Diplomáticos que dieron el ejemplo

10/Jun/2015

El País, Especial 70 años del fin del Holocausto, Marcelo Soba

Diplomáticos que dieron el ejemplo

En el momento más decepcionante de la
humanidad, existieron personas que arriesgaron sus vidas y la de sus familias
para salvar a los judíos de la masacre nazi. Fueron nombrados “Justos entre las
Naciones” por la fundación YadVashem. Son más de veinticinco mil en el mundo, y
si bien no hay ningún uruguayo reconocido, hay registros de “salvadores”
orientales.
Los castigos que imponían los nazis a quienes
ayudaban al “enemigo” dependían del país donde fueran descubiertos, y podían
variar entre su encarcelamiento o el asesinato junto a toda su familia.
Estas amenazas no intimidaron al embajador
uruguayo en Holanda, Carlos María Gurméndez, quien arriesgó su vida y la de su
familia para salvar a 20 judíos. Tampoco asustaron a Florencio Rivas, un cónsul
de Hamburgo, que se calcula emitió centenares de documentos para ayudar a los
perseguidos. Y hasta hubo acciones menos masivas, como las del doctor Alejandro
Pou, que trasladó a un profesor junto a su esposa desde Berlín hasta Bélgica.
El Consulado de Hamburgo estaba lleno de
gente. Más de 150 personas se refugiaban en la famosa Noche de los Cristales
Rotos, en 1938, donde el régimen nazi coordinó incendios y saqueos en Alemania
y Austria.
Según el testimonio de Carlos, documentado en
La vida empezó acá, de Teresa Porzecanski, después de que los judíos “estaban
amontonados”, el cónsul Florencio Rivas, a quien también se lo puede conocer
como Florentino, hizo cerrar la puerta para evitar el ingreso de los agentes de
la SS. En ese momento, Rivas se paró en la puerta con un pabellón nacional y
amenazó: “Este es territorio uruguayo. Aquí nadie puede entrar sin mi permiso
ni sin permiso de mi gobierno”. Y no entraron.
En Berlín, el doctor Alejandro Pou se
preocupaba por dos profesores que no interactuaban con nadie en el ámbito
académico. “Después de que los conoció, papá se dio cuenta de que no le
contaban nada a nadie, ni a los hijos. Todo por miedo”, aseguró María Julia
Pou, su hija.
El médico tenía matrícula diplomática gracias
a su condición de agregado cultural por el Gobierno uruguayo. Esa ventaja fue
la que le permitió trasladar de manera clandestina hasta Bélgica a uno de los
profesores con su esposa.
En 1961, la exsenadora Pou acompañó a su padre
a Alemania y se emocionó cuando los cómplices se encontraron. Si bien la esposa
del expresidente Luis Alberto Lacalle se acuerda de anécdotas que se contaban
en la familia, dijo no encontrar una carta que le envió el profesor luego del
reencuentro.
Este caso está en estudio a cargo de la fundación
Raoul Wallenberg —nombre del diplomático sueco que salvó a miles de judíos
húngaros. Hasta el momento no hay uruguayos condecorados.
Danny Rainer, de la fundación Wallenberg,
contó desde Israel que hace unos meses hicieron un llamado público en Uruguay a
través de la Embajada uruguaya y el Semanario Hebreo para solicitar información
sobre más casos.
Rainer adelantó que han tenido varias
respuestas. “La gente aporta datos, pero todavía estamos en una fase prematura
de las investigaciones y, por razones obvias, no podemos divulgar información”,
puntualizó.
En 1940 los Países Bajos eran invadidos por
las tropas nazis. La reina se escapaba a Inglaterra mientras cientos de
paracaidistas conquistaban el suelo holandés.
Diplomáticos
La Embajada uruguaya era una gran mansión pero
parecía pequeña para la cantidad de gente que se “agolpaba en habitaciones y
escaleras”, cuenta 34 años después KurtIbson, radicado en Nueva York, en su
texto Reminiscencias.
El documento firmado por Ibson, que en
realidad era Israel de apellido, relata lo que luego confirmaría a El País una
persona que ha estudiado el caso del embajador Carlos María Gurméndez desde
hace mucho tiempo.
El investigador, que pidió resguardar su
identidad, mostró distintos documentos donde se encuentran, entre otras cosas,
la lista emitida por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania con los
nombres de la delegación y testimonios de los sobrevivientes traducidos desde
la Embajada de Holanda.
Como embajador uruguayo en Holanda, Carlos
María Gurméndez otorgó visas, pasaportes y nombró a gran parte de los
refugiados en la embajada con títulos diplomáticos. De esta manera, hubo
personas que no sabían ni una palabra de español y fueron traductores
oficiales. Otros, sin la venia del Gobierno uruguayo, fueron designados
cónsules y vicecónsules.
Todos quedaron incluidos en el grupo de
personas que abandonarían el país en un tren blindado. El éxodo incluía a todos
los integrantes de las embajadas reconocidas en La Haya.
El tren estaba detenido, el resto de los
cuerpos diplomáticos esperaban refugiados adentro. Afuera, un embajador
uruguayo se paró delante de los oficiales nazis junto a toda su familia para
defender a su delegación con 20 judíos.
Los agentes del régimen dudaron, vacilaron,
sabían que esos veinte títulos diplomáticos eran inventados, pero por fortuna
cedieron. Del otro lado de la frontera, se encontraba mucho más que Suiza: allá
los esperaba la vida.
Carta Ciudadania Uruguay
Festejo
NO TODOS QUERÍAN AYUDAR
Ante el pedido de colaboración del embajador
Gurméndez a sus colegas en los Países Bajos, las respuestas no fueron todas
favorables. La solicitud se valía del derecho de asilo de las convenciones de
Montevideo y La Habana y algunos diplomáticos ayudaron, como los mexicanos y
los venezolanos, pero otros fueron displicentes. El caso más conocido fue el
del embajador argentino, Carlos Brebbia.
Brebbia presentó un informe a su gobierno
donde clasificaba a los judíos residentes en Holanda con “la categoría de los
magnates de la finanza, de la industria y del comercio”. Esta calificación era
la más utilizada por los líderes nazis para manipular a su pueblo.
El diplomático explicó al gobierno de su país
que el derecho de asilo debe ser utilizado si el peligro del asilado es un
peligro de vida. El embajador encontró discutible esa condición en los tiempos
que se vivían. También argumentó, basándose en los principios de las
convenciones, que “no se justifica dar asilo a una persona perseguida por la
autoridad regular”. De esta manera, legitimaba la autoridad de los invasores.
Gurméndez recibió por parte del embajador
argentino la respuesta diplomática de colaboración en la medida de que alguien
la solicitara. Según rumores que manejan los investigadores, una persona se
suicidó en la puerta de la embajada de Argentina tras serle negada la solicitud
de asilo.