Señora presidenta: es para mí ciertamente un honor hablar en representación de la bancada del Frente Amplio en este día de recordación de las víctimas del Holocausto, de acuerdo con lo establecido por la Resolución Nº 60/7 de Naciones Unidas y por la Ley Nº 18.768 de nuestro país. Así nos obliga esta normativa, pero más que obligados, estamos convencidos de la imperiosa necesidad de memoria que tiene la humanidad toda, sobre todo las sociedades que sufrimos dictaduras que utilizaron el exterminio de personas como práctica sistemática y funcional a sus intereses más repudiables. Tenemos la necesidad de aprender una y otra vez y para siempre de qué modo mirar el pasado como forma de construir el presente y el futuro, evitando así cualquier forma de repetición.
Hace setenta y un años, un día como hoy, pero de 1945, con la liberación del campo de Auschwitz, en Polonia, la humanidad entera sufría un desgarro inconmensurable: enterarse del genocidio más grande de la historia, fundado principalmente en el odio racial contra el pueblo judío.
Es necesario, además, tener muy presente de qué forma evolucionaron al mismo tiempo la guerra y la persecución contra el pueblo judío: desde la discriminación y la marginación a través de una serie de leyes, mencionadas anteriormente, la política de hacer emigrar a los judíos hacia todos los lugares posibles, la idea de crear una especie de reserva en Madagascar o Siberia hasta la aniquilación en el frente militar de Polonia y la Unión Soviética y, finalmente, el exterminio en cámaras de gas, la solución final de «la cuestión judía», como se la ha dado en llamar.
En esta oportunidad, quisiera recordar a los niños víctimas del Holocausto, víctimas en un sentido amplio, porque usualmente, cuando se habla de víctimas, lo asociamos inmediatamente con quienes sufrieron consecuencias más dramáticamente visibles al día de hoy y en el ayer, pero el universo es muchísimo mayor. Quiero recordar también a esos niños ocultos, a esos sobrevivientes que fueron testigos imprescindibles del horror y que tanto nos enseñaron con sus testimonios. Quisiera hoy rendir homenaje a esas niñas y niños judíos que vivieron el terror y la incertidumbre más absoluta. A todos los judíos los perseguían para matarlos, pero la tasa de mortalidad de los niños era especialmente alta. Solo sobrevivió uno de cada diez niños y tres de cada diez adultos de la población de judíos que habitaba en Europa antes de la guerra. Un millón y medio de niñas y niños fueron asesinados en el Holocausto y perseguidos por los nazis. Muchos quedaron huérfanos por la guerra o fueron separados de sus familias; otros murieron de hambre o por alguna enfermedad. Anteriormente, los niños judíos fueron separados de sus compañeros de juego no judíos, fueron identificados con estrellas de David amarillas, discriminados y expulsados de las escuelas estatales.
Hay una cita de un oficial de las SS, no puedo repetir el nombre en su idioma original que, justificando la matanza de mujeres y niños, dice textualmente: «Cuando un niño judío nace, o cuando una mujer viene al campo ya con un niño […] no sé qué hacer con el niño. No puedo dejar al niño libre, porque ya no hay judíos que vivan en libertad. Tampoco puedo dejarlo en el campo porque no hay facilidades allí que permitan al niño desarrollarse normalmente. No sería humanitario enviar a un niño a los hornos sin permitir a la madre estar allí para ser testigo de la muerte del niño. Ese es el motivo por el que envío a la madre y al niño juntos a los hornos de gas».
¡Vaya si estaré de acuerdo con el Senador Heber cuando dice que hace falta recordar esto año a año, porque la humanidad tiende a olvidar! Me dieron una explicación muy similar para hechos del pasado reciente hace menos de diez años. Pero algunos niños escribieron, dejaron su memoria. Quiero hacer mención a uno de ellos en representación de tantos. Me refiero a Petr Ginz, asesinado en las cámaras de gas de Auschwitz en 1944. Hoy, su historia y su obra, escrita a tan temprana edad entre 1941 y 1942 forman parte del programa de divulgación de las Naciones Unidas sobre el Holocausto.
Seguidamente voy a dar lectura a un fragmento de un poema suyo, que dice así:
«Ahora ya todo el mundo sabe quién es judío y quién es ario porque al judío se le reconoce por la estrella amarilla y negra.
Todos los días, a partir de las ocho, debe dedicarse a su familia, solo puede trabajar de peón, y no prestarle a nada atención, no ser dueño ni de un cachorro ni de afeitarse ni hablar.
Y la judía que antes era rica no puede tener ni siquiera un gato, tiene que enseñar a los niños en casa, hacer las compras de tres a cinco.
El judío, por listo que sea, tiene la cuenta del banco bloqueada, ha abandonado las malas costumbres, y con los arios ya no se relaciona.
Ninguno de ellos podía antes disponer más que de mochila, maleta y correa.
Ahora ya no tiene ni ese derecho, pero el judío sigue sin quejarse.
Solo atiende al reglamento y sigue siempre con todo contento».
Creo que es sumamente contundente y resulta evidente cuán necesario es promover la memoria, combatir el odio, el prejuicio y toda forma de discriminación.
Debemos comprender que el negacionismo puede ser enormemente destructivo para la sociedad. Por lo tanto, garantizar que los hechos no se repitan es una obligación ética que tenemos todos. Proteger hoy a los niños de cualquier atrocidad, también lo es.
Para finalizar, quiero expresar mi solidaridad con las víctimas del Holocausto y hacer llegar a la comunidad judía de nuestro país un cálido abrazo en este día tan especial y que tanto necesitamos recordar siempre.
Muchas gracias, señora presidenta.
(Aplausos en la sala y en la barra)
Diputada Macarena Gelman: “garantizar que los hechos no se repitan es una obligación ética”
04/Feb/2016
Versión taquigráfica de la Sesión Especial de la Comisión Permanente del 27 de enero