En los Juegos Olímpicos de Múnich, 1972, no
ganó, pero sí sobrevivió.
El profesor Shaul Ladany acaba de cumplir
80 años, pero nada indica que esté bajando el ritmo.
Para celebrar su cumpleaños, a principios
de abril, caminó 80 kilómetros alrededor de la ciudad en la que vive, Omer, en
el sur de Israel, bajo un sol abrasador, mientras su familia y amigos le
cantaban «Feliz cumpleaños».
«Una de las características que se
necesitan para ser un buen marchista de larga distancia es tener dientes
excelentes», le dijo a la BBC Ladany mientras hacía su caminata.
«Cuando duele, uno aprieta los dientes
y continúa».
«Además, se necesita cierto tipo de
personalidad orientada a cumplir la misión».
Hay un dicho que dice: ‘Los ganadores nunca
se rinden, los que se rinden nunca ganan'»
Nadie describiría a Ladany como alguien que
se rinde.
De hecho, debido a que vivió algunos de los
eventos más traumáticos de la historia reciente, se le ha llamado «el
sobreviviente por excelencia».
El apelativo le causa gracia: «No sé
si sea cierto, lo que sí lo es, es que en mi vida no ha habido un momento
aburrido», dijo en una entrevista para el diario británico The Independent
hace unos años.
Cuando tenía 5 años, «yo vivía en
Belgrado cuando el ejército alemán empezó a bombardear Yugoslavia. Nos metimos
en un sótano y mi abuela se tiró encima de mí para protegerme. Por suerte no
nos pasó nada, pues en el sótano de al lado varias personas perecieron».
Poco después escapó con su familia a
Hungría. Pasaron tres años huyendo, temiendo por sus vidas, hasta que lo
dejaron en un monasterio para que estuviera seguro.
Pero para él, fueron las dos semanas más
aterradoras de su vida.
«No tengo ninguna queja del
monasterio. Lo que me asustaba, a la edad de 8 años, era saber que mi vida
corría peligro si decía que era judío».
Vivía aterrado de que lo descubrieran por
no estar familiarizado con los rezos y rituales católicos.
«Siempre digo que después de esa
experiencia, no le tuve miedo a nada más».
Eventualmente la suerte se acabó.
Su familia fue apresada y enviada al campo
de concentración Bergen-Belsen, en lo que hoy es el estado de Baja Sajonia en
Alemania.
«Recuerdo el hambre, el frío y el
estar consciente de estar en peligro constante».
«Notaba que quienes me rodeaban
estaban todo el tiempo asustados, pero no entendía qué estaba ocurriendo
exactamente», recuerda Ladany, quien pasó seis meses encerrado antes de
que él y su familia fueran liberados gracias a un acuerdo entre Alemania y el
movimiento sionista en Estados Unidos.
«Llegué a entrar a la cámara de gas,
pero me indultaron, Dios sabrá por qué».
Sus abuelos maternos, así como gran parte
de sus familiares, no corrieron con la misma fortuna. Terminaron en Auschwitz,
donde «los volvieron jabón».
Nos están llevando a nuestra muerte. Si
encuentra esta carta por favor haga un acto de humanidad y dígaselo a mi
familia, para que ellos sepan qué me pasó»
Nota que el abuelo de Shaul Ladany logró
empujar por una rendija del tren que los llevaba a Polonia.
Soledad y esfuerzo
Lo que quedó de su familia pasó los últimos
años de la guerra en Suiza, antes de emigrar a Israel.
En el colegio, Ladany resultó ser un buen
estudiante, pero no mostró mucha habilidad para el atletismo.
Fue sólo cuando sirvió en el ejército que
descubrió que tenía un talento singular para marchar largas distancias. Y
entrenó duro para desarrollarlo.
La carrera de marcha quizás no es uno de
los eventos más populares en las Olimpiadas, pero requiere una dedicación casi
fanática.
El animado contoneo de su exagerado estilo
de caminar es inmensamente exigente físicamente.
Además es un deporte solitario.
«En 1962 alguien me sugirió que
compitiera en una carrera corta de 2.000 metros. No sólo gané, sino que derroté
al campeón israelí reinante hasta entonces. Y le saqué una ventaja de toda una
vuelta».
Pronto se convirtió en un marchista de
larga distancia de talla mundial. En 1968 fue escogido para ir a las Olimpiadas
de México.
Cuatro años más tarde, rompió el récord
mundial de 50 millas, en Nueva Jersey, una marca que hasta el día de hoy no ha
sido batida.
Y lo escogieron para que fuera a las
Olimpiadas de Múnich, en 1972.
Perdió, pero volvió a sobrevivir
Tenía la esperanza de ganarse la medalla de
los 50 kilómetros, pero terminó en el decepcionante puesto 19.
Tres días más tarde, estaba dormido en su
apartamento en la Villa Olímpica cuando sus compañeros de cuarto lo
despertaron.
«Dormía con otros cinco atletas. Abrí
la puerta y vi a uno de los atacantes cuando estaba negociando o hablando con
cuatro guardias y retorné al apartamento».
«Los apartamentos 1 y 3 fueron
atacados pero el nuestro, el 2, no».
El grupo responsable se autodenominaba
«Septiembre Negro», una facción de la Organización para la Liberación
Palestina, liderada por Yasser Arafat.
«Decidí no irme hasta avisarle al
líder del equipo lo que pasaba, que estaba en el apartamento 5. Apenas lo hice,
nos fuimos juntos».
Tras 48 horas, el gobierno alemán pretendió
haber aceptado las exigencias de los 8 atacantes que demandaban un avión para
ir a El Cairo.
Pero el plan era atrapar a los delincuentes
cuando estuvieran camino al avión. Algo que resultó desastroso.
Al final, los once miembros del equipo
olímpico israelí que habían sido secuestrados fueron asesinados. Cinco de los
miembros de Septiembre Negro también murieron.
Obra del artista estadounidense Mark
Podwall en memoria de los atletas israelíes que participaron en los Juegos
Olímpicos de Múnich 1972 y perdieron su vida en manos del grupo palestino
Septiembre Negro. El dibujo fue publicado por primera vez en el New York Times
en 1972.
Ladany y los otros sobrevivientes del
equipo olímpico regresaron a Israel con los cuerpos de sus compañeros.
«Por mucho tiempo pensé que tenía una
suerte inusualmente buena, pero luego caí en cuenta de que debió haber sido
parte del plan de los atacantes, pues en mi habitación dormían dos tiradores
deportivos y, según las reglas de las Olimpiadas, ellos podían tener sus armas
y municiones consigo».
De manera que quizás no quisieron enfrentar
oposición armada.
Ni un paso atrás
Ladany estaba decidido a no dejarse vencer
por el terror y sólo dos meses después de la que se conoce como «La
masacre de Múnich» desafió a las autoridades israelíes al competir en el
Campeonato Mundial en Suiza.
Ganó la medalla de oro por los 100
kilómetros, un evento que requiere de reservas extraordinarias de vigor y
concentración.
Ladany fue a Suiza y ganó. Pero le habría
gustado quedarse en las Olimpiadas pues opina que retirarse, le concedió otra
victoria a los atacantes.
No sólo continuó compitiendo profesionalmente,
con hitos como el de 2006 cuando se convirtió en la primera persona de 70 años
en caminar 160 kilómetros en menos de 24 horas.
Además, se labró una distinguida carrera
como académico. Aún trabaja en la Universidad Ben Gurión, donde es profesor
emérito de Ingeniería Industrial.
Habla nueve idiomas, ha escrito más de una
docena de libros científicos y tiene ocho patentes de inventos que van desde un
termostato sensible a la humedad hasta un cable de extensión compacto.
Recientemente sobrevivió a un cáncer y,
hace 8 meses, a una cirugía de bypass cuádruple, suficiente para hacer que la
mayoría de nosotros tiremos la toalla.
Sin embargo, para el gran sobreviviente
Shaul Ladany, son sólo más obstáculos a superar.
Anualmente, en abril, marca su cumpleaños
caminando su edad en kilómetros.
«No sé si podré aumentar la distancia
cada año por mucho tiempo; todos somos humanos y morimos».
«Sólo que yo prefiero morir
caminando».
El atleta que sobrevivió a los nazis, la masacre de Múnich, el cáncer y un bypass… y camina 80kms a sus 80 años
20/Abr/2016
BBC Mundo