Dilma Rousseff y su categórica condena a los negacionistas de la Shoá

28/Mar/2011

CCIU, Martín Kalenberg

Dilma Rousseff y su categórica condena a los negacionistas de la Shoá

En una época en la cual un poderoso mandatario de estado niega la Shoá (Holocausto del pueblo judío) es difícil oponerse a él, a sus seguidores y a sus obsecuentes; a todos aquellos que la amistad con el poder y el dinero los atrae sobremanera. La presidente brasileña Dilma Rousseff, quien asumió hace casi tres meses demostró que no es uno de ellos.

“El Holocausto no es ni será nunca sólo un momento histórico. El Holocausto abrió en el mundo una determinada práctica del trato del opositor político consistente en callarlo, no simplemente silenciarlo, sino reducirlo a la subhumanización, a través de la tortura, del dolor, de una muerte lenta. Que no se confunda el deber de la memoria con la pasividad del simple recuerdo. La memoria expresa la firme determinación de impedir que la intolerancia y la injusticia se banalicen en el camino de la humanidad”, afirmó Rousseff en el acto en recuerdo de las víctimas de la Shoá realizado en Porto Alegre el 27 de enero.

La mandataria brasileña recordó que las víctimas fueron judíos, gitanos, eslavos, porque “eran considerados inferiores”, o los enemigos políticos del régimen nazi como los socialistas, los comunistas, los socialdemócratas o aquellos que tenían una orientación sexual diferente que no era del gusto de los gobernantes de la época. Remarcó que fue de las “más lamentables violencias del hombre contra el hombre en la historia de la humanidad”, y por ello es importante mantener viva la memoria, “un arma humana para evitar la repetición de la barbarie”.

“Es un crimen contra los derechos humanos y contra la humanidad”, enfatizó. Por esa razón rindió un homenaje a todos aquellos “perseguidos, torturados y asesinados a lo largo de la historia”, así como a la resistencia cultural judía que “pavimentó el camino para una patria; derecho que no puede ser negado a ningún pueblo”. Mi gobierno –concluyó- prefiere siempre las múltiples voces de la democracia, discrepantes con los que nosotros pensamos, al silencio de las dictaduras, de los campos de concentración y del Holocausto”.

El presidente del Comité Central Israelita del Uruguay (CCIU), contador Marcos Israel, quien estuvo presente en la ceremonia señaló que Rousseff “es una mujer que estuvo presa y fue torturada durante la dictadura brasileña; tiene una historia debido a la cual los derechos humanos tienen mucho peso para ella. Está en un nivel diferente de registro” de otros mandatarios.

Asimismo, el presidente explicó el significado simbólico del acto que se realizó en Porto Alegre, de donde la presidente es oriunda, y fue su primera comparecencia oficial (como presidente) en esa ciudad. En la oportunidad, el intendente de Porto Alegre anunció que la Shoá será un tema obligatorio de aprendizaje en el sistema escolar de su ciudad.

Ese mismo día –relató el presidente- en Río Grande del Sur se inauguraba una obra importantísima que coincidía con el acto recordatorio; sin embargo Rousseff fue al acto con lo que “le dio una relevancia muy grande”.

Los simbolismos no se acaban allí. La ministra de Derechos Humanos, Maria do Rosário Nunes, “hizo un buen discurso en el cual se refirió a la tortura, a todo lo que se sufrió en la dictadura brasileña y lo asoció con la Shoá”, recordó Israel.

El presidente del CCIU explicó que la “falta de memoria sobre el genocidio armenio de la Primera Guerra Mundial posibilitó claramente la Shoá. Los alemanes sabían clarito lo que había pasado en Turquía; la información que tenía el gobierno alemán era de primera mano”. “La historia –aseguró- enseña que estos olvidos (los de los genocidios) son el caldo de cultivo para que se vuelvan a repetir en otro momento y en otro lugar”.

“Por más la Shoá fue el genocidio más grande y más terrible de todos, no fue el último. Por lo tanto hay mucho que hacer, y el hecho que haya negacionistas implica que hay gente que está dispuesta a hacerlo de nuevo”, concluyó.