Día Internacional de la Mujer: Mujeres judías en la Edad Media Europea

09/Mar/2015

MARZO Por la Esc. Esther Mostovich de Cukierman, para CCIU

Día Internacional de la Mujer: Mujeres judías en la Edad Media Europea

Los rabíes del Talmud resolvieron que la mujer debe estudiar los mandamientos
bíblicos que necesita cumplir, nada más. La madre o las mujeres de la casa le
enseñan las tareas domésticas, es deber
del padre instruirla en lo demás, por sí
mismo o contratando maestras. Hasta los primeros colegios femeninos de Ley
Hebrea de mediados del siglo XV, las mujeres judías, al igual que las mujeres
de toda la sociedad antigua y medieval, aprenden dentro del hogar. Salvo las
hijas o esposas de rabinos, las mujeres judías ni siquiera saben leer y escribir el idioma hebreo.
Sabemos
de una mujer judía de la ciudad de Worms, porque ella era la excepción :
en el siglo XIII , sabía leer hebreo y conocía los rezos . En la matzeivá (
lápida de la tumba) de Urania de Worms,
grabaron en hebreo estas palabras :
“ Con suaves tonos, ella cantaba en la sección femenina, los rezos en
hebreo del servicio de la sinagoga” .
En el siglo XVI , el gran
desarrollo de la imprenta impulsó a los judíos de Europa Central al estudio de las temáticas
hebreas traducidas al idioma Idish, que
fue lengua de la familia, la calle , el comercio, la prensa, la lucha obrera,
la vida diaria y la literatura
judía europea hasta la Segunda Guerra Mundial . Por ahora digamos
que el idioma Idish surgió hace mil años, escribiendo en letras hebreas el alemán medieval, mezclado con muchas
palabras hebreas. Paulatinamente al Idish,
se fueron agregando palabras eslavas y de otros países en que los judíos
se radicaron. La mayoría de las mujeres judías no sabían leer el original hebreo y arameo de la
Ley hebrea, pero pudieron acceder a las versiones que se prepararon en idioma Idish.
Hacia mitad del siglo XVI
,al Idish se empezaron a traducir las romanzas y novelas de caballería
europeas. Los rabinos mostraron gran preocupación por esa lectura que traía
valores ajenos al judaísmo. Pero contra la expansión de la cultura no se puede
luchar, sólo se puede intentar generar otras ofertas más atractivas. Así
nacieron obras basadas en las historias bíblicas y las interpretaciones
rabínicas. Escritas en Idish por hombres, “para lectura de mujeres y personas
con escaso conocimiento del idioma Hebreo”. En general esta literatura surgió
en Polonia, que en ese entonces se estaba convirtiendo en el faro más importante de la cultura judía
de Europa Oriental.
Las mujeres no están
obligadas a asistir a la Sinagoga, pero
pueden realizar la plegaria, “ el servicio del corazón” , en su casa,
aún cuando no conozcan el texto de las oraciones. El “best seller “ de las mujeres judías
europeas desde fines del siglo XVI fue el “Tsena urena”, que a partir de las primeras publicaciones en el
año 1590 ha sido posiblemente el libro en Idish que
tuvo más ediciones. Con ese libro las mujeres podían seguir en su casa , la
lectura de las porciones de Torá
(Pentateuco) que los hombres estaban
realizando en Hebreo en la Sinagoga. El
Tsena Urena contiene partes del
Pentateuco, entretejido con comentarios y leyendas del Talmud, las partes de Profetas que se leen
semanalmente en la sinagoga, partes de
los cinco Rollos de la Biblia ( Ester, Ruth, Cantares, Lamentaciones,
Eclesiastés ) y citas del Pirké Abot, los dichos éticos del Talmud  . Fue
compilado por Jacob ben Isaac Ashkenazi de la ciudad de Yanov. Había varias ciudades llamadas Yanov
en ese entonces, nadie sabe de cuál de ellas era oriundo el escritor.
“Tsena Urena” es el imperativo en femenino “Salgan y
Vean”, de Cantar de los Cantares .
(Salgan y vean , hijas de Sión, al Rey Salomón
con la diadema con que lo coronó su madre ), lo que se entiende la alusión
de salir a ver  la sabiduría de Salomón
.
Con la publicación del
Tsena Urena, las mujeres judías tuvieron por primera vez, en su idioma Idish
cotidiano, buena parte de la Biblia y alguna apertura al Talmud . Hasta la primera guerra mundial del siglo XX,
ese libro era el tesoro más preciado de cualquier mujer judía en Europa Oriental.
Sigue reimprimiéndose para uso de algunas comunidades judías ortodoxas. Mi
abuela Jaia Esther Mostovich , que quedó
viviendo en Moscú después que por
decisión del partido comunista , cerraron las Sinagogas y las Iglesias, como
casi todas las mujeres judías observantes de su entorno , leía todos los días,
en su casa, en lugar del servicio de
oraciones en hebreo que no sabía seguir,
el Tsena Urena, en Idish .
Después del éxito de su
Tsena Urena , Jacob ben Isaac Ashkenazi de Yanov publicó en idioma Idish el “ Sefer ha
maguid“ (el libro que cuenta, o el libro
del predicador), compilación de las
partes del Antiguo Testamento de la
Biblia que no figuraban en su primer libro. Tsena Urena y Sefer ha maguid abrieron un camino a las mujeres judías de
Europa Central, dándoles la posibilidad
de asomarse, desde su casa, a un estudio
que hasta ese momento, les había sido negado.
Otra rama de literatura
Idish que se llevó a imprenta y comenzó
a divulgarse entre las mujeres judías del siglo XVII fueron los cuentos
folklóricos. Paralelo a los cuentos sobre Santos que se conocían entre el
público católico, circulaban en Europa , leyendas de los rabíes del Talmud y
rabinos medievales. En 1602 se compilan y editan estas leyendas en Idish, en
Basilea , en el “Mayse Buj “( libro de cuentos) por Yankev Polak (Jacob de Polonia ) o Jacob ben Abraham de
Mezeritch . Para nosotros, lectores del
siglo XXI, es lectura muy poco ágil , con vueltas y más vueltas de la
trama , pero en su momento, el libro pasó a ser pieza fundamental para toda
mujer judía que quisiera adquirir cultura.
Las mujeres siguieron
pidiendo cada vez, más material para leer y las publicaciones aumentaron. En el
siglo XVII aparecieron publicaciones de los primeros poemas escritos por mujeres, llamadas
“Tehinot” o “Tjines” (podría traducirse como Súplicas) , algunos en Hebreo,
otros en Idish, en lenguaje simple, que revela mucha más
espiritualidad que conocimientos de Ley. Son plegarias personales
femeninas, por ejemplo para que el Señor
ayude a que se cocine bien el pan que la
mujer acaba de poner en el horno, o
para que proteja y aliente a su
familia .
El primer libro que aparece escrito por la
pluma de una mujer judía, son las “Memorias” de Gluckel de Hamelin , que vivió en las ciudades de
Hamburgo , Hamelin , Altona y Amsterdam entre fines del siglo XVII y comienzos
del siglo XVIII. Quedó viuda de su
primer marido a los 46 años, y para
combatir las noches de insomnio y soledad comenzó a escribir sus memorias,
dirigidas a sus hijos. Allí ha
quedado escrita la versión femenina de
la historia de su época. ¡Cuántos episodios tremendos se pueden leer en esa
obra ! Algún día presentaremos una nota sobre ese tema. Aquí nos interesa destacar qué es lo que
cuenta ella de la educación de las mujeres judías de familias pudientes de ese
entonces . Gluckel estudió matemáticas e idiomas en su casa, con
maestros particulares que enseñaban a todos los hijos de la familia; aprendió
el manejo del comercio con su marido y
después que quedó viuda se ocupó de proseguir los negocios con gran
habilidad. Asistía al servicio de la sinagoga y sabía leer hebreo, conocía y
cita a menudo las reglas morales hebreas del Eclesiastés y del Pirke Abot, (
normas éticas del Talmud). El idioma en el que se dirigió a sus hijos en su
obra, es el Idish medieval , escrito en
letras hebreas. La obra Gluckel de
Hamelin se sigue llevando al escenario en
versión teatral, especialmente en los teatros que aún dan obras en
idioma Idish.
Un relato
del siglo XVIII. Del rabí jasídico
Elimelej de Lizensk, se cuenta que poco antes de morir, ya no quería
tomar bocado, por más que le insistieran con
los manjares más sabrosos. Su hijo le preguntó:
Papá,¿tal vez comerías algo que te gustaba comer en tu juventud ?
-La sopa de la posada
roja junto al río Dnieper, contestó el anciano sin vacilar. Esa sopa que mi
hermano Zusia y yo tomábamos cuando recorríamos el país…ah , qué sopa esa …
tenía sabor de Paraíso.
Pocas horas después, el
anciano rabí falleció. Un mes más tarde, sus alumnos decidieron ir a buscar
la posada roja junto al río Dnieper.
Cuando el grupo llegó allí, encontraron la vieja posada, con las paredes
aún pintadas de rojo. Entraron y pidieron de comer.
-Sólo puedo darles sopa
de cebada, dijo la posadera.
-Pues eso es lo que
queremos, contestaron los comensales.
Rato después, todos
estaban tomando la sopa y coincidieron en que era la mejor sopa que habían
probado en la vida. Llamaron a la posadera y le ofrecieron:
-Te compramos la receta
de tu sopa.¿ Diez rublos está bien?
-¿ Qué receta voy a
darles? La sopa sólo tiene cebada con agua del río.
-¿ Veinte rublos,
entonces? Tú pones el precio. Nuestro maestro, Rabí Elimelej de Lizensk, pidió
por tu sopa antes de morir. Queremos saber exactamente qué le pones a tu olla.
-Señores, les doy mi
palabra de que únicamente pongo en la olla un puñado de cebada y agua del río .
¡ Soy muy pobre y no puedo ponerle nada más!
Sólo que mientras hago la sopa,
rezo.
-¿ Sabes rezar?
Preguntaron los rabíes extrañados. ¿Puedes leer los rezos?¿Dónde aprendiste?
-¡ Soy una simple
campesina, nunca aprendí los rezos, tampoco sé leer!, dijo la posadera.
Simplemente rezo para mí. Le pido al Eterno:
Señor , yo soy tan pobre que no tengo hierbas para ponerle a mi sopa. Pero
¡Tu, tienes contigo todas las hierbas del paraíso! Te pido que pongas un
poquito , sólo un poquito de Tus hierbas en mi olla. Y tal vez el Señor me escucha porque mi sopa,¡ siempre
queda tan rica!
Esther Mostovich de
Cukierman