Dormir entre cadáveres en las cárceles de Asad

19/Ago/2016

La Razón, España

Dormir entre cadáveres en las cárceles de Asad

En las cárceles sirias mueren una media de
300 personas al mes. Teniendo en cuenta que estamos hablando de datos desde
mediados de 2011, la cifra asciende a un total de 17.723 fallecidos bajo
custodia policial. Estos son algunos de los datos abrumadores que desveló ayer
Amnistía Internacional (AI) en un informe.
Una de las cárceles más temidas es la
prisión militar de Saydnaya, a las afueras de Alepo. Según la ONG, en muchos
casos los detenidos pasaban meses, o incluso años, en los centros de las
diversas agencias de Inteligencia. Algunos acababan siendo sometidos a
indignantes juicios injustos ante tribunales militares, que a menudo no duraban
más que unos minutos, antes de ser trasladados a la prisión militar de
Saydnaya, donde las condiciones son especialmente duras. La tortura y otros
malos tratos parecen ser parte de un afán implacable por degradar, castigar y
humillar a los presos, denuncia Amnistía en su último informe.
La organización recoge las experiencias
vividas por 65 reos que han sobrevivido a las infames torturas del régimen
sirio. El testimonio de Salam, un abogado de Alepo, es uno de más
desgarradores. Durante los dos años que estuvo de recluso, primero en aquellas
oscuras mazmorras subterráneas y después en una estrecha celda en la superficie
de la prisión de Saydnaya, Salam recibió todo tipo de vejaciones. «Cuando me
llevaron dentro de la prisión, pude oler la tortura. Es un olor especial a
humedad, sangre y sudor. Es el olor de la tortura», describió el letrado.
Salam recuerda, sobre todo, el caso de un
entrenador de Kung Fu a quien los guardias habían matado a golpes al descubrir
que había estado entrenando a otros presos en su celda. «Mataron en seguida a
golpes al entrenador y a otros cinco y luego continuaron con los otros 14.
Murieron todos en menos de una semana. Vi la sangre salir de la celda»,
rememora. Otro detenido, «Ziad» (nombre ficticio), dijo que un día dejó de
funcionar la ventilación en la Sección 235 de los servicios de Inteligencia
Militar de Damasco y murieron siete personas por asfixia: «Empezaron a darnos
patadas para ver quién estaba vivo y quién no. Dijeron a otro superviviente y a
mí que nos levantáramos. Me di cuenta de que había dormido junto a siete
cadáveres. En el pasillo había unos 25 más».
La mayoría de los supervivientes contaron a
AI que los abusos comenzaban en el instante mismo de la detención y continuaban
durante su traslado a un centro penitenciario, sin ni siquiera haber puesto aún
el pie en él. A la llegada al centro comenzaba la verdadera pesadilla. Los
recién llegados pasaban por el rito de la «fiesta de bienvenida», en la que les
propinaban brutales palizas, a menudo con barras de silicona o metal o con
cables eléctricos. «Nos trataban como a animales. Querían que la gente fuera lo
más inhumana posible. Vi la sangre, era como un río. Nunca imaginé que la
humanidad pudiera caer tan bajo, no tenían ningún problema en matarnos allí
mismo», confesó Samer, abogado detenido cerca de Hama. Las «fiestas de
bienvenida» iban a menudo seguidas de «chequeos de seguridad», en los que
especialmente las mujeres eran sometidas a violaciones por parte de los
guardias, indica AI.