Gadafi. Gobierna con mano de hierro, es mujeriego y quiere dejarle el cargo a su hijo
18-2-2011
EL PAÍS DE MADRID Y AP
Muamar el Gadafi ostenta varios récords y unas cuantas peculiaridades. La primera es que este beduino de 68 años lleva cerca de 42 al frente de su país. Ningún otro dirigente árabe o africano ha ejercido el poder durante tanto tiempo.
La segunda es que Gadafi no es, en teoría, nada, ni jefe de Estado, ni jefe del Gobierno. En la práctica lo es todo, es el que manda de verdad sin apenas contrapeso excepto el de algunos jefes tribales. De ahí que, cuando viaja al extranjero, el protocolo le trata como si fuera jefe de Estado.
Desde que en 1969 dio el golpe de Estado militar que acabó con la monarquía, Gadafi es, probablemente, el líder que más ha cambiado sus ideales en su larga estadía al frente del poder. Apostó en los setenta por el panarabismo con toques socialistas, pero en la segunda mitad de la década pasada estrechó lazos con Estados Unidos y Occidente. Entretanto, en los ochenta, coqueteó con el terrorismo. Sus servicios de información estuvieron involucrados en la voladura de dos aviones, uno francés de UTA y otro norteamericano de Pan Am, ambos repletos de pasajeros.
Su biografía política está plagada de extravagancias en cualquier circunstancia y más aun en el caso de un dirigente árabe. Trabaja y recibe a sus huéspedes en una tienda beduina. Se paseó dentro y fuera de su país con una escolta de doce jóvenes. Durante su último viaje a Roma, en agosto pasado, invitó públicamente a cientos de jóvenes italianas a convertirse al islam y provocó así un nuevo escándalo.
Su afición por las mujeres hace que se desplace siempre acompañado por una enfermera ucraniana, Galyna, a la que el embajador de Estados Unidos en Trípoli, Gene Cretz, describía, en septiembre de 2009, como una «rubia voluptuosa».
Gadafi gobierna con mano de hierro el país más rico de África del Norte gracias a sus exportaciones de hidrocarburos, que superan a las de la vecina Argelia -donde los manifestantes también se empiezan a casar de los regímenes «eternos»-. Gracias a ello Libia es el país que cuenta con la mayor proporción de inmigrantes africanos (1,2 millones, según diversas estimaciones). Aun así, es el menos poblado del África mediterránea.
Pese a ser original y relativamente próspera, Libia adolece también de muchas de las lacras que asolan a sus vecinos, empezando por la corrupción.
«Libia es una cleptocracia en la que el régimen, sea la propia familia de Gadafi o sus aliados políticos cercanos, tiene un interés directo en cualquier cosa que merezca la pena ser vendida o comprada», escribía de nuevo el embajador Cretz en enero de 2009 en un cable desvelado por Wikileaks. De ahí que sea el propio Gadafi el que supervise todos los contratos que se dispone a firmar su Gobierno y cuyo importe rebase los 196 millones de dólares.
Como sucedió con el difunto presidente sirio Hafez el Asad o con el depuesto Hosni Mubarak, Muamar el Gadafi tiene también la intención de convertir a su república en una monarquía sui géneris. En octubre de 2009 reunió en Sebha una asamblea de jefes tribales a los que les dejó caer que su sucesor sería el más presentable de sus hijos, Saif el Islam, de 39 años.
Otros dos hijos varones, Mutasim y Aníbal, son proclives a las «juergas y extravagancias», según la Embajada de Estados Unidos. Haníbal ha maltratado además en Londres o en Ginebra a su esposa Aline.
Desde el pasado lunes, varios grupos opositores en el exilio llamaron al derrocamiento de Gadafi y a una transición pacífica del poder en Libia. A través de Facebook se convocó a la revuelta que amenaza con convertirse en un baño de sangre.
«Gadafi y todos sus familiares deben renunciar», dijeron los grupos opositores en una declaración. La historia de Ben Alí y Mubarak vuelve a repetirse; el desenlace es aún incierto.
Los que se niegan a abandonar el poder
Alí Abdulá Salé
Presidente de Yemen
Ostenta el poder desde hace 32 años. Su control se extiende apenas más allá de la capital y depende de alianzas frágiles. Desde hace 6 años, se enfrenta a una rebelión en el norte y crecen los detractores en el sur.
Hamad bin Isa al Khalifa
Rey de Bahréin
Ocupa el cargo desde 1999. La dinastía sunita Khalifa está en el poder desde hace siglos. Los chiitas, que protagonizan las protestas, son mayoría en el país y piden más participación gubernamental.
Mahmud Ahmadinejad
Presidente de Irán
Gobierna apenas desde 2005, y está ejerciendo su segunda presidencia. De todos modos, las protestas también se extendieron hacia Irán, donde la oposición denuncia un fraude en su reelección en 2009.
El dictador que sueña con una dinastía
18/Feb/2011
El País