Días de duelo, dolor, felicidad y reflexión

02/May/2017

Semanario Hebreo, por: Ana Jerozolimski

Días de duelo, dolor, felicidad y reflexión

Estas páginas están dedicadas hoy al nuevo
aniversario de la independencia de Israel, y como tal, son festivas. Así las
concebimos, así las preparamos desde hace semanas con gran entusiasmo.
Pero incluyen también dolor y duelo.
No sólo porque recién señalamos Iom HaShoa,
recordando a los seis millones de judíos asesinados por los nazis.
No sólo porque dentro de muy pocos días, antes de celebrarse
Iom Haatzmaut, se conmemorará Iom Hazikaron, en memoria de los caídos en la
defensa de Israel y las víctimas del terrorismo.
Lo determinante no es simplemente la
cercanía de fechas, sino el sentido de fondo.
Y por eso, cuando Israel se apresta a
celebrar un nuevo cumpleaños, es imperioso recordar cuán grande fue la tragedia
cuando el pueblo judío no se podía defender. Y cuán duro es el precio para
preservar la soberanía alcanzada.
Reflexión decíamos por todo lo que esto
debe hacernos pensar.
Los sobrevivientes de la Shoá no sólo se
salvaron, quizás en muchos casos por azar, sino que optaron por la vida, no por
la venganza ni el odio. Algunos llegaron
a la tierra de Israel, lucharon por la independencia del Estado judío y
murieron poco después de haberse salvado de la Shoá. Nos legaron la memoria, la
necesidad imperiosa de no permitir que se olvide o desconozca lo ocurrido. Y lo
principal, la obligación de garantizar que Israel sea fuerte y digno de la
lucha por su creación.
Pero Israel no nació por el Holocausto.
Aunque su tierra sea también refugio, ese refugio que los judíos no tuvieron en
aquellos años oscuros de la Shoá en Europa, Israel nació porque el pueblo judío
quiso volver a su tierra ancestral.
Y en ella, debe ser capaz de defenderse
solo.
Y eso tiene sentido, si la vida lograda en
el Estado judío soberano, es digna del esfuerzo de tantos. En términos de
valores y de principios.
Israel ha sido siempre un oasis de
democracia y libertad en una región conflictiva y problemática, ya antes de las
cruentas revueltas y represiones de los últimos años en el mundo árabe. Haber
preservado su democracia en medio de tanta adversidad, es un logro de por sí.
Su brazo más largo ha sido siempre el de la
ayuda humanitaria a necesitados en diferentes partes del mundo, no sólo el de
arrojados operativos lejos de sus fronteras cuando era necesario. A su
fortaleza militar se agregó siempre su sensibilidad.
La fragmentación política cada vez más notoria
es una cara de la moneda. La otra, es la convivencia de grupos tan diversos y
orígenes tan variados, dentro de la locura que es a menudo la sociedad israelí.
Hay por cierto nada sencillos desafíos con
los que lidiar. La creciente brecha entre los que tienen más y los que tienen
menos. La sociedad más capitalista e individualista que antes, acentúa la
problemática. Las tensiones siempre latentes entre el Estado de Derecho y el
rol de la religión, no son fáciles de aplacar.
Del equilibrio que se halle dependerá el rostro de Israel en el futuro.
La mayor asignatura pendiente, es el logro
de la paz. El desafío, saber cómo maniobrar entre la desconfianza generada por
innumerables ataques contra Israel y tantos atentados terroristas, y la
necesidad de volver a intentar. Siempre desde la fortaleza a la que no se puede
renunciar. Pero tampoco sería sano renunciar a la posibilidad de cambiar el
futuro.
En la situación actual, parece inconcebible
tomar grandes riesgos. Si lo que pasó en
Gaza después de la retirada, se repite en el otro frente, en Judea y Samaria
(Cisjordania), los cohetes que cayeron en los kibutzim del sur, caerían sobre
Jerusalem y el aeropuerto internacional Ben Gurion.
¿Acaso alguien se puede permitir un riesgo
así?
Y por otro lado… ¿Acaso alguien puede
permitirse el derecho de poner fin al sueño sionista, en una situación de
continuo control de un territorio con dos millones de palestinos?
Para esos nuevos riesgos, se necesita un
interlocutor que irradie deseo de llegar a una solución. No es esa hoy la
situación. ¿Israel puede, sin embargo, ser rehén de la falta de liderazgo del
lado palestino?
Son dilemas que complican el margen de maniobra
de Israel.
En este número especial de Iom Haatzmaut,
hemos tratado de destacar algunas de las luces de Israel. Son no pocos los problemas y por cierto
muchos los matices. Nosotros optamos por hacer hincapié en lo que mucho logrado
y en tanto de lo bueno que tiene el país. No porque olvidemos los problemas.
Podríamos ocupar páginas enteras dedicándonos a analizar lo que aún debe ser
corregido. Pero abrazamos conscientemente la alternativa, buscar tanto de lo
que debe ser destacado. Creemos que Israel lo merece
En esta ocasión, nos permitimos repetir
algunos párrafos que escribimos hace algunas semanas a raíz de una polémica
votación en la kneset.
No vamos a dejar de defender a Israel, lo
cual no significa que avalemos todos sus pasos ni todas las decisiones de su
gobierno de turno. En absoluto.
No sobre todos sus errores decidimos
escribir. Bastante hay con la ofensiva continua de quienes no distinguen entre
la legítima discrepancia y la demonización. Nosotros nos sentimos en el deber
de buscar y destacar también las luces que muchos optan por ni ver.
Hoy no podemos dejar de criticar.
Equivaldría a declararnos ciegos.
Pero no dejaremos de defender a Israel,
como causa, como país, como pueblo.
Porque siempre que creyó en la buena fe de
sus otrora enemigos convertidos en interlocutores, supo correr lo que el Primer
Ministro Itzjak Rabin, de bendita memoria, llamaba “riesgos calculados en aras
de la paz”.
No dejaremos de defender a Israel porque
junto a las sombras que tantos se preocupan tanto de destacar, hay luces que no
todos quieren encontrar y que nosotros conocemos de cerca. Como las Fuerzas de
Defensa de Israel, un ejército inclusivo del Estado judío, en el que también
hallan su lugar soldados de otra fe.
No dejaremos de defender a Israel porque lo
hemos visto luchar contra el terrorismo y llorar a sus víctimas. Porque sabemos
que destina recursos y esfuerzos a proteger a su población. Porque atiende en
sus hospitales también a sus enemigos.
Porque junto a los extremistas e
intolerantes que hay también en Israel, como en todo país del mundo, hay gente
solidaria, hay un pueblo al que se le impuso la guerra cuando recién nacía, un
pueblo que siguió librándola sin dejar de lado su democracia. Cometiendo
errores, claro que sí. A veces también injusticias. Todas ellas, creemos, se
habrían evitado si se le hubiera aceptado desde un principio, en paz.
Seguiremos defendiendo a Israel porque
pelea fuerte y se prepara para la necesidad de lidiar con la guerra que supone
está a la vuelta de la esquina, pero sin educar al odio, sin envenenar el alma
de sus hijos.
Seguiremos criticando lo que amerita ser
condenado cuando consideremos que su gobierno se equivoca. Sin embargo, sin
demonizarlo. Sobre el gobierno de Israel se dicen cosas que difícilmente se oye
sobre otros de los tantos gobiernos del mundo, también democráticos, que
cometen serios errores. Nosotros tratamos de no incurrir en ello.
Y seguiremos defendiendo a Israel en su
lucha aún no acabada por paz y seguridad. Porque el hecho que se haya convertido
en el ejército más fuerte de la región, no es señal de arrogancia sino reflejo
de los peligros con los que ha tenido que lidiar.
Y como los peligros no han
desaparecido…seguiremos defendiendo a Israel.
Y deseándole paz.
Que cumpla su nuevo aniversario, en calma y
con felicidad.