El escenario Por Noga Tarnopolsky | Global Post
18-10-2011
JERUSALEN.- Mitzpeh Hila es una aldea de poco más de 525 habitantes. Situada en la cumbre de una bucólica colina de Galilea oriental, ofrece a los visitantes imponentes vistas del valle de Hula, en Israel, y de la campiña del sur del Líbano.
Su principal fuente de ingreso es el turismo, especialmente los bed and breakfasts regenteados por distintas familias. Fin de semana tras fin de semana, éstos atraen a habitantes de las ciudades, sedientos de un par de días de cantos de pájaros, verdes colinas y comidas orgánicas.
En 1988, cuando su segundo hijo, Gilad, tenía dos años, Noam y Aviva Shalit se mudaron a esta remota aldea. Son dueños y dirigen una de esas pequeñas hosterías.
Gilad, un joven estudioso que se graduó con honores del secundario, fue siempre un poco frágil de salud. Su historia clínica era lo suficientemente problemática como para que pudiera evitar servir en el ejército, pero prefirió ofrecerse como voluntario y seguir a su hermano mayor, Yoel.
A los 19 años, Gilad Shalit prestaba servicio en la frontera de Israel con Gaza, en el punto más alejado de su casa dentro de Israel. Al final de uno de los fines de semana en los que estaba de servicio, fue capturado por Hamas en una audaz incursión en territorio israelí. Dos de sus compañeros murieron por el impacto de los cohetes en su tanque. Fue temprano en la mañana del domingo 25 de junio de 2006.
Desde ese momento, su suerte ha sido incierta. Nadie, salvo sus captores, volvieron a verlo. Hamas, la facción extremista que gobierna la Franja de Gaza, ha sido hermética respecto del cautiverio de Gilad.
Los rumores dicen que ha estado confinado en un sótano de dos habitaciones, custodiado por dos hombres y rodeado de minas. Durante todo este tiempo, se le permitió escribir tres cartas a su familia y enviar un DVD, para demostrar que estaba vivo, aunque frágil de salud, en 2009. La cinta fue entregada a Israel a cambio de la liberación de 20 palestinas.
La semana pasada, cuando se anunció la inminente liberación de Gilad, la noticia fue recibida con una combinación de éxtasis y cinismo. Los palestinos, jubilosos, salieron a las calles de Gaza para celebrar anticipadamente la liberación de más de 1000 prisioneros.
No se puede ignorar la realidad política que condiciona este momento: el apoyo a Hamas se ha debilitado constantemente en los últimos meses, especialmente porque los habitantes de la Franja siguen padeciendo cada vez más restricciones de sus libertades personales, impuestas tanto por el bloqueo israelí y egipcio del territorio como por las reglas islámicas decretadas por la organización terrorista.
Mientras tanto, el presidente palestino, Mahmoud Abbas, líder de la facción rival, Al-Fatah, goza de una extraordinaria oleada de apoyo internacional, tras su pedido de reconocimiento de la soberanía palestina ante la Asamblea General de la ONU.
Una convergencia de intereses políticos generó el actual acuerdo. Ante la inestabilidad política y social que sacude a Egipto y con sus patrocinadores de Irán y Siria enfrentando un futuro incierto, Hamas eligió este momento para hacer concesiones en algunas exigencias esenciales que había presentado a Israel a cambio de la liberación de Shalit.
Los negociadores egipcios que consiguieron el acuerdo demostraron que la junta militar sigue siendo un actor importante en la escena regional, aunque su control sobre los asuntos nacionales está cada vez más en duda. Negociadores alemanes y turcos fracasaron en reiteradas oportunidades en los últimos cinco años.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, espera emerger como un líder competente y heroico al poder traer al soldado cautivo a casa después de seis meses espantosos en los que ha tropezado, una y otra vez, a través de un laberinto de pruebas diplomáticas y domésticas que pusieron en riesgo su propia coalición.
En otro signo más de inestabilidad política, se espera que tanto su canciller, Avigdor Lieberman, como su viceprimer ministro, el ex jefe de gabinete Moshe Ya’alon, monten campañas desde la derecha en su contra en las próximas elecciones.
Los ministros del partido religioso Shas, que apoyó el pacto, como la mayoría del país, dijeron que los terroristas judíos condenados por ataques contra palestinos deberían ser liberados como parte del acuerdo para proporcionar «equilibrio».
Esta sugerencia fue recibida con indisimulada consternación por los observadores del tejido social de Israel, cada vez más deshilachado. Pequeños pero reveladores incidentes de terrorismo judío han inquietado profundamente a la comunidad internacional.
Si todo resulta según lo planeado, Shalit será trasladado a Egipto en las próximas horas. «Sabemos que no será el mismo joven», dijo su madre, Aviva. «Pero lo estamos esperando, y sabemos que podremos superarlo.»
Traducción de Mirta Rosenberg
El complejo juego político detrás del acuerdo
18/Oct/2011
La Nación, Noga Tarnopolsky