas naciones en que crecieron los
muchos judíos de la diáspora.
Si en otros países el
aprendizaje del folclor tiene como objetivo preservar las raíces y mantener
vivos los orígenes culturales de la nación, en el caso de Israel el folclor es
una forma que está en continuo cambio y que combina a partes iguales historia y
modernidad, referencias bíblicas con expresiones contemporáneas.
Los pioneros, quienes
cambiaron su vida cosmopolita de las urbes de Europa Oriental por la vida rural
de los kibutzim, trajeron sus danzas nativas y las adaptaron al nuevo paisaje,
clima y ánimos de Eretz Israel. Fue precisamente de estas colectividades de
inspiración marxista que surgió la Hora, por ejemplo, como baile típico
nacional: una danza que une a sus ejecutantes en un círculo en el que todos
—niños, jóvenes y ancianos— se mueven al aire libre. De origen yemenita, sus
características adquirieron nuevo significado en Israel: el círculo simboliza
igualdad, los brazos enlazados la nueva ideología de acogida, los sencillos
pasos permiten a todos participar, los pies descalzos son señal de humildad y
contacto con la tierra ancestral.
Pero junto a lo que hoy
puede considerarse como la danza folclórica israelí, hacen vida en paralelo —y
siguen influenciando a la primera— las danzas tradicionales de los diferentes
grupos étnicos que reflejan tanto el “crisol de diásporas” como la pluralista
naturaleza de la sociedad israelí. Estos bailes son preservados por varios
grupos especializados en danzas de Yemen, Kurdistán, Noráfrica, India, Georgia,
Bujara y Etiopía, y por conjuntos que interpretan danzas árabes, drusas y
circasianas, entre otras.
Instituciones de difusión
La Biblioteca Israelí de
Danza y el Archivo Israelí de Danza, además de servir de centros de estudio e
investigación, publican libros sobre danza y el Anuario de Danza Israelí. El
adiestramiento y enseñanza a nuevos bailarines se ofrecen en la Academia Rubin
de Música y Danza en Jerusalén y Tel Aviv, los estudios Bat Dor en Tel Aviv y
Beer Sheva, la escuela Talma Yellin en Guivataim, y varias otras escuelas y
talleres de danza en todo el país.
Las contribuciones de
Israel en el campo de la educación en el movimiento incluyen los métodos de
Moshé Feldenkrais, que se enseñan en todo el mundo, y el sistema de anotación
del movimiento Eshkol-Wachman, uno de los tres más conocidos sistemas de
registro de danza y movimiento por escrito.
Compañías de danza
contemporánea en Israel
Ballet Israelí: surgió de
un estudio de danza clásica creado por sus directores artísticos Berta
Yampolsky e Hillel Markman. Es la única compañía profesional de ballet clásico
del país, e interpreta obras clásicas, neoclásicas y contemporáneas creadas por
Berta Yampolsky, así como ballets de Balanchine y otros coreógrafos
internacionales.
Compañía Kibutziana de
Danza Contemporánea: fundada en 1970 por Yehudit Arnon, miembro del kibutz
Gaatón en Galilea, cerca de la frontera libanesa. Yehudit Arnón convirtió un
grupo de jóvenes bailarines aficionados en una de las compañías de danza
contemporánea más destacadas de Israel, que se ha ido ganando el aplauso
internacional. La compañía se identifica hoy con su director artístico y
coreógrafo Rami Be’er.
Companía de Danza
Batsheva: fundada en 1964 por la famosa bailarina Martha Graham y la baronesa
Batsheva de Rothschild, se basó inicialmente en los métodos de la Graham, pero
siempre hizo hincapié en la formación en las técnicas del ballet. A los 50 años
de su creación, la compañía es quizá la embajadora de la cultura israelí más
conocida globalmente. Su elenco cuenta con 65 miembros, entre bailarines y
técnicos.
Vértigo: grupo de danza
moderna muy exitoso, fundado en 1992 por dos bailarinas, Noa Wertheim y Adí
Shaal. El grupo ha realizado giras por todo el mundo y ya ha obtenido
distinciones internacionales. Gran parte de su repertorio son coreografías
originales de Wertheim, así como innovadores proyectos de danza con otros
artistas. La Escuela de Danza Vértigo de Jerusalén, fundada en 1997, ofrece
clases para profesionales y aficionados al ballet clásico, danza moderna e
improvisación.
Compañía de Danza de
Inbal Pinto: es una de las estrellas ascendentes de la danza internacional. Su
coreógrafa y diseñadora, la bailarina Inbal Pinto, fue anteriormente miembro de
la Compañía Batsheva e inició su labor de coreógrafa en 1990. Desde entonces ha
creado, conjuntamente con el codirector artístico de la compañía, Avshalom
Pollack, numerosas piezas de danza, tales como la mundialmente famosa La Ostra,
que ha sido representada centenares de veces en Israel y en el extranjero.
Centro de Danza y Teatro
Suzanne Dellal: inaugurado en 1989 y ubicado en el recientemente renovado
barrio de Nevé Tzedek de Tel Aviv, se ha convertido en el punto central de las
actividades de danza del país.
El escenario de la danza
moderna de Israel cuenta además con una serie de conjuntos más pequeños y
coreógrafos independientes, cuya labor es muy apreciada por los aficionados del
mundo entero. Entre ellos se destaca Yasmeen Godder, que en 2002 fue
galardonada con el Bessie Award en Nueva York y ha obtenido numerosos premios
en Israel. Otras estrellas en auge son Emanuel Gat y Renana Raz.