16-6-2012
CRÓNICAS DE LUZ Y DE SOMBRAS
LUCIANO ÁLVAREZ
El uso corriente ha convertido al Dr. en Filología Joseph Goebbels en un mero proveedor de aforismos y tópicos sobre la propaganda y el mal; siempre es práctico para zanjar una discusión o descalificar un adversario. Lo curioso es que algunas de sus atribuciones más celebres no le corresponden. Nunca dijo «Cuando oigo la palabra cultura hecho mano a mi revólver», que en realidad pertenece a una obra del dramaturgo nazi Hanns Johst; Goebbels era un universitario que -pasadas por el tamiz de su ideología– conocía y era capaz de analizar con cierto rigor el cine, el teatro, la literatura y la música.
Por otro lado, si bien dijo que «una mentira mil veces repetida….se transforma en verdad», la frase está sacada de contexto puesto que atribuía esa práctica a los judíos, mientras que él sostenía que no se debían falsear los hechos. En 1928 escribió: «Creo que no se puede tener un buen gobierno sin buena propaganda, pero luego, no se puede tener buena propaganda sin un buen gobierno.» La comprobación de simplificaciones y errores convertidos en aforismos de dominio público no hace menos horroroso al personaje. Cualquier indagación sobre Goebbles y el resto de los malandrines que dirigieron a los alemanes y causaron las mayores calamidades imaginables, concluye siempre en el asombro: ¿Cómo fue posible que una banda de fracasados sociales, bohemios, la mayoría sin hábitos ordenados de trabajo, llegara tan lejos?
Goebbels es uno de sus representantes más característicos. Nació el 29 de octubre de 1897, en Rheydt, una pequeña ciudad de Renania. Su padre era un modesto contable con el que parece no haber tenido una buena relación. En cambio admiraba y quería a su madre. Tuvo tres hermanos –dos hombres y una mujer. A los cuatro años sufrió una osteomielitis que le atrofió la pierna derecha; además su estatura apenas pasaría el metro y medio. Privado de participar de los juegos físicos de sus compañeros de colegio: «Me convertí en un ser solitario y original», escribió.
En los estudios le fue bien; fue el mejor de su promoción de 1917 y pasó por varias universidades donde estudió Filosofía, Literatura, Historia, Arte y Lenguas Clásicas. En 1921 se doctoró en Heidelberg, sin embargo no pudo conseguir empleo en el sistema educativo ni en las artes. En 1923 entró al Dresdner Bank de Colonia, pero no podía soportar la rutina y al cabo de nueve meses fue despedido. Escribió novelas y obras de teatro cuyo destino ignoro, salvo que, en aquellos días fueron rechazadas por los editores. La misma suerte corrió en sus intentos de publicar artículos en periódicos.
En ese tiempo de desesperanza comenzó a escribir un diario, cuya primera anotación es del 17 de octubre de 1923. Tiene veintiséis años y vive a expensas de su familia, pero se queja amargamente: «En casa no se vive más que de pan, es espantoso, es horrible. En esta casa soy el villano, el renegado el apóstata, el desterrado, el ateo, el revolucionario.»
Anota también, obsesivamente, con frases muy escuetas sus encuentros sexuales. Pese a sus deficiencias físicas lograba atraer a las mujeres, aun antes de convertirse en un individuo todopoderoso.
Por entonces se interesa en la política: tantea en orientaciones de extrema izquierda para pasarse luego a la derecha siguiendo a Gregor Strasser, un demagogo radical. De todo ello deja constancia en su diario: Se queja de los «malabaristas de las finanzas», que se aprovechan de la crisis. «En Alemania hace falta una mano fuerte» […] «dejar de hablar y de experimentar y empezar a trabajar con seriedad.» Quiere ser un fanático, «no un tibio, un moderado y gentil» (20 de marzo de 1924). Todavía no es un nazi, pero ya se considera un profeta, ha desarrollado un sentimiento desmesurado de su propio valor, cercano a la megalomanía. Lee, ve y escucha a todas las corrientes políticas, las analiza en función de su proyecto y saca sus lecciones. El 23 de diciembre de 1924 anota sus impresiones sobre la biografía de Mahatma Gandhi, escrita por el premio Nobel Romain Rolland:»Lo que más me ha gustado de este libro: la maravillosa personalidad de Gandhi, casi un Mesías. […] La no violencia también es un arma política. También ella es capaz de destruir hombres y valores, aun sin hacer correr la sangre, por el contrario, sin efusión de sangre, lo que, en mi opinión, es más brutal y cruel.»
Por ese entonces ya se ha unido a círculos nazis y descubre su talento de orador y agitador; escribe para pequeñas publicaciones extremistas y crea una sección del Partido Nacionalsocialista. Está encontrando un sentido para su vida y su «idealismo». El momento culminante sucederá el 6 de noviembre de 1925 cuando se encuentra por primera vez con Hitler en Brunswick.
Un año más tarde ya forma parte de la élite del partido como Gauleiter de Berlín. El término designaba a los «líderes de Zona» (Gau) que sólo respondían ante Hitler y eran parte del llamado Cuerpo de Líderes del NSDAP. En Berlín funda el diario «Der Angriff» (El ataque). En las elecciones legislativas de mayo de 1928 los nazis obtienen el 2,6% de los votos, que le otorgan doce diputados al Reichstag. Goebbels es uno de ellos.
La inmunidad parlamentaria habilita, aun más si fuera posible su agresividad, su antisemitismo, su antiparlamentarismo, su rechazo a la sociedad burguesa: «Somos un partido antiparlamentario […] que rechazamos la Constitución de Weimar y las instituciones republicanas por ella creadas; somos enemigos de una democracia falsificada, que incluye en la misma línea a los inteligentes y los tontos, los aplicados y los perezosos. […] ¿Qué vamos a hacer por tanto en el Reichstag? Vamos al Reichstag para procuramos armas en el mismo arsenal de la democracia. Nos hacemos diputados para debilitar y eliminar el credo de Weimar con su propio apoyo. Si la democracia es tan estúpida que para este menester nos facilita dietas y pases de libre circulación, es asunto suyo.
Pocos años más tarde, cuando, el 30 de enero de 1933, Hitler se convierte en Canciller, Goebbels escribe: «Si tenemos el poder, jamás renunciaremos a él, salvo que nos saquen muertos de nuestros despachos»