Martes, 26 de junio de 2012 |
No aprendió Egipto, ni se quedó grabado en su ADN histórico, las consecuencias del orgullo faraónico. Todo parece indicar, que diez plagas no fueron suficientes para cambiar la mentalidad de todo un pueblo. La onceava plaga ya está empezando a extenderse.
por Jose I. Rodriguez
El dudoso triunfo del islamismo, sin adjetivo calificativo, pues solo existe un tipo, en las dudosas selecciones de Egipto, deja un rastro amargo de dudas, después del discurso de Mohamad Morsi. En esto no tenemos duda, que el nuevo gobierno egipcio, respetará los acuerdos internacionales, la pregunta es ¿Con quién?. ¿Será con Hamás? ¿Seguirá respetando los acuerdos con Irán? ¿Continuará respetando los acuerdos con Hezbolá, en el Líbano? Los Hermanos Musulmanes, se llevan bien en todo el orbe internacional, con excepción por el momento, de Siria donde hermanos contra hermanos se matan, violan o torturan hasta la muerte, sean mujeres, niños o ancianos.
Lamentablemente, estamos absolutamente seguros que Egipto, no respetará los acuerdos establecidos con Israel, hecho que quedará confirmado en muy poco tiempo. Haciendo memoria histórica, recordemos que el “gobierno” del faraón, se volvió muy pronto atrás de los “acuerdos internacionales” firmados con Moisés. Apenas donde dijo, digo, el despótico faraón, dijo Diego. Con toda la tecnología militar de su momento, envistió rabiosamente contra la recién gestada y liberada milagrosamente Israel, para destruirla totalmente. Lo que no pudo hacer con un pueblo esclavo, lo quería hacer con una nación libre, que absurda ingenuidad. El resto de la historia ya la conocemos, dejando un marcado rastro en el fondo del Mar Rojo y en el fondo de la conciencia colectiva egipcia. Nada ha cambiado, la mentalidad es la misma, decir una cosa, para inmediatamente hacer lo contrario.
La historia es lineal, pero se vuelve cíclica cuando sus actores la quieren repetir una y otra vez. La siguiente frase, atribuida a Albert Einstein, nos deja ver un panorama muy real en nuestro tiempo presente, cuando nos dice: “La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”. El peligro del islamismo está totalmente e irremisiblemente, fuera de toda duda. Pero ciertamente, los más peligrosos son aquellos, que se sientan a esperar acontecimientos. El progresismo, representado por una mentalidad liberal, que no liberada, que es muy diferente, está poniendo en continuo peligro a Israel. La inacción del “socialismo progresista” acompañada de una crítica organizada contra las acciones, políticas o militares que podría emprender Israel, contra sus enemigos, está debilitando peligrosamente a toda la Nación de Israel, frente a sus vecinos y acérrimos enemigos islamistas.
Una mal entendida mentalidad democrática, está paralizando en alguna manera, los esfuerzos justos y necesarios, para librarse de la mayor y más peligrosa plagas de la historia, el islamismo, este si, con un adjetivo calificativo definido como “islamonazismo”. Si muchos no se hubieren quedado sentados, viendo pasar al nazismo y esperando acontecimientos, sin duda, que no hubieran sido asesinados más de seis millones de inocentes judíos. Los que hoy levantan las voces, se manifiestan y escriben panfletos, exaltando las bondades de la democracia y los demócratas progresistas, piensan más en los islamistas inocentes, si es que existen, que en los millones de judíos, verdaderamente inocentes, hombres, mujeres niños o ancianos, que podrían salvarse, de los constantes ataques terroristas del islamismo.
La inacción provoca más muertes que la acción inteligente, firme y fuerte, militarmente hablando. Nadie quiere la guerra, por la guerra. Nadie en su sano juicio desea el enfrentamiento armado, ni la pérdida de vidas, sean o no sean inocentes, pero la inacción y el dejar pasar el tiempo, provocará muchos más muertos en todos los escenarios posibles. Lo peligroso es esperar, lo verdaderamente peligroso. Nosotros no seremos de los que no hacen nada. Aunque sea escribiendo, manifestándonos en las calles, apoyando a los que sufren o condoliéndonos con los familiares de los asesinados por el terrorismo islámico, no dejaremos pasar el tiempo esperando acontecimientos. No confiaremos nunca, en las bondades, en los acuerdos, en los dichos y diretes, de los islamistas. No nos fiaremos nunca, de los déspotas faraones, de los modernos Amán, en la “República Atómica” de Irán o de sus socios latinos, bolivarianos, revolucionarios y progresistas. ¿No asusta tanta mezcla explosiva?. Los malvados son peligrosos, pero esperar a ver que hacen y lo que pasa es más peligroso.
Israel no debe confiar en el nuevo faraón de Egipto y quedarse esperando haber que pasa. Mohamad Morsi , dice de una forma ambigua, que respetará los acuerdos internacionales, sin nombrar el más importante de todos los acuerdos que puede y podrá firmar Egipto, el Tratado de Paz con Israel. Lo más probable y por otro lado, es que Morsi, esté preparando con sus “socios islamofascistas”, un conjunto de acciones violentas, para justificar una eventual y más que probable, ruptura del mencionado tratado de paz. La “primavera árabe” está siendo devorada por la más terrible plaga islamista, que empobrecerá, destruirá y arrasará la poca cultura árabe, que en otro tiemplo fue ejemplo de construir bellos edificios, de producir poética cultura y de compartir futuro como fieles socios, en todo tipo de relaciones con los judíos de antaño. La onceava plaga, ha llegado sin que nadie la llamara ¿Cuánto tiempo durará?. Todo depende de lo que hagamos o de lo que esperemos que pase o hagan, los islamistas, lo cual es como ya hemos dicho, verdaderamente peligroso, para Israel y para el resto de naciones libres del mundo.